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Barcos en tránsito por O Morrazo

Desde La Martinica para Moaña

Navegantes vascos que se refugiaron en el puerto deportivo de Moaña cumplen su sueño de cruzar el Atlántico y llegar a La Martinica

Ignacio Muguerza,  Javier Luzuriