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MALTRATO ANIMAL

«Ladraban de desesperación»: así hallaron a los 22 podencos de Meira

La portavoz de la Protectora de Animais do Morrazo, Lorena Gago, detalla el abandono, la sarna, las cadenas y el largo proceso de recuperación que tendrán que afrontar los perros

Pedro Fernández

Pedro Fernández

«Estaban en unas condiciones lamentables». Así resume Lorena Gago, de la Protectora de Animais do Morrazo, el escenario con el que se encontró la entidad cuando acudió junto al Seprona al operativo en el que fueron retirados 22 podencos de una propiedad de la parroquia moañesa de Meira. Nunca antes había visto nada esa magnitud en la localidad, unos perros que se encontraban en una situación extrema. «Estaban los perros súper, súper, súper sarnosos, estaban sin comer, estaban encadenados, estaban ladrando de desesperación», señala.

A esto se sumaba el hacinamiento y la insalubridad del lugar: «Estaban desnutridos, hacinados en dos espacios súper reducidos, 22 perros, y la situación fue terrible». Según relata, la protectora recibió varios avisos de personas del entorno y fue entonces cuando se dio parte al Servicio de Protección da Natureza, que decidió inspeccionar la zona. Una vez allí, y vista la situación, se optó por retirar a los animales y trasladarlos al refugio.

Aspersores, cadenas y sarna

La representante de la Protectora do Morrazo incide en que el maltrato no era solo visible en su aspecto físico, sino también en el miedo de los perros. Los animales se encontraban sometidos a un sistema de aspersores que se activaba cuando ladraban, lo que hizo que no se detectara con facilidad la situación en las que estaban los perros. Llevaban cadenas en el cuello, en muchos casos hubo que retirársela con tenazas porque había quedado incrustada con el crecimiento del animal. «Se las pusieron cuando eran bebés y los perros crecen y las cadenas se van quedando alrededor del cuello presionadas», lamenta. Una situación «terrible» que en el centro intentan revertir.

Nada más llegar al refugio, los animales tuvieron que recibir desparasitación interna y externa, tratamientos específicos para la sarna y los problemas de piel, además de baños continuos para retirar suciedad, escamas y piel muerta. «Esa piel necesita curar, necesita volver a coger brillo», explica Gago.

Un centro volcado para la recuperación

Desde que acogieron a los 22 podencos el trabajo en el centro se ha multiplicado. La atención diaria pasa por la alimentación, la limpieza constante de los patios y una vigilancia permanente del estado de los perros. «Eso implica que tienes que estar 24 horas pendiente de ellos», resume Gago, que insiste en que la prioridad es que no vuelvan a carecer de nada.

Pero la recuperación no se limita al plano veterinario. Lorena Gago subraya que muchos de los podencos llegaron con miedo y con un grave deterioro emocional. «No solamente había un estado físico lamentable, sino el estado psicológico tampoco era bueno», afirma. «Muchos llegaron con miedos, con mogollón de problemas de socialización». Por eso, una parte esencial del trabajo consiste ahora en lograr que vuelvan a confiar en las personas.

Del miedo a las caricias

Pese a la dureza del caso, la evolución empieza a notarse. En un primer momento, la protectora organizó a los perros en dos espacios para poder atenderlos mejor, pero ahora los 22 comparten ya los patios del centro. Según describe Gago, pasan el día jugando, interactuando entre ellos, tomando el sol y buscando el contacto con quienes los cuidan. «Nada más vernos llegar ya vienen corriendo a pedirnos mimos, a pedirnos caricias», relata. Incluso los más asustados empiezan a soltarse: «Ya quieren interactuar, ya te piden caricias».

Podenco en la Protectora de Animais do Morrazo

Podenco recibiendo caricias en la Protectora de Animais do Morrazo / Pedro Fernández

Apoyo social

La respuesta ciudadana ha sido otro de los aspectos que destaca la portavoz de la protectora. Asegura que el caso ha despertado una ola de apoyo, con donaciones, padrinos y madrinas, además de personas interesadas en acogerlos. Aun así, aclara que todavía no pueden salir del refugio. «Ya hemos explicado que todavía no se pueden ir de la protectora, porque es un proceso largo», indica.

Los 22 podencos rescatados en Meiras se encuentran recuperándose en la Protectora de Animais do Morrazo

Pedro Fernández

Lo que más necesitan ahora, añade, es ayuda material y económica para sostener el tratamiento y los gastos veterinarios. «Toda ayuda es bien recibida, cada ayuda cuenta», sostiene. También explica que, aunque los perros aún no están preparados para salir a pasear por sus problemas de sarna y piel, pero aun así se puede acercar a conocerlos y pasar un rato con ellos en el refugio.

En el futuro la recuperación y la adopción

La Protectora do Morrazo mantiene ahora el foco en su recuperación física y emocional, con la vista puesta en que, cuando llegue el momento, puedan acceder a una vida digna. «Vamos a velar porque estén bien, porque no les falte de nada y, en un futuro, para conseguir una casa donde los traten con respeto, con cariño y con mucho amor», concluye Lorena Gago.

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