Martín González «Culío», el cangués que tallaba la madera a bordo de su camarote en la Mercante: «La ebanistería es un oficio tan bonito que envicia»
Este domingo dona al Concello las réplicas de la carabela del V Centenario y la del navío de la Armada «Santísima Trinidad» que realizó como ebanista
Pide que sean para el futuro museo del mar de Cangas
El acto se desarrolla en la casa consistorial en donde se abrirá una exposición con algunas de sus creaciones

Cristina González
Es marinero jubilado de la Mercante, pero sobre todo es ebanista, un oficio que aprendió ya a los 14 años, estudiando cinco años en la Escola de Artes de Vigo y al que siempre se dedicó como su auténtica vocación mientras se ganaba la vida surcando durante 22 años, como muchos hombres de Cangas, los caladeros del mundo en los grandes buques de cabotaje. En ellos, Martín González González «Culóo» también llegó a trabajar la madera en sus ratos libres. A sus 88 años lo sigue haciendo, con la misma ilusión que cuando comenzó, en su taller en la calle Ramón Franco dentro del casco histórico de Cangas, a pocos metros de la rúa Real en donde nació y en un bajo medio lóbrego. Es su mundo de la madera en donde tiene su banco de trabajo, sus herramientas y en donde almacena algunas de sus creaciones de ebanistería, verdaderas joyas talladas con mucha inspiración en la mitología, con dioses como Cronos o el dios de los reptiles, entre otras piezas realizadas para las cofradías religiosas de Cangas y de muebles para uso propio como consolas, mesas y baúles densamente trabajados en madera de caoba, incluso escudos de equipos de fútbol. En la pared de ladrillo cuelgan los del Celta, Barcelona y el del Deportivo porque el del Real Madrid ya se lo llevó una forofa del equipo blanco, asegura el cangués.
Este domingo, Martín González «Culío», inaugura una exposición de algunas de sus piezas en el Concello y formalizará la donación de dos maquetas de dos barcos históricos que él realizó en los años 70 -la réplica del navío de la Armada «Santísima Trinidad» y de una carabela del siglo XV conmemorativa del V Centenario- que entrega al Concello para que queden bajo su custodia con el fin de que formen parte de los fondos del futuro Museo del Mar que tanto se demanda en Cangas.

El cangués en su taller con otras dos de sus piezas, a la derecha una que realizó a bordo de un mercante. / Gonzalo Núñez / FDV
Con las réplicas de los barcos, «Culío» también dona todos los planos que sirvieron para su construcción. «Todo se hizo a mano, con una sierra pequeña», señala el cangués que tardó más de un año en realizar la réplica de la carabela, animado también por uno de sus tres hijos que le consiguió los planos en Madrid para hacerlo correctamente en sapeli, caoba y roble: «Entonces le pedí que me trajera también los planos del Santísima Trinidad». Era la década de los 70 y Martín ya estaba en tierra. Asegura que cuando él se embarcó, él ya tenía el oficio de ebanistería estudiado. Su abuelo José González Rodal fue maestro de obras, además de carpintero ebanista y autor del edificio que está al lado del Concello vello, notable por sus puertas de madera y la cantería de la fachada. Su padre también su carpintero igual que su hermano Manolo y otros miembros de su familia como su tío Javier González García, que fue el encargado del varadero de Massó. Martín González estudió en la Escuela de Artes e Oficios de 1952 a 1956, en donde hizo modelado en barro. De Vigo regresaba a Cangas en el último barco del día, en el que coincidía, como él recuerda, con el escultor Manolo Coya y otros jóvenes de Cangas. Estudiaba y trabajaba al mismo tiempo en talleres de carpintería de Vigo y su área. En 1958 fue de ebanista con Manuel Fernández Rodas «O Moucho», de Cangas, pero la situación económica en general le obligó a embarcarse en la Mercante, en donde hizo parte de su obra en el camarote al navegar. Hacía piezas a bordo que luego ensamblaba en tierra.
«Lo más difícil fue el sistema de cañones, con las tapas de las troneras levantadas para que se vieran», señala respecto a la realización de la carabela que reconoce que fue un trabajo más complicado que el del navío.

La réplica de la carabela. / Fdv
A bordo de los barcos de contenedores de la compañía alemana en los que trabajaba, el cangués realizó también trabajos de ebanistería como una serie de cuadros de escenas de El Quijote, que tiene en su taller, y otra con motivos de Semana Santa. Reconoce que se llevó un juego de gubias pequeñas para entretenerse en las horas libres del trabajo y se ayudaba también con herramientas que portaba el mismo barco en el taller mecánico: «Llevé el taco y lo hice allí». Para Martín González, la ebanistería es un oficio «muy bonito, incluso tanto que envicia como una droga. Yo estaría horas y horas haciendo lo que se me diera». Si tiene que elegir madera, se inclina por el castaño de Galicia, aunque reconoce que hay muy buenas maderas de China y Pakistán.

Réplica del navío Santísima Trinidad. / Fdv
A lo largo de todos estos años, «Culio» ha realizado todo tipo de piezas, pero tiene en mente dos que le gustaría llevar a cabo, como es una dorna polbeira y un barco ballenero siguiendo el modelo de uno que el cangués recuerda que estuvo bastante tiempo amarrado en Cangas o de otro de Massó que forma parte de un museo de la ballena en Noruega.
En la exposición de sus creaciones que se abre el domingo en el Concello, a las 12:00, podrán verse además de las dos maquetas de los barcos con sus respectivos planos, una decena de elementos como un baúl en madera de castaño con un peso de 20 kilos, decorado con detalles renacentistas y personajes míticos marinos; otro de caoba, nogal y castaño con detalles del dios de los reptiles y esquinas con personajes míticos alados; una mesa, el reloj «Cronos» con peana giratoria, un viacrucis tallado en alto relieve, los cuadros de El Quijote, un pie de escalera con cabeza de león y marcos de espejo, además de herramientas y un catálogo de muebles francés, a color, de finales del XIX y principios del XX.
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