Inseguridad
La casa de María en Moaña tras mes y medio de okupación
La vecina de Moaña María Nieves Pena pudo volver a entrar en su vivienda del barrio de O Real tras irse de forma voluntaria la pareja que desde hacía mes y medio la había okupado. Se fue a cambio de comida y 50 euros. La casa está destrozada, dice María: «Es terrorífico, excrementos, vajillas rotas... hay que entrar con mascarilla»

La casa de María en Moaña tras mes y medio de okupación / Gonzalo Núñez
«Estoy muy agradecida a todos los vecinos y a las fuerzas del orden», asegura María Nieves Pena, que pronto cumplirá 79 años, y es la dueña de la casa unifamiliar de la calle Méndez Núñez, en el barrio de O Real, en Moaña, que a última hora del jueves vio como por fin a pareja —un hombre y una mujer— que desde hacía mes y medio okupaba el inmueble, se marchaba. La abandonó de forma voluntaria, firmando un papel con presencia de la Guardia Civil, y después de una jornada en la que se produjo a primera hora de la tarde un fuego en la vivienda, provocado por los okupas para cocinar, que movilizó a Policía Local, Guardia Civil y Bomberos de O Morrazo como también a un nutrido grupo de vecinos, molestos desde hace semanas con la situación de altercados y robos que se estaban produciendo en el barrio desde la okupación y presionaban para que se fueran del inmueble.
Fueron horas de negociación por parte de dos vecinas, una de ellas la responsable de Protección Civil, Mónica Chaves, para que el moañés y su pareja, que viven en esta situación por culpa de su adicción a las drogas, abandonaran la casa. Ellos pedían comida y 50 euros, llegaron incluso a pedir más dinero hasta los 100 euros, pero el acuerdo fue comida y 50 euros y finalmente aceptaron.
Los okupas abandonaron la casa a última hora del jueves en dirección a orillamar, pero dejaron bolsas con enseres personales en el salido de la casa, que los vecinos les llevaron después a ellos. En la zona de orillamar y con presencia de Guardia Civil firmaron el papel de abandono voluntario y les entregaron la comida y el billete de 50 euros que les dio la propietaria de la casa. Ya de noche, la dueña, con una hija, entraron en la vivienda y colocaron una alarma. Ayer por la mañana María Nieves Pena volvió a la casa y dice que aquello es «terrorífico. No llega un camión para llevar todo lo que dejaron. La casa está llena de excrementos, vajillas rotas, el olor es horrible. Da pánico». Reconoce que no se podía entrar sin mascarilla y que el taller de carpintería que tenía la vivienda en el bajo está destrozado «vendieron todo».
Precisamente el jueves por la tarde Moaña celebró un pleno extraordinario, solicitado por el PP, para debatir sobre la situación de inseguridad en el municipio en el que los populares y el PSOE pidieron más policías municipales. Pero fue un pleno de comparecencias, sin que hubiera ningún tipo de acuerdo al respecto más que una declaración de intenciones. La alcaldesa, Leticia Santos (BNG) asegura que ya antes de que se pidiera el pleno ya estaba prevista la convocatoria de una junta local de seguridad para abril. Pero el PP mostró ayer su enfado por la reacción que tuvo contra ellos la portavoz del BNG, María Ortega, que compartió la preocupación de los vecinos por situaciones complejas, pero dijo que la responsabilidad política exige más que alimentar la alarma social, actuar con rigor. El portavoz del PP, Alfonso Piñeiro, reprocha a la concejala que les acuse de alarma social para ocultar el problema «pero aunque nos acuse falsamente de esto, la realidad es que la gente de Moaña está muy preocupada» y dice que es de risa culpar al PP, que la alarma social la causan quienes delinquen y se agrava con el pasotismo del gobierno que no refuerza la Policía Local ni aumenta la colaboración con la Guardia Civil. Añade que llegado el caso, el BNG sí que puede tener hasta cuatro agentes a su disposición para echar a una concejala del pleno, como ocurrió con la popular Estela Santomé en la sesión de la Mancomunidad. Aquella actuación policial supuso 804 euros de horas extras al Concello.
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