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Mostra Internacional de Teatro de Cangas | Lucía Miranda Directora de «Caperucita en Manhattan»

«El libro de 'Caperucita en Manhattan' representa a varias generaciones de mujeres en su reclamación de libertad»

La adaptación teatral del libro de Carmen Martín Gaite, cuya madre era gallega, se hoy estrena en Galicia

La directora teatral Lucía Miranda con la novela «Caperucita en Manhattan» de Carmen Martín Gaite, que hoy representará Teatro de la Abadía en Cangas.

La directora teatral Lucía Miranda con la novela «Caperucita en Manhattan» de Carmen Martín Gaite, que hoy representará Teatro de la Abadía en Cangas. / Dominik Valvo

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Cangas

La Fundación Teatro de la Abadía (Madrid) llega este sábado por primera vez a la Mostra de Teatro de Cangas y lo hace con una adaptación de «Caperucita en Manhattan», una novela de Carmen Martín Gaite. Una función que comenzará a las 22.00 horas en el Auditorio Xosé Manuel Pazos y con cinco intérpretes sobre el escenario, que darán vida a más de una veintena de personajes. La adaptación teatral y la dirección corresponde a Lucía Miranda (Valladolid, 1982), que habla con FARO antes de la primera representación de esta obra en Galicia.

- ¿Cómo afrontan su estreno en una cita con tanta historia?

-Nos sentimos muy contentas de poder estar en la Mostra de Cangas y en Galicia porque no habíamos estado todavía. Para Carmen Martín Gaite Galicia era muy importante: es la tierra de su madre y hay varios guiños durante la función. Igual que estuvimos en Salamanca o Nueva York, es hermoso poder viajar a tierras gallegas y que algo de la madre de Carmen Martín Gaite pueda estar también de alguna manera en el patio de butacas.

-La adaptación está relacionada con el reciente centenario de Carmen Martín Gaite (1925-2000). ¿Por qué eligieron esta obra, un texto que es algo parecido a un luminoso duelo, si es que eso es posible, por la muerte de la hija de la propia autora?

-Elegí este texto porque está profundamente vinculado a mi biografía. Lo leí cuando tenía 13 o 14 años. Ha sido un libro base de mi juventud y luego hubo una serie de elementos que me han acompañado. Yo estudié en Vassar College, que es la universidad donde Carmen Martín Gaite estuvo residiendo justo después de la muerte de su hija, en un pueblo llamado Poughkeepsie. Y es donde empezó a escribir «Caperucita en Manhattan». Y yo daba clase allí. Luego también estuve varios años en Nueva York, donde sus cuadernos fueron claves. Creo que es un libro muy generacional: a muchas mujeres de varias generaciones nos ha marcado mucho. Y ahora hay otra generación que también lo está recibiendo, algo que veo a través de mi hija de 6 años. Es un libro acompañó a muchas mujeres españolas en ese reclamación de libertad. Es una elección profundamente personal porque es un libro que me ayudó en mi propio camino a la libertad. Pero también creo que representa a varias generaciones de mujeres en España.

Las cuatro actrices [Mar Calvo, Esperanza Elipe, Miriam Montilla y Carmen Navarro] y el contrabajista Marcel Mihok en una de las escenas de «Caperucita en Manhattan», de Teatro de la Abadía.

Las cuatro actrices [Mar Calvo, Esperanza Elipe, Miriam Montilla y Carmen Navarro] y el contrabajista Marcel Mihok en una de las escenas de «Caperucita en Manhattan», de Teatro de la Abadía. / Dominik Valvo

-¿Cómo ha sido el proceso de adaptar una novela al género teatral?

-La adaptación ha sido compleja porque es una novela muy querida, muy conocida. Primero está como el fantasma de lo que se espera del libro. Hay gente que en este camino ha visto sus expectativas superadas o mejoradas. Y otras personas que dicen «yo no he visto el Nueva York que imaginé». Esto es así porque cada uno cuando lee una novela la imagina en su cabeza. En mi caso he trabajado con mi propio recuerdo. Como viví allí hay mucho del Nueva York de Martínez Gaite, pero también hay mucho del Nueva York que yo viví. La adaptación está hecha con muchísimo respeto. He respetado mucho la palabra gaitiana. Está llena de sus diálogos y de guiños a otras de sus obras. He intentado impregnarla del juego teatral y de la locura que creo que a Carmen le gustaría. Ella no era una persona normativa, canónica o seria. He intentado que la adaptación tampoco lo fuese.

-Este libro se publicó en 1990, pero a pesar de los más de 35 años que han pasado desde entonces esta historia mantiene casi intacta su vigencia. La búsqueda de la libertad, de ser uno mismo y el camino hacia los sueños propios sorteando los peligros y barreras sociales del momento es algo común a casi todas las generaciones. ¿Han actualizado o introducido cambios en el texto?

-Muy poco. La adaptación está contextualizada en un tiempo atemporal. Estéticamente recuerda a los años 80 y a Estados Unidos en esa misma década. Y a todas esas películas con las que hemos crecido en mi generación. A nivel de lenguaje la obra de Carmen es muy contemporánea. Hemos revisado algunas cosas que tienen más que ver con lo social o el feminismo, en cómo son nombradas ahora. También hay un par de guiños a la cultura popular actual. La pieza se mantiene como algo atemporal. No es un retrato de un tiempo concreto y eso ayuda.

