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Poblado castreño de Domaio

La Xunta emplaza a Moaña a asumir ya el castro y el Concello pide revisar su estado

El ejecutivo gallego confirma por escrito que acometió la limpieza del yacimiento y reparó los elementos de seguridad | La alcaldesa pide un acta de recepción para confirmar que está en perfectas condiciones

Una de las estructuras sacadas a la luz con las excavaciones, ya limpias y con el panel explicativo. |

Una de las estructuras sacadas a la luz con las excavaciones, ya limpias y con el panel explicativo. | / SANTOS ÁLVAREZ

Moaña

La Consellería de Infraestruturas, titular de los terrenos del castro de Montealegre, en Domaio, al estar situados en el entorno de la Autovía do Morrazo, ha remitido al Concello un escrito para iniciar la cesión de la titularidad del yacimiento. En ese documento confirma que toda la zona en la que se llevaron a cabo intervenciones de investigación histórica está ya despejada, tras los trabajos ejecutados por la empresa pública Seaga de retirada de maleza, acondicionamiento de los elementos arquitectónicos excavados y reposición de las barandillas perimetrales de madera.

Desde el Concello se respondió tendiendo la mano para aceptar a corto plazo el castro, después de años de trámites. No obstante, el ejecutivo local reclama un acta oficial de entrega, con una revisión conjunta por parte de ambas administraciones, para comprobar que todo se encuentra en perfectas condiciones y que se han repuesto, entre otros elementos, los paneles informativos que explican tanto los restos del poblado castreño, datado entre los siglos I a. C. y I d. C., como los petroglifos existentes en el entorno.

En esa inspección sobre el terreno también se verificará que la finca de Montealegre sigue limpia. La alcaldesa de Moaña, Leticia Santos, insiste en que el Concello asumirá la gestión y el mantenimiento del yacimiento para hacerlo visitable, pero subraya que debe recibirlo en perfecto estado.

Las vallas de seguridad, de madera, recién arregladas. | SANTOS ÁLVAREZ

Las vallas de seguridad, de madera, recién arregladas. | SANTOS ÁLVAREZ

El escrito remitido por la Xunta al Concello y la limpieza adelantada por FARO, tras casi seis años de espera para la puesta a punto del recinto, invitan al optimismo. Todo ello permite pensar que este verano podría abrirse por fin el castro a las visitas en condiciones de seguridad, sumando así un nuevo atractivo patrimonial a Moaña y un reclamo para quienes buscan en el municipio algo más que sol y playa. «Si está en condiciones, aceptaremos el terreno de inmediato», añade Santos.

Las visitas por parte de vecinos y turistas quedarían abiertas después de casi seis años de espera

La última fase de excavaciones y de puesta en valor, acometida por la Xunta tras salvar el yacimiento con una pionera ampliación interior del túnel de Montealegre —después de que vecinos de la zona alzaran la voz para evitar la pérdida de un enclave de gran valor—, se remonta al verano de 2020, cuando el Gobierno gallego invirtió 280.000 euros. Entonces se habilitaron unas escaleras de acceso y un recorrido circular que permite visitar tanto las cinco estructuras de vivienda, talleres y almacenes recuperadas en la última década, como el enlosado de acceso al poblado, que sorprende por su buen estado de conservación. También se recuperaron las viviendas de la parte alta, documentadas por el intelectual galleguista Antón Losada Diéguez en una investigación realizada entre 1925 y 1926.

En este último lustro, las negociaciones con los comuneros de Domaio y con propietarios particulares para garantizar el acceso de los futuros visitantes desde la explanada de A Fontenla también retrasaron la cesión, que ahora está más cerca de hacerse realidad.

Durante las obras de desdoblamiento del corredor en autovía, en la pasada década, un equipo dirigido por el arqueólogo Miguel Vidal recuperó en la zona más de 20.000 piezas de valor histórico para su estudio y catalogación. Entre los hallazgos destacan dos esculturas graníticas: una figura antropomorfa sedente, hallada sin cabeza y de unos 60 centímetros de altura, y una cabeza de caballo de unos 40 centímetros.

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