Dos jóvenes de Cangas denuncian por estafa al propietario del piso que habían alquilado en la villa
También lo acusan de robo de una de sus tarjetas y de un saxo, que lograron recuperar en una tienda de segunda mano en Vigo

Fiorela y Sarai en el piso de unos amigos en Cangas. / Julio Santos Álvarez
La dificultad para encontrar vivienda propicia la picaresca de los propietarios. La historia de Fiorela y Sarai comienza en Meira, en el municipio de Moaña, cuando vivían en un piso que no tenía la condición de tal, sino que estaba dado de alta como oficinas. Vivían allí sin ningún tipo de contrato de alquiler. En su empeño por trasladarse a Cangas, donde tenían sus amistades, decidieron buscar piso en la villa, donde, además querían empadronarse. Para lo último había un requisito imprescindible: un contrato de alquiler.
Tras estudiar varias ofertas en el mercado encontraron una que les parecía que se podía ajustar a lo que ellas querían. Según su versión, el dueño del piso no les ofrecía un contrato de forma inmediata, porque estaba esperando a finalizar el trámite de la herencia, pero les dijo que cuando lo hiciera tendrían contrato. Sarai y Fiorela confiaron en él. Pensaban que podían hacer frente a las peticiones de la persona que iba a ser su casero: 300 euros de fianza y 500 euros de mensualidad para una vivienda de tres habitaciones, donde ellas podrían tener a sus gatos.
Las dos jóvenes pagaron la fianza, abandonaron su piso de Meira y se dispusieron ya a vivir en Cangas, tras pagar por bizum los 300 euros de la fianza. De repente, el propietario, siempre según la versión de las jóvenes, fue pidiendo cada vez más dinero en concepto de fianza, hasta llegar a los 500 euros.
Comentan que el problema surgió cuando comenzaron a vivir allí el pasado 30 de abril. Como exponen en la denuncia que interpusieron ante la Policía Local de Cangas y que se elevó al Tribunal de Instancia de la localidad, el propietario aprovechó que salieron con unos amigos a cenar para entrar en la vivienda utilizando sus propias llaves. Declaran las jóvenes que robó una tarjeta bancaria y un saxofón, además del impago de un patinete. «Nos presentó un mensaje de conforme había hecho la transferencia de 300 euros por el patinete, pero no vimos que estaba sin ejecutar».
El instrumento musical pudieron recuperarlo tras verlo por internet en una tienda de segunda mano en Vigo. Llamaron a la Policía Local de esta ciudad y se pudo determinar que era el suyo porque tenía el número de serie. De la tarjeta no pudo hacer uso. «Se puso muy agresivo con nosotras un día que llamó sin cesar para que le abriéramos la puerta. Venía a que le diéramos 70 euros. No se los dimos». Al final, a las jóvenes no les quedó más remedio que marcharse del piso, irse a vivir con unos amigos y dejar a sus gatos con otros.«Nos marchamos porque así nos lo aconsejó la Policía Local. Porque, como no hay contrato, nos podía acusar de haber entrado sin permiso en su piso».
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