Los muertos que dejan las mareas
Cada cable sostiene una vida
Ilham Kgazouri, abogada de profesión, es sobrina de khalid Bouzit, el marinero marroquí que murió el pasado 15 de enero en el Gran Sol
A través de un relato emocionado nos cuenta los sentimientos de las familias marroquíes que viven del mar en Cangas

Ilham Kgazouri junto a su tío, khalid Bouzit, el marinero marroquí que murió el pasado 15 de enero en el Gran Sol. / Cedida
Ilham Kgazouri
Soy de Cangas, de puerto abierto y mareas que marcan el ritmo de la vida. Soy hija y nieta de marineros. Y también soy de Taghazout, en Agadir, donde el horizonte no es paisaje, es destino.
Pertenecemos a una familia de mar. Aquí, en Galicia, y allí, en Marruecos. En Taghazout, la mayoría de nuestros padres, tíos y hermanos han vivido embarcados. Somos amazigh del sur, hombres y mujeres acostumbrados al viento atlántico, a las manos curtidas por la sal, a las despedidas al amanecer en el muelle.

Ilham Kgazouri, sobrina del marinero fallecido en el Gran Sol. / Cedida
No acabamos en Cangas por casualidad, fue la marea la que nos trajo hasta aquí, el destino de nuestros hombres era faenar en barcos que tuvieron que tocar estas costas. Cada ola y cada puerto abierto marcaron nuestro destino, que no elegimos, pero que nos hizo quienes somos. Vivimos entre dos orillas, pero el mar es el mismo.
Crecimos sabiendo que el océano alimenta pero exige. Que da trabajo, pero pide valentía. Que cada salida es una promesa de regreso.
En nuestras casas siempre hubo redes secándose, botas húmedas en la entrada, y miradas que se quedaban fijas en el horizonte. En nuestra cultura, el mar no es solo trabajo: es herencia, es identidad, es destino y es unidad.
También hubo pérdidas.
El padre de Khalid, mi abuelo, murió en el mar.
Khalid creció sabiendo que el océano se había llevado a su padre, y aun así eligió el mismo oficio.
El 15 de enero el mar volvió a pronunciar nuestro apellido. Se llevó a Khalid.

