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Moaña "reina" en colmenas en la comarca con 680 por todo el municipio de las 1.031 registradas

La gran mayoría de los apicultores las tienen para consumo de miel en el entorno familiar y vecinal

El moañés Daniel Currás es de los pocos que sí ha logrado vivir de las abejas con 350-400 colmenas distribuidas por el municipio con las que produce su miel "Aromas da costa"

Siguen con el problema de la velutina, el cambio climático o la varroa y temen a los incendios

El apicultor moañés Daniel Currás tiene cerca de 400 colmenas y vive de la miel

Santos Alvarez (Edición EliRG)

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La apicultura ya no sólo es producción de miel o cera, sino un servicio ecosistémico de primera magnitud, como ha quedado reflejado en este Día Mundial de las Abejas que se conmemoró el miércoles de esta semana, un día impulsado por el Fondo de Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO) y que se celebró bajo el lema "Juntos con las abejas, por las personas y el planeta. Una asociación que nos sostiene a todos". La comarca de O Morrazo sigue aportando su grano de arena a ese sostenimiento y tiene un censo fiel de apicultores con 53 explotaciones o colmenares, según datos del registro apícola que aporta la Consellería de Medio Rural, y 1.031 colmenas. Según datos de la delegación de la Asociación Galega de Apicultores (DAGA) en 2000, por aquel entonces Moaña tenía 220 colmenas y 12 colmenares; Cangas 90 y 12, respectivamente y Bueu, unos 80 y 8 colmenares.

Moaña es el municipio con mayor concentración de colmenas y aglutina el 65,96% del total, con 680 de 19 explotaciones.Por lo que respecta a Cangas, tiene más explotaciones, 24 en total, pero menos colmenas, con 239. Y la cifra baja más en Bueu, en donde consta en el registro autonómico con 10 explotaciones y 112 colmenas. Desde Moaña también se está coordinando este año el trampeo contra la avispa velutina, feroz depredadora de las abejas, y ha sido el único municipio que se ha adherido a la campaña de los apicultores para el reparto de trampas para capturar, con liquido atrayente, la conocida como avispa asesinada.

El apicultor de Tirán Juan Alonso en su colmenar en Coiro.

El apicultor de Tirán Juan Alonso en su colmenar en Coiro. / Gonzalo Núñez

Los apicultores son productores apasionados por las abejas pero en esa pasión, como señala el apicultor deTirán y coordinador del trampeo esta temporada, Juan Alonso, también hay un compromiso con la naturaleza conscientes de los efectos positivos de la polinización que realizan las abejas en los cultivos y para la reproducción de las plantas con flor. Según la FAO, más del 75% de los cultivos alimentarios a escala global depende, al menos parcialmente, de la polinización entomófila, y cerca del 90% de las plantas con flor del planeta requiere de polinizadores animales para su reproducción. Por eso que desde que en 2012 llegó la plaga de la velutina, los apicultores no cesan de combatirla, con trampeo o con las arpas eléctricas en las entradas de las colmenas, para que las colonias de abejas sigan vivas. Además de la velutina, tal y como señalan apicultores en O Morrazo, el insecto sigue amenazado por la histórica infección del ácaro de la varroa, que come el tejido corporal; y ahora por el cambio climático con episodios más extremos de lluvias o calor; los incendios y el uso intensivo de pesticidas. Los herbicidas, cuyo uso se ha extendido para controlar la vegetación en las márgenes de carreteras, como se ha hecho en varias ocasiones pulverizando con cañón las de la Autovía do Morrazo, se introduce en los acuíferos o acaba depositado en flores como las del maíz a las que van a comer las abejas y mueren por el veneno, señala Juan Alonso, que alerta que la mortandad de las abejas ha pasado en los últimso años del 8-10% al 40-50%. Lo alertaba también esta semana el Sindicato Labrego Galego que, en un balance de cómo fue el año para el sector, destaca la altísima mortalidad en este invierno que en muchos casos superó el 50% y se ha reducido la producción a la mitad, pasando de 20 a 10 kilos por colmena.

La gran mayoría de los apicultores de O Morrazo no son grandes productores y sólo buscan obtener en sus colmenas miel para autoconsumo familiar y de su entorno vecinal o cera, pero en cantidades domésticas. Pese a todo, hay quien sí quiso y ha logrado vivir de las abejas en O Morrazo como es el caso del apicultor moañés Daniel Currás, que tiene entre 350 y 400 colmenas distribuidas en varios colmenares por el municipio. Este joven moañés tiene abejas desde hace 15 años, dejó su oficio de electricista y soldador en los astilleros para meterse de lleno en el negocio de la miel y desde hace seis años vive de ello a través de su marca "Aromas da costa". Con esta marca asegura "producimos diferentes variedades de miel, polen y productos delicatessen". Añade que trabajan con comercios gourmet en toda España y también venta online.

El apicultor moañés Daniel Currás en uno de sus colmenares en Domaio con un tarro de miel de su marca Aromas da Costa.

El apicultor moañés Daniel Currás en uno de sus colmenares en Domaio con un tarro de miel de su marca Aromas da Costa. / Santos Álvarez

Reconoce que el trabajo de apicultor es "duro pero bonito". En su caso le apasiona estar en contacto directo con la naturaleza, las abejas y su entorno y señala que las principales dificultades están en la variabilidad de la carga de trabajo y producciones, además de la vispa velutina que "sigue siendo una lacra para nuestro sector".

En el otro extremo está el vecino de Domaio Julio Veiga, electricista jubilado del Concello, que empezó a aficionarse hace unos 30 años y pasó de tener 3-4 colmenas a una treintena. Asegura que se metió por un amigo que le fue convenciendo y nunca jamás lo ha dejado, pese a todas las dificultades por las normativas tan rígidas y la falta de ayudas. Ahora se enfrenta al problema de buscar una nueva finca para sus colmenas que las tiene en un sitio provisional después de tener que abandonar una finca porque su propietario la queire destinar a otros fines. Reconoce que es difícil buscar ubicación y buena porque la ley te obliga a distanciarte de las carreteras y de las casas a 50 metros mínimo y esta zona es muy poblada, no como en Ourense en donde hay amplias extensiones de monte. Asegura que ahora tiene el colmenar de forma provisional en una zona alta en A Fraga y el clima, más frío, tampoco ayuda a las abejas. Añade que también con la reforestación con especies autóctonas va desapareciendo mucho eucalipto y las abejas dejan de producir. La miel de la flor de eucalipto es muy apreciada.

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