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Semana Santa de Cangas

La Virgen de los Dolores engalana la noche de Cangas

Los aplausos y la entonación del himno español interrumpía la salida de la Virgen de los Dolores de la excolegiata de Cangas. Lo hacía con retraso. La misa solemne se había prolongado más de lo acostumbrado y la noche se echó encima,«paseniñamente», alumbrada por la imagen de la patrona de Cangas que salía en procesión.

La Virgen de los Dolores engalana la noche de Cangas

Julio Santos Álvarez

Cangas

Dos concejalas del Concello de Cangas, vestidas de negro, Sagrario Martínez (PSOE) y Aurora Prieto (EU) apuran el paso por las callejuelas del casco vello para llegar a tiempo a la procesión. Son las 19.30 horas aún y alrededor del templo solo hay curiosos. La banda de música Bellas Artes de Cangas espera a esa hora en la Praza da Constitución y por la calle Real van llegando hasta la excolegiata los costaleros, exhibiendo sus limpios guantes blancos que llevan en la mano sin encajar. Entre ellos, dos concejales del PP: Sergio Iglesias y Francisco Soliño. Poco a poco van llegando más ediles. Lo hace Eugenio González (PSOE) y de la excolegiata salen Pilar Nogueira (PSOE) y Luis Martín Carnero se queda dentro a esperar que termine la misa y salga la imagen de la Virgen de los Dolores del templo.

La presidenta de la Hermandad de la Cofradía de los Dolores, Xheila Lorenzo, se mueve de un lado al otro del templo. La salida de la imagen es un momento de difícil. Hay que retirar los bancos y asegurar el armazón. La mayoría de los costaleros son veteranos en muchas procesiones de Cangas. Llevan años midiendo fuerzas con el peso de los pasos y no tiemblan ni cuando lo parece. Esos vaivenes cuando retiran a la Virgen del altar donde está en la excolegiata es solo una forma de coger el paso. Por alguna razón, la persona que dirige el paso encuentra dificultades para salir. Lo repasa todo, se mete por debajo del mismo y examina todo con detenimiento. A las 20.21 horas comienza la salida del templo de la Virgen de los Dolores. Antes de salir a la calle aún hay que pasar otro difícil trago: el escalón. Los costaleros bajan a la Virgen a la altura de su cintura y así la ponen en el atrio, hasta que al son de los aplausos y del himno de España la vuelven a levantar. Ya es de noche. Lo flashes de los teléfonos móviles empiezan a dispararse para sacar instantáneas de la imagen, de la procesión. Este año no hubo lágrimas. Solo sonoros aplausos y un «¡Viva la Virgen de los Dolores!» poco acostumbrado a escucharse.

Y así enfila la imagen, a hombros de 29 hombres y una mujer, la calle Real, por la que ya pasó antes parte de la procesión: los estandartes y el tercio infantil, así como los penitentes, algunos o algunas con los pies descalzos. La luz eléctrica del paso permite lucir la imagen de la Virgen, engalanada con su manto azul bordado en oro, su vestido granate, también bordado en oro, con la su corona de oro. A sus pies, 180 orquídeas y 130 dendrovios.

Comitiva política en la procesión

Comitiva política en la procesión / Julio Santos Álvarez

La procesión avanza por la calle Real abajo hasta la Praza da Constitución, donde gira a la derecha para rodear la alameda vella. Es ahí donde espera apretada la gente, los fieles y los que no lo son tantos, los que buscan la fe y los que respetan la tradición. El ruido de las «forquetas» marca el paso de los costaleros, que aguanta en tonelaje con la paciencia que tienen los hombres y las mujeres del mar. El viento de norte se muestra más frío a medida que avanza la noche y la procesión. El nuevo párroco de Cangas, Santiago Pérez, contempla por primera vez la procesión de la patrona de Cangas. Lo hace de manera curiosa y manteniéndose en un discreto segundo plano.

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