Khalid Bouzit, vestido de blanco en la foto con sus sobrinas en Cangas. / FdV
La teoría dirá que era mi tío, el hermano de mi madre.
La práctica es que era mi hermano.
Treinta años.
Tan sólo tenía treinta años.
Mi madre lo crió como a un hijo cuando quedó huérfano. Y él fue hijo. Fue hermano. Fue mi faro. Cuando mi padre se fue, Khalid ocupó ese lugar sin ruido, sin solemnidad, con amor. Fue figura paterna sin dejar de ser compañero de juegos, confidente, amigo. Siempre celebró mis logros como propios. Siempre estuvo.
¿Acaso se puede nombrar el amor que se siente por una persona que es tío en la teoría, hermano en la vida, padre en los actos, amigo en los juegos y compañero en cada recuerdo de la infancia? ¿Acaso se puede poner en palabras el afecto intenso que se siente por alguien que ha nacido contigo, crecido contigo, jugado contigo y, aun así, eligió cuidarte como nadie más podría hacerlo?
Khalid era profundamente bueno. De esas personas que dan sin esperar, que ayudan sin anunciarlo, que practican la caridad con naturalidad. Todo el mundo lo quería porque él quería primero. Su corazón era más grande que cualquier marea. Merece ser recordado por su bondad, por su luz sencilla. Su ausencia es una pérdida inmensa, imposible de medir. Algo que jamás hubiera imaginado vivir. Dentro de mí ha quedado un vacío enorme, como un puerto sin faro.
Murió antes del Ramadán.
Y ahora, cuando cae la tarde y nos sentamos para el iftar, hay una silla que no se ocupa. Hay un plato que no se sirve. Hay un silencio que pesa más que cualquier marea. Mi madre, que perdió a su padre en el mar y crió a Khalid como hijo, rompe el ayuno con el corazón atravesado por dos generaciones de ausencia.
El mar se llevó al padre.
El mar se llevó al hijo.
Y nosotros seguimos aquí, aprendiendo a respirar entre esos dos mareas.
No fue una tormenta imposible.
No fue una fuerza indomable de la naturaleza.
Fue la rotura de un cable que, quizás, podía haberse evitado.
Un cable en un barco no es solo un objeto. Un cable sostiene y equilibra. Un cable es confianza. Y cuando éste se rompe: se rompe una vida, se rompe una madre, se rompe una familia entera.
Un mes después, el mar volvió a oscurecer otra casa con la muerte de Said, vecino nuestro en Cangas y en Agadir. Amazigh como nosotros. Hombre trabajador. Padre de cuatro hijos que ahora crecerán con la memoria de su voz. Esposo de una mujer admirable que no merece este dolor. También su mesa tiene ahora una ausencia. También su familia rompe el ayuno con lágrimas.
Su pérdida la sentimos como propia porque entendemos ese vacío. Porque compartimos raíces, lengua, historia y destino. Porque sabemos lo que significa que el mar llame a tu puerta y no devuelva a quien salió a trabajar.
Como abogada, como hija, como hermana, siento que me corresponde traducir del amazigh al español el dolor de los míos. Dar voz al sufrimiento silencioso de tantos marineros amazigh que trabajan en barcos españoles, que sostienen hogares aquí y en Marruecos, que cruzan cada día la frontera entre el riesgo y la esperanza.
Los marineros marroquíes forman parte esencial de la economía del mar en España. Suben a bordo de madrugada, soportan frío, temporales, jornadas largas y trabajos que muchos no quieren asumir. Sostienen con su esfuerzo no solo a sus familias en Cangas, en Galicia o en Marruecos, sino también una parte importante del sector pesquero español. Su trabajo mantiene barcos en funcionamiento, puertos activos, mercados abastecidos.
Por eso sus vidas valen, y valen mucho: sostienen hogares y sostienen economía. Porque su esfuerzo es invisible muchas veces, pero imprescindible.
Aunque no conocemos todos los detalles de estos accidentes, este artículo no busca señalar a nadie, solo queremos, con respeto, recordar la importancia de revisar cada cuerda, cada anclaje y cada medida de seguridad en los barcos. Pedimos de corazón que se cumpla la normativa de prevención de riesgos laborales en el mar porque detrás de cada mantenimiento hay un compromiso con el regreso. Es la diferencia entre volver al puerto o no volver. Cada decisión responsable es una forma de proteger una mesa que espera.
No escribo desde la rabia.
Escribo desde la dignidad.
Estamos acostumbrados a que el mar forme parte de nuestra historia. Pero ninguna familia debería acostumbrarse a perder a sus hombres por algo que, quizás, podría prevenirse. Ninguna madre debería enterrar a un hijo después de haber enterrado a un padre. Ningún niño debería aprender demasiado pronto lo que significa una ausencia definitiva.
Cada cable sostiene una vida.
Cada decisión en cubierta sostiene a una familia entera.
Cada norma cumplida es una promesa de regreso.
Este artículo lo publico para mostrar la importancia de las vidas de los nuestros. Lo importantes que son para nosotros, para sus familias y para la economía española. Porque aunque muchas personas lean en las noticias que murió «un marinero marroquí», para nosotros no murió «un marinero marroquí»: murió un hijo, un hermano, un padre, un esposo. Murió una familia entera.
Sabemos que no vamos a recuperar a los nuestros. Sabemos que ninguna palabra devuelve una vida ni llena la silla vacía al caer la tarde. Este texto no nace de la ilusión de traerlos de vuelta, nace del compromiso. Del deseo firme de que ninguna otra familia tenga que aprender a pronunciar la ausencia de esta manera. De que ningún otro marinero muera por algo que se pueda evitar. De que quienes hoy siguen embarcándose de madrugada con frío, con cansancio, con responsabilidad, regresen a puerto junto con sus familias, de que cada promesa de regreso sea cumplida.
Si no podemos recuperar a los nuestros, al menos que su memoria sirva para proteger a los que todavía están vivos.
Que cada cable revisado a tiempo sea también un homenaje.
Que cada norma cumplida sea una forma de justicia.
Que cada regreso al muelle sea la prueba de que su pérdida no fue ignorada.
Porque el mar forma parte de nuestra identidad pero la dignidad debe formar parte de nuestra ley.
*Ilham Kgazouri, sobrina de khalid Bouzit, el marinero marroquí que murió en el Gran Sol
Suscríbete para seguir leyendo
- Cangas instalará cámaras de control de tráfico urbano y supervisará la rotación de coches aparcados
- Final feliz a cuatro días en altura
- BNG y PSOE abandonan al Alondras y encarecen el comedor escolar, denuncia el PP
- Muere Manuel Currás Gayo, Roque, pionero de las traídas comunales en Meira
- Moaña celebrará una Festa Cubana con música, baile y gastronomía el proximo sábado 14 de marzo
- La subasta de la urbanización de A Regueira en Cangas, a punto de quedar desierta por falta de pujas
- La Policía requisa un cuchillo de gran tamaño en una reyerta en la calle Real
- Colisión entre una furgoneta y una motocicleta en el centro de Bueu