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Memoria marinera

«O que faltaba», un bateeiro con una segunda vida

Construido en 1987 para trabajar en el cultivo del mejillón, el barco «O que faltaba» de la familia Dacosta pasó tres décadas entre bateas antes de convertirse en la embarcación turística que es actualmente

Imagen de “O que faltaba” durante una de sus rutas marítimas.

Altura Films

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Cangas

Durante 30 años, el barco «O que faltaba» estuvo ligado al cultivo del mejillón. Construido en 1987 en una carpintería de ribeira de Domaio, fue encargado por la familia Dacosta para trabajar con las dos bateas que tenían en aquel entonces.

A bordo creció Fito Dacosta Piñeiro, quien decidió darle un cambio en 2017. En ese momento, su familia vendió las bateas y cesó su actividad. Por ello, el barco quedó en desuso y se pasó alrededor de un año a la venta, sin encontrar comprador, por lo que Fito decidió buscarle una alternativa al desguace. La idea era darle una segunda vida, pero también conservar una parte de su legado familiar.

La transformación conllevó seis meses de trabajo. Reformaron desde la estructura metálica hasta las barandillas y espacios para el equipaje. Desde entonces, las mejoras han continuado año tras año: sofás, colchonetas, material de esnórquel y nuevos equipos de navegación.

Grupo de navegantes, con Fito en el centro de la imagen.

Grupo de navegantes, con Fito en el centro de la imagen. / Cedida

La actividad turística comenzó en 2018 y, tras los primeros años de crecimiento, se ha estabilizado en torno a las 100, o incluso 110 excursiones en la temporada estival. Este barco realiza las diferentes rutas requeridas de abril a septiembre, y los meses restantes se encuentra en seco para realizar el mantenimiento.

La propuesta gira en torno a la ría de Aldán. Hay rutas de 2 horas dedicadas al cultivo del mejillón, con navegación entre bateas, explicaciones sobre su funcionamiento y degustación del molusco. También realizan salidas al atardecer para avistar la lluvia de perseidas; e, incluso, permiten los alquileres privados de cuatro u ocho horas. El plan depende de las preferencias y necesidades de cada grupo: desde pasar el día a bordo para bañarse, navegar hasta las Islas Cíes y Ons, o simplemente disfrutar del entorno.

Por su cubierta han pasado familias, grupos de amigos y empresas. Pero, también se incluyen otras propuestas menos habituales: clases de yoga y pilates, catas de vino con música en directo o un baño de sonido con cuencos de cuarzo y tambor chamánico.

Una clase de yoga y meditación a borde del barco.

Una clase de yoga y meditación a borde del barco. / Cedida

Fito adapta el barco a las necesidades de cada grupo y señala que prácticamente cualquier propuesta puede hacerse a bordo si las condiciones lo permiten.

La mayoría de sus clientes son españoles, y alrededor de la mitad de quienes alquilan el barco son gallegos. De todas formas, también recibe visitantes de países extranjeros como Holanda, Estados Unidos, Francia o Italia.

Pero el paseo no termina en la navegación. Durante las excursiones, Fito explica el cultivo del mejillón, las artes de pesca, la flora y la fauna o cultura marinera de la zona. El barco sirve así para mostrar una ría que conoce desde pequeño y cuya historia forma parte también de la suya. Después de casi cuatro décadas, la embarcación sigue navegando por las mismas aguas para las que fue construida, aunque con una función distinta.

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