Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Un producto con denominación de origen

El millo corvo agota existencias en su regreso a Meiro

La fiesta reunió a cientos de visitantes en las dos carpas instaladas por la organización

Una familia degusta los productos  elaborados con el millo corvo.

Una familia degusta los productos elaborados con el millo corvo. / Santos Álvarez

Bueu

Y Meiro volvió a disfrutar del millo corvo. La fiesta para exaltar el producto con denominación de origen de la aldea, el que le la sitúa por derecho propio en el mapa gastronómico gallego, regresó a casa. Lo hizo después del obligado exilio de la pasada edición en el centro de Bueu, y con éxito tanto de afluencia de público como de venta de los diferentes manjares ofertados. A última hora de la tarde de ayer la organización del evento, la Asociación Cultural de Meiro, confirmaba que las existencias estaban prácticamente agotadas y apenas quedaban algunas raciones de empanada. El éxito, señalan, ha sido completo.

Y es que ni siquiera la cambiante meteorología –ahora unos rayos de sol, ahora un chaparrón– influyó en la peregrinación que desde media mañana se fue produciendo hacia Meiro. La apertura de la ecotaberna a las 11.30 horas fue el pistoletazo de salida para que, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, se fueran concentrando decenas de personas en el entorno del vigesimosexto Encontro Degustación do Millo Corvo en el que fue su día grande tras un fin de semana de actividades.

Interior de la carpa de arriba, ayer. | SANTOS ÁLVAREZ

Interior de la carpa de arriba, ayer. / Santos Álvarez

Con la fiesta compartimentada en dos zonas –una carpa arriba junto a la Casa da Aldea y otra abajo en una finca particular– los visitantes alternaban una y otra en función de la oferta culinaria y cultural. Poco antes de las 13 horas ya era complicado encontrar espacio para comer arriba y se agotaba el pan normal. Pero eso no hizo desistir a las personas que hacían cola para adquirir los boletos con los que retirar la comida. La oferta era variada. Pan con pasas y nueces o con semillas, y una amplia variedad de empanadas, vendidas enteras o por raciones: zorza, bacalao con pasas, berberechos, mejillones, zamburiñas y pulpo. Y para los más golosos filloas rellenas o un variado de dulce.

La zona acotada con la segunda carpa de la fiesta al fondo. | SANTOS ÁLVAREZ

La zona acotada con la segunda carpa de la fiesta al fondo. / Santos Álvarez

En paralelo, la cocina no paraba para ofrecer el que, sin lugar a dudas, es el producto estrella del lugar, los huevos fritos con migas de millo corvo. Chorizos, oreja, costilla o croquetas completaban el menú. El movimiento era continuo, y bien fuese por la falta de espacio o por decisión propia, muchos de los visitantes optaban por llevarse lo comprado para disfrutarlo en casa.

Cartel para prohibir el acceso a la explanada de A Morada. | SANTOS ÁLVAREZ

Cartel para prohibir el acceso a la explanada de A Morada. / Santos Álvarez

Mientras, en la carpa de abajo se mantenían media docena de puestos ofreciendo miel, vino, aceite o productos de artesanía, además de alguna degustación. Si el sábado la protagonista había sido la cerveza, ayer la Asociación Cultural Montaniense, de Portugal, presentaba –y permitía degustar– delicias como el caldo de graunhos, las pataniscas de bacalao o los rojoes. Pero también había espacio para la presentación del libro «Los grandes vinos de Galicia. Originalidad e historia», de Xavier Castro y para la ambientación musical de As Searas. La tarde fue más tranquila, con espacio para los más pequeños y un cierre con las pandereteiras de Tres pés pa un banco.

Vallas y carteles prohibiendo el paso por la antigua explanada de la fiesta

El regreso a casa del Encontro do Millo Corvo no fue del todo completo, ya que la fiesta no pudo celebrarse en el lugar habitual de la explanada de A Morada, ante la falta de acuerdo con este colectivo para la cesión del terreno. Así, Concello de Bueu y organización, ante la falta de un espacio común amplio, optaron por fragmentar las actividades e instalar dos carpas, una arriba junto a la Casa da Aldea, y otra más abajo, en una finca particular. Entre medias, la explanada de A Morada.

La asociación colocó vallas y carteles prohibiendo el paso por el lugar, tanto en la escalera de acceso que conecta con el patio de la Casa da Aldea como en la parte de abajo de la explanada, cortando una comunicación directa entre las dos carpas de la fiesta. De este modo, la conexión tuvo que hacerse dando un pequeño rodeo de unos 300 metros por un vial, algo que tuvo más influencia en labores organizativas que en los propios visitantes.

A Morada había solicitado un canon de 50 euros diarios por el uso del espacio o bien la realización de una serie de mejoras en el entorno.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents