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Dependencia

Un moañés sufre un ictus que le dejó postrado y la ayuda a domicilio no llega hasta dentro de un año

Su exmujer, que le cuida con sus dos hijas, clama para que el Concello les otorgue la atención domiciliaria

María Sonia con su exmarido Ángel Solla al que cuida tras quedar discapacitado por un ictus.

María Sonia con su exmarido Ángel Solla al que cuida tras quedar discapacitado por un ictus. / FdV

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La voz de auxilio la da María Sonia Nogueira, la exmujer de Ángel Solla, que atiende en la medida de sus posibillidades al que fue su marido y es el padre de sus dos hijas. En septiembre, este vecino de 57 años, que anduvo treinta años trabajando en las bateas, sufrió dos ictus que le dejaron postrado, totalmente discapacitado, tal y como señala María Sonia. Viven a pocos metros de distancia uno del otro en la calle Ramón Cabanillas y asegura que tanto ella como sus hijas acuden a diario a cuidarlo, pero necesitan una ayuda por parte de las administraciones públicas que no llega; la única respuesta que han obtenido es que hasta dentro de un año no hay nada.

La moañesa confirma que acudió al Concello para hablar con la asistenta social con el fin de que incluyeran a su exmarido en el programa de ayuda a domicilio, pero lo que le dijeron es que tenía que esperar un año. También en la Xunta le respondieron que la valoración de la discapacidad tardaría un año.

No saben qué hacer porque la pensión que tiene Ángel Solla, que debe afrontar el pago del alquiler de la vivienda, no da para contratar a una persona empleada, que le cobra 15 euros la hora. María Sonia asegura que una de sus hijas trabaja en la hostelería en Cangas y cuando libra, dos días a la semana, acude a dormir a la casa de su padre para cuidarle. Su otra hija, que tiene una niña de 4 años, deja a la pequeña en el colegio y va a la casa de su padre también para ayudarle por las mañanas, le saca en silla de ruedas, van a comprar el pan y lo deja sentado en el sillón hasta que llega su madre y le da el relevo.

Esta mujer señala que le atiende todo lo que puede pese a que están divorciados desde hace unos 14 años, pero reconoce que no puede con el peso de levantarlo del sofá para ponerlo en la silla de ruedas o para tumbarle en la cama y que por las tardes prácticamente no sale porque sufre de muchos dolores en un brazo y una pierna. Ella, que trabajaba de cocinera, también ha pasado por un ingreso hospitalario.

Además de las graves secuelas de los dos ictus que sufrió su exmarido, que le mantuvieron ingresado en varios hospitales de Vigo durante tres meses, hasta que le dieron el alta en enero pasado, dice que también es diabético y hay que pincharle la insulina. Acude dos días a rehabilitación cuando, esta mujer manifiesta que deberían de ser tres, aunque lo principal ahora para ella y para sus hijas es poder contar con esa ayuda a domicilio con la que puedan tener un respiro y que él también reciba todos los cuidados por parte de una persona profesional.

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