-¿Cómo se articula la puesta en escena de “Caperucita en Manhattan”, con cinco intérpretes dando vida a más de 20 personajes?

-Es profundamente dinámica. Tenemos un contrabajista maravilloso [Marcel Mihok], que también hace de Mr. Gould, y luego hay cuatro actrices que hacen veintitantos personajes [Mar Calvo, Esperanza Elipe, Miriam Montilla y Carmen Navarro]. Es maravilloso ver actrices mayores haciendo tantos personajes, pasándoselo tan bien, haciendo de hombres y de mujeres y todo de una manera muy gamberra. La puesta en escena además de dinámica es muy divertida y emotiva. Y hemos intentado que también sea muy mágica, como la magia del teatro y con cosas inesperadas. Tiene que ver con el mundo de la fantasía y con la propia ciudad de Nueva York. Es un lugar donde sales por la mañana en el metro y cualquier cosa puede pasar. Y en esta función también.

El texto de "Caperucita en Manhattan" es una adaptación de la novela de Carmen Martín Gaite, a cargo de la compañía Teatro de la Abadía.

El texto de "Caperucita en Manhattan" es una adaptación de la novela de Carmen Martín Gaite, a cargo de la compañía Teatro de la Abadía. / Dominik Valvo

-Con una historia que se desarrolla en Nueva York y con una «abuelita» que en lugar de vivir sola en el bosque en realidad fue una antigua cantante de «music hall» y con un músico sobre el escenario entiendo que la música juega un papel fundamental. ¿Estamos ante un teatro musical?

-Tiene mucho de teatro musical, aunque no lo englobemos ahí. Hubo un trabajo fundamental con Nacho Bilbao, que es el compositor. Hay muchísimas escenas con música de fondo o en directo y muchas canciones cantadas por las actrices. Luego hay un trabajo sobre la tradición heredada de Carmen Martín Gaite. A ella le encantaba el teatro y la música e hizo recitales con Amancio Prada, donde ella cantaba y recitaba poesía. Así que trabajamos con las cantigas gallegas, con la jota y con el folclore castellano de Salamanca, con el spoken word neoyorquino y con esa manera de decir que tiene que ver con la rima, con el ritmo. Intentamos hacer una mezcla entre la Carmen que creció en Salamanca, hija de una gallega, y la Carmen que se desarrolló como escritora en Nueva York. Creo que el momento más mágico es cuando se juntan las panaderas castellanas con el spoken word y la actriz que hace de Sarah Allen [Mar Calvo] va haciendo ese recorrido por un Nueva York muy híbrido.

-¿Cuál será el papel del público: permanecerán como sentados como espectadores o se les interpelará a formar parte de la representación?

El público está interpelado en todo momento porque no hay cuarta pared. La actriz que hace de Sarah Allen en los momentos en los que narra está contando la función. O sea, como sabe que está hablando a un público, no se niega a que no haya un público. Toda la función es que «te estoy contando este cuento a ti y tú me estás escuchando». Y luego hay un momento participativo precioso porque hay un rodaje en un dinner de Nueva York y todo el público participa. No se saca nadie al escenario en ningún momento ni nada parecido, pero hay algo muy hermoso al construir entre todos la escena.

Un momento de una representación de "Caperucita en Manhattan", de Teatro de la Abadía.

Un momento de una representación de "Caperucita en Manhattan", de Teatro de la Abadía. / Dominik Valvo

-La libertad es el eje de esta obra. El filósofo esloveno Slavoj Žižek decía hace unos días en una entrevista que «la falta de libertad más terrible es aquella que uno percibe como libertad». En un momento en el que la idea de libertad está en todos los discursos políticos, incluso en aquellos que realmente van en contra de los valores democráticos, ¿qué sería realmente la libertad?

-Es una palabra presente en todos los discursos políticos y está muy mal tratada. «Caperucita en Manhattan», que es un cuento para adultos y un cuento de transición, es una obra muy profunda porque habla del uso de la libertad individual. De cómo el uso de la libertad de cada uno interfiere en la de los demás, de cómo ponemos límites a la libertad de los otros, de la valentía para ejercer tu propia libertad. En el sentido de ser uno mismo, de ser como necesitas ser, alejado de las presiones sociales y eso enlaza profundamente con la situación política actual. Hay una escena preciosa en la que la Estatua de la Libertad cobra vida y habla de lo que es la libertad. Tiene un discurso muy filosófico, pero también muy íntimo y muy político. Es algo que en los últimos años, con la derecha española o con Donald Trump, se ha transgredido mucho la palabra libertad. Esta obra te hace plantearte qué es la libertad para ti, hasta dónde estás dispuesto, qué estás dispuesto a hacer para alcanzarla o para ser como uno cree que debes ser. No da grandes respuestas, sino que plantea muchas preguntas para que tú hagas tu propia reflexión. Creo que es más interesante plantear preguntas, cada uno con su propia mochila, su contexto y su vida.

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