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El día más oscuro de nuestras vidas

Los moañeses suben al techo de O Morrazo para ver cómo la luna oscurece la tierra

El Monte Faro, en Domaio; el mirador de A Fraga o el atrio de San Martiño, entre los lugares elegidos por familias enteras

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Moaña

El eclipse reunió a familias y amigos en distintos puntos de Moaña, con dos patrullas de la Policía Local y efectivos de Protección Civil velando porque el fenómeno astronómico se disfrutase sin incidentes. Como era de esperar una de las mayores aglomeraciones de personas se registró en las antenas de Monte Faro, el punto más alto de todo O Morrazo, que alcanza una altura de 636,20 metros. Desde las 18.00 horas la zona estaba ya lleno de coches. Fue necesaria la intervención de las fuerzas del orden para invitar a unos jóvenes a bajar de las casetas de las propias antenas, aunque la tarde se pudo disfrutar sin grandes incidentes y en un ambiente de hermandad. Otro punto que reunió a gente fue en el entorno de la playa de O Cocho, cuyo mirador tenía una orientación ideal a una hora en la que el sol estaba ya muy bajo.

En el mirador de A Fraga, pese a su dudosa orientación, se pudo disfrutar a la perfección de un espectáculo único. Decenas de moañeses, incluyendo a familias enteras, se pasaron por este balcón sobre la ría de Vigo. Entre las estampas salió a relucir la inventiva de las familias que convirtieron las gafas homologadas en máscaras usando elementos como platos de papel y una goma. No faltaron los visitantes, como una familia de ciudadanos franceses que acudieron equipados incluso con revistas que explicaban el alineamiento entre la luna, el sol y la tierra.

Secuencia del eclipse captada desde O Morrazo por el astrógrafo José Couso

Secuencia del eclipse captada desde O Morrazo por el astrógrafo José Couso / Cedida

Timelapse del eclipse total de Sol grabado desde Cangas de Morrazo

Cedido: José Couso

Gran afluencia en el Monte Faro, con más de 630 metros de altura.

Gran afluencia en el Monte Faro, con más de 630 metros de altura. / | FdV

Los que apostaron por vivir el momento rodeados de patrimonio acudieron al atrio de la iglesia románica de San Martiño, en donde su altura permitió disfrutar del «espectáculo».

En el momento en el que, a las 20.30 horas, se oscureció el paisaje, se hizo el silencio. Todos tenían sus gafas puestas y el asombro por estar viviendo un momento histórico fue la tónica. Cuando, poco a poco, la luz volvía a ganar la partida, volvió el ambiente más festivo con conversaciones entre los que se citaron para vivir el momento en compañía.

Una familia disfuta del espectáculo en el atrio de San Martiño.

Una familia disfruta del fenómeno natural en el atrio de San Martiño. / | FdV

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