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El Corpus de Bueu se solidariza con la ELA y visibiliza la enfermedad con una alfombra

En el tapiz, que se elabora en la Asociación Cunchas e Flores, trabaja la vecina de Beluso, María Moldes Menduiña, de 50 años, diagnosticada con una variante de esta enfermedad: «Hay que tirar para adelante, es como quien nace mayor y se vuelve pequeño»

María Moldes, segunda por la izquierda, con el grupo de compañeras y compañeros que realizan la alfombra floral de Cunchas e Flores en Bueu.

Gonzalo Núñez

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Bueu

Un día de hace algo más de cuatro años, María Moldes Menduiña empezó a notar que no podía mover los dedos de los pies y que padecía mucho cansancio, pero lo achacó al estrés por el trabajo y a las consecuencias del covid. Sin embargo, otro día cuando acudía a su trabajo en Pontevedra desde su domicilio en la parroquia de Beluso, en Bueu, se le nubló la vista y empezó a tener problemas para conducir, hasta el punto de que en lugar de circular por la autovía a Marín, fue por carreteras alternativas por el miedo a tener una salida de vía y provocar un accidente.

Y así hasta que llegó el día, en 2021, en el que perdió las fuerzas en su casa y ya no era capaz de mantenerse en pie. Ahí empezó un largo calvario para esta mujer, que hoy tiene 50 años, hasta que en 2023 le diagnosticaron que todos los males que padecía y por los que tanto lloraba porque nadie le confirmaba la causa, se debían a la variante Mills de la Esclerosis Laterial Amiotrófica (ELA).

Estos días, María Moldes trabaja en los preparativos para la alfombra floral que la asociación cultural y vecinal Cunchas e Flores de Bueu extenderá en la fiesta del Corpus de este domingo en la villa, en solidaridad con la Asociación Galega de Esclerose Lateral Amiotrófica (Agaela), a la que ella pertenece, en un «fermoso» gesto de apoyo a este colectivo para dar visibilidad a la enfermedad y a la necesidad de que se siga investigando su cura.

La alfombra será la imagen de la camiseta solidaria de Agaela con el personaje de la valiente y luchadora Dora, del dibujante y autor de O Bichero, Luis Davila, que dedicó a esta asociación con la frase «sachando pola ELA». Desde Agaela trasladan su más sincero agradecimiento a Cunchas e Flores: «A súa implicación neste proxecto simboliza a forza, a capacidade de superación e o compromiso das persoas que conviven coa enfermidade, así como a importancia de construir unha sociedade máis inclusiva e solidaria». Destacan el valor de estas iniciativas que permiten acercar la realidad de la ELA a la ciudadanía y convertir una expresión artística y tradicional tan arraigada como son las alfombras florales «nunha poderosa ferramenta de concienciación social».

La vecina de Beluso María Moldes, con su prima Tere Carballo, en el bajo confeccionando la alfombra.

La vecina de Beluso María Moldes, con su prima Tere Carballo, en el bajo confeccionando la alfombra. / Fdv

La realidad de la ELA tiene en esta vecina de Beluso un duro capítulo, de mucho sufrimiento pero también de superación. María Moldes recuerda lo mal que lo pasó y lo maltratada que se sintió en el hospital en Pontevedra durante los años que acudía con síntomas de que algo ocurría en su salud y que los especialistas que la veían atribuían a un problema de somatización, enviándola al psiquiatra. «Yo sólo quería recuperar mi vida de antes», dice esta mujer, casada y madre de un hijo que cumplirá 25 años, que siempre fue muy decidida, se comía el mundo, y por sus palabras y sus gestos lo sigue demostrando.

Tuvo que cambiar de especialista en varias ocasiones, incluso acudir a consultas privadas, porque le llegaron a decir que no movía los dedos porque no quería y tenía ansiedad. Fue ella misma a un psiquiatra de pago, hasta que después de dos años y de malas caras en la consulta pública cuando iba con sus informes privados, por fin la derivaron al Clínico de Santiago y en 2023 llegó la confirmación de su variante Mills de ELA.

Allí empezó con el tratamiento que después continuó ya en Pontevedra, donde recibió las disculpas de quienes la habían visto antes, y está siguiendo, con satisfacción, el protocolo para las personas con ELA con controles cada cuatro meses que implica pasar por rehabilitación, endocrinología, otorrinolaringología o neurología porque la enfermedad, aunque el tratamiento de Riluzol retrasa su progresión, afecta al aparato locotomor, deglución o al habla: «Nuestro problema es como el que nace mayor y se vuelve pequeño. Pongo todo de mi parte, pero casi no consigo nada», señala María, que acaba de ser infiltrada de cadera y tiene que caminar con bastón y un acople en el tobillo. Pero asegura que «hay que tirar para adelante» y hacer todo lo posible por visibilizar la enfermedad. En este camino está dando, como ella dice, «el do de pecho». Ya organizó una gala por la ELA en Bueu y ahora pintará cuadros también por la ELA.

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