La Sardiña y el Paxaro finiquitan el Entroido
Las calles de Bueu y Moaña se transformaron ayer en un mundo mágico en el que Rambo vigilaba los desfiles de carnaval y una caseta de la Feria de Abril llenaba de colorido el centro moañés. Y es que miles de personas participaron en los entierros del Paxaro de Mal Agoiro y la Sardiña, para despedir el carnaval por este año

Bueu entierra el Paxaro de Mal Agoiro y dice adiós al Entroido / Gonzalo Núñez
O Morrazo amaneció hoy de color gris. El gris propio de cuando se acaba el colorido y el desenfreno del carnaval. El de hoy es uno de los días más tristes para muchos vecinos de la comarca que, no en vano, exprimieron el domingo a tope abarrotando las calles de Bueu y Moaña en los entierros del Paxaro de Mal Agoiro y de la Sardiña respectivamente.
En Moaña la multitud se congregó, a las 17.00 horas, en el entorno de la rotonda del Portal do Almacén. Algunos llegaron ya con la resaca de la última noche de festivales de comparsas en la carpa, que se prolongó hasta la madrugada con la actuación de Dj Houses. En esa última velada se concedieron los premios de este año a las comparsas. «Habelas Hailas» se llevó el de mejor disfraz por la caracterización de sus integrantes como la histórica cantante de flamenco y tango Martirio. En cuanto al premio a la mejor canción, recayó sobre Os Combois por su letra «Nosa Cantiga».
Con el cuerpo todo lo recuperado que se pudo, ayer, a lo largo del recorrido, los que se agolparon en las aceras para ver el desfile, disfrutaron de disfraces tan llamativos como el del vecino de Berducedo Guillermo Santomé, pregonero de estas fiestas en 2023 y que siempre recurre a elementos de la naturaleza. Este año se plantó con un disfraz cubierto de conchas de almeja, sombrero incluido. Los paracaidistas con colchonetas que habían desfilado en Aldán volvieron a levantar una sonrisa el domingo a los que veían el paso de los disfrazados.

Música y jolgorio en el Enterro da Sariña en Moaña / Gonzalo Núñez
El mundo fantástico creado en Moaña permitió que Superman conociese a los Power Rangers. Un grupo de vecinos de Berducedo se transformaron en un circo completo y otro de Abelendo convirtió una carroza en una caseta de la Feria de Abril de Sevilla. Otro de los disfraces colectivos más llamativos fue el de motoristas al más puro estilo Ángeles del Infierno. Una de las carrozas más solicitadas en las calles moañesas fue la que asaba chorizos en una parrilla insertada en una improvisada «casa okupa» de estética anarquista. Todo ese jolgorio estaba vigilado de cerca por el mismísimo Rambo, que recorrió Ramón Cabanillas metralleta en mano, mientras se superponían las canciones que procedían de cada una de las carrozas.
Al igual que ocurrió el sábado con el Enterro do Mexillón en Aldán, el soleado fin de semana después de tanto tiempo de lluvias constantes sobre la comarca, contribuyó a que familias enteras y grupos de amigos no se quisiesen perder la oportunidad de disfrutar del último día del Entroido en Moaña, de ahí la participación tan alta. De hecho, la representación de la Sardiña no fue quemada, en el mar frente a la Alameda, hasta las 20.15 horas.
En Bueu, pasaban unos minutos de las 7 de la tarde cuando el Paxaro de Mal Agoiro comenzó a arder y sobre sus cenizas, esparcidas sobre la arena de la playa de Banda do Río, empezaron a brotar ya las ideas y la ilusión para el Entroido del próximo año. La incineración del emblema del Carnaval bueués puso fin al desfile de una amplia comitiva de murgas y comparsas por el centro urbano del municipio, presidida por el Paxaro escoltado por viúdas visiblemente afectadas por el óbito, seguido de una colorista representación de la sociedad carnavalera, sin distinción de edad: «Toxiñas» haciendo circo sobre el asfalto, con malabaristas, forzudos, conejos saliendo de la chistera e incluso repartidor de palomitas, sin cobrar entrada; «Os do Pinsel», con la concejala Carmen García entre sus integrantes, «Kantaclaro», cual escolares uniformados, «Tinta Femia», de mariachis... Entre los que iban por libre, un gallinero con animales confinados por la Xunta de Galicia (dos jaliñas, dos jalos y dos pollos) en prevención de la gripe aviar, una cosechera de patatas y repollos en los baches de la calzada o la pulpeira más joven de la feria. Un repartidos de «huevos del Sur de Mercanorte», a 10 euros el kilo, o un laboratorio móvil para promover la ciencia desde la más corta infancia o las Anpas de varios centros educativos de Bueu también estuvieron representados en el desfile que serpenteó por las calles del centro urbano y expiró en la Banda do Río.
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