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El cangués Benito González, retenido en la Flotilla a Gaza: "Si a nosotros nos trataron así, como a animales, cómo será a los palestinos"

Asegura que sufrieron un trato "inhumano" por el ejército de Israel, atados con bridas, arrodillados con la cabeza agachada, oyendo de foma continua el himno del país y apuntándoles con armas"

No se esperaban los altercados en el aeropuerto de Bilbao en donde iban a participar en una comida comunitaria

Pese a sus 74 años, dice que volvería a una Flotilla "porque los palestinos siguen ahí y hay que abrir un corredor humanitario"

El cangués Benito González al llegar a la estación de Santiago en la noche del sábado.

El cangués Benito González al llegar a la estación de Santiago en la noche del sábado. / Fdv

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Benito González, de 74 años, está ya en su casa, de regreso de Israel, después de la experiencia sufrida en uno de los barcos de la Global Sumud Flotilla que fue retenida el lunes pasado por el ejército de aquel país, a 250 millas de la Franja de Gaza y deportada tras dos días en un barco cárcel y día y medio en una prisión en tierra al sur del país.El cangués formó parte de la delegación de siete activistas gallegos que se sumaron a esta nueva Flotilla internacional para visibilizar el problema de violencia al pueblo palestino por parte de Israel y la necesidad de abrir un corredor humanitario a la Franja de Gaza.

“Si a nosotros nos trataron así, cómo estarán tratando a los palestinos”, señala este activista, que vive entre Vigo y su parroquia natal de O Hío, y que ya participó en misiones humanitarias en el Sáhara llevando camiones con ayuda a los campamentos de Tinduf, a refugiados en la guerra de Albania y colaboró con Cruz Roja en las inundaciones en Haití y en Mozambique.

Su relato es devastador y reconoce que gracias al compañerismo y la solidaridad se pudo soportar: “Fue un trato inhumano, en algunos casos como animales, horrible”, asegura sobre la retención por Israel. Recuerda que él iba en uno de los veleros cuando una de las patrulleras israelí se posicionó al lado, “nos mandaron salir a todos, apuntando con las armas y una vez en cubierta nos obligaron a ir hacia proa, a arrodillarnos y nos ataron las manos con unas bridas”. Desde allí fueron evacuados a un barco prisión en alta mar que el cangués llama como el “barco del horror”. Allí estuvieron dos días. Relata que pasaron por un departamento en el que nos quitaron toda la ropa y sólo les dejaron una prenda, en su caso una camiseta, de ahí que hubiera pasado tanto frío, y después se pasó por lo que, el llama el “túnel del horror”. Allí relata que fueron golpeados,” unos más que otros, y fueron empujados a un patio interior, de unos 30 metros, en donde nos echaban un poco de pan y botellas de agua: “Tuve la suerte de que me golpearon poco, pero oíamos cómo llegaban más activistas y sus gritos. Han llegado compañeros con fracturas de toda clase, sobre todo costillas por las patadas en el suelo”.

Benito González, este domingo en su casa en Vigo.

Benito González, este domingo en su casa en Vigo. / Fdv

El cangués piensa que éste debe ser el trato habitual a los palestinos, un horror, insiste: “Siempre salía un grupo de 15-20 soldados apuntando con las armas como si fuéramos peligrosos cuando en ningún momento a nadie se le ocurriría levantar una mano”. Desde el barco cárcel fueron trasladados a otra prisión en tierra, cerca del desierto de Néguev: “Nos llevaron como a perros, con la cabeza agachada, las bridas atrás, y esposados también en los pies”. En aquella prisión, en donde estuvo día y medio, recuerda que les ponían imágenes, “como me imagino que les hacen a los miembros de Hamás detenidos, de violencia, de muertes”. En esa sucesión de torturas dice que antes de abandonar el barco les tuvieron arrodillados en la cubierta, con las bridas a la espalda y cabeza agachada y oyendo el himno nacional de Israel de forma consecutiva. Uno de los compañeros llegó a contabilizar hasta en 87 ocasiones y debido a que algunos no llevaban camiseta,” sufrieron quemaduras enormes del sol en la espalda. Es sólo una parte de lo que pasamos allí”.

Del barco cárcel a la prisión en tierra

Desde la prisión en tierra fueron trasladados, en coches celda, de dos o de una persona, a un aeropuerto, sin saber a dónde iban, incluso pensaban que los trasladaban a otra prisión: “No lo creíamos cuando nos dijeron que nos pusiéramos contra la puerta y nos sacaron las esposas”. De allí salieron con el chándal gris de presidiario del gobierno israelí.

Lo que no se esperaban fueron los altercados ocurridos en el aeropuerto de Bilbao por parte de la Ertzaintza en la recepción a los seis activistas del País Vasco, con agresiones y que se saldó con cuatro detenidos, dos de ellos de la delegación y otras dos de las personas que les esperaban. “No esperábamos que después de venir denunciando los tratos de violencia a los palestinos, y encontrarnos en nuestra tierra semejante altercado. No sabemos si fue mala actuación de la Policía o estaba preparado para rebajar la satisfacción de haber dado visibilidad al problema palestino”. Todas las delegaciones que viajaban en ese avión, entre ellas la gallega, tenían prevista una comida comunitaria de recepción en el aeropuerto de Bilbao, mientras no se cogía el otro vuelo a Madrid, y no pudo realizarse: “Todo lo que prepararon con tortillas que las personas habían traído al aeropuerto, no se pudo llevar a cabo”

Benito González asegura que pese a todo lo vivido, dice que se volvería a embarcar en otra Flotilla porque “los palestinos y su problema siguen ahí. Habría que acudir con más gente y que se abra un corredor humanitario. Ya no sólo hay que hacer estas cosas por Gaza, sino por la humanidad” .

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