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El sector del mar

El cerco «cercado»: la agonía de una seña de identidad del mar de Bueu (y de Galicia)

El arte del cerco es ahora mismo una especie en peligro de extinción. Uno de los ejemplos se puede encontrar en Bueu, donde en apenas un par de años de los seis barcos que aún resistían ya solo queda uno. Y a duras penas. Una desparición en la que influyen la falta de cuotas y una normativa, en ocasiones, alejada de la realidad.

El patrón del "Marín de Bueu", David Simes, el único barco del cerco que queda en Bueu, este martes en el puerto.

El patrón del "Marín de Bueu", David Simes, el único barco del cerco que queda en Bueu, este martes en el puerto. / Gonzalo Núñez 

Bueu

«O que non sabe non se pode meter. E o que sabe non se mete porque sabe o que hai». Con esta paradoja describe el patrón y armador del «Marín de Bueu», David Simes, la lenta agonía que vive el cerco en Bueu y en otras localidades costeras. Hace apenas un par de años en este puerto había media docena de cerqueros: «Novo Cristo da Laxe», «Dos Meros», «Dos Mil», «Manolito III», «Novo Xouba» y el propio «Marín de Bueu». Eran los últimos representantes de una flota que llegó a ser mucho más extensa porque esta arte de pesca era la que abastecía las grandes conserveras de la localidad, como Massó. Hoy solo queda el «Marín de Bueu». El resto están amarrados o en el varadero: vendidos por jubilación o a la espera de completar la venta, ya sea con el «paquete completo» o bien por partes. Las cuotas y potencia asignadas por un lado, los aparejos por el otro y finalmente el propio barco. Alguno, como el «Manolito III», está navegando por otras aguas más al sur. Tan al sur como Mauritania. Los nuevos propietarios estaban interesados en los papeles y cuotas y luego volvieron a vender la embarcación. Un rumbo y destino que puede seguir alguno más.

«Este é un oficio complicado, aquí non vale calquera. Polo menos tes que ter algo de experiencia», cuenta David Simes. Lo explica mientras acaba de limpiar algunos «bucareus» [boquerón o bocarte] y sardinas y después de una larga jornada de trabajo. Una travesía que comienza antes de la puesta del sol y que se prolonga hasta después de que vuelva a salir. «Nos cambios de luz é cando se soe mover o peixe», apunta para explicar la razón de ser del cerco.

Es un oficio duro, sacrificado y que requiere muchas horas. Pero aunque parezca difícil no es lo peor. «As normativas, a redución e falta de cuotas, as inspeccións, o diario electrónico, levar o peixe pesado quilo a quilo antes de entrar no porto... Todo isto non axuda nin ten sentido», expone para ilustrar la desazón que inunda a la mayoría de las artes y oficios de la pesca tradicional y que complica aún más el relevo generacional.

Doble carrera en el mar: marinero y licenciado en Ciencias del Mar

A sus 47 años David Simes no tiene una carrera en el mar, sino que cuenta con dos. Una es la universitaria, como licenciado en Ciencias del Mar por la Universidade de Vigo. La otra, la carrera de la vida y de trabajar a bordo desde muy joven porque el barco era de su padre. «Eu collín o relevo hai doce anos, cando el se xubilou. Agora somos catro tripulantes a bordo e o máis novo son eu. A min sempre me gustou o mar, é como unha afición. O primeiro ano que collín o barco foi unha marabilla, non había problemas de tantos controis, inspecións e falta de cuotas. Podías traballar, defenderte e vir para terra tranquilo», relata.

El "Novo Cristo da Laxe", otro de los cerqueros de Bueu, este martes en el varadero del puerto.

El "Novo Cristo da Laxe", otro de los cerqueros de Bueu, este martes en el varadero del puerto. / Gonzalo Núñez 

La situación cambió radicalmente en los últimos años. Por ejemplo, su cuota de caballa es de 600 kilos para todo el año. «Iso non é nada, poden ser 30 ou 40 caixas», dice. Otra de las especies tradicionales del cerco es el chincho. «Teño 11.000 kilos, que ao mellor son unhas 1.000 caixas para todo o ano. Iso ao mellor son dous ou tres meses de traballo», ejemplifica. Así que la supervivencia pasa por la sardina, cuando la hay; por administrar esos 11.000 kilos de chincho lo mejor posible, «cando vai ben de prezo o pescamos, senón o deixamos estar»; y la pesca por lotes de otras especies o accidental, que a veces puede arreglar un mal día pero que cada vez es objeto de más inspecciones, controles y advertencias de sanciones. «Cando collín o barco paraba un mes ao ano e porque quería eu. Agora teño que parar entre tres e catro meses porque non me queda máis remedio», resume.

Menos de cinco cerqueros en toda la ría de Pontevedra

La situación del cerco de Bueu no es exclusiva de este puerto. De hecho en el conjunto de la ría de Pontevedra quedan apenas tres barcos que se dediquen a este arte, trabajando en la propia ría y regresando todos los días a puerto. Pero el caso de Bueu está revestido de cierto simbolismo. En las últimas décadas el pulpo se ha convertido un referente, casi hasta el punto de ser parte del ADN de la localidad. Sin embargo, antes de la especialización de la flota naseira el cerco era el motor económico y hasta una seña de identidad porque eran estos barcos los que abastecían a las principales industrias de la conserva asentadas en Bueu. «Xa só Massó tiña máis de 20 barcos», recuerda el padre de David, que se acerca un momento hasta el barco a interesarse por la jornada de trabajo de su hijo. Y empieza a recitar nombres de cerqueros que hasta hace unos años estaban activos. «Oviedo», «Ibis», «Paíño», «Santimar» o los citados al principio. «Aquí había unha burrada de barcos», aseguran. «Dá moita pena porque isto forma parte da mellor historia deste pobo, que está perdendo unha parte da súa identidade», reflexiona David Simes.

El "Dos Mil" otro de los barcos del cerco de Bueu que permanece amarrado a puerto.

El "Dos Mil" otro de los barcos del cerco de Bueu que permanece amarrado a puerto. / Gonzalo Núñez 

Esta lenta agonía está ahogando a este sector, pero de una manera u otra también afectará al resto de la cadena, como a las pescantinas y al consumidor final. «Nós traemos peixe fresco todos os días, peixe que aínda está vivo e que supón un valor engadido. Cando desaparezamos o que vai vir é o peixe conxelado, que se merca en calquera supermercado», advierte.

El patrón del «Marín de Bueu» también habla con cierta amargura de su otra carrera del mar, aunque la hiciese en tierra. «Nin sequera fun a recoller o título universitario de Ciencias do Mar, parecíame unha tomadura de pelo. Sabe o que ensinaron alí? Pois que os mariñeiros son malos e os científicos son os bos e os guapos», manifiesta. ¿Y cuál es su opinión, que conoce los dos mundos, el académico y el del mar de verdad? «Eu o que digo é que o mariñeiro ten que vivir», sentencia David Simes. Él, por si acaso, ya está ultimando la apertura de un negocio de hostelería en tierra, un gastrobar, junto a su familia para garantizarse la supervivencia y un futuro.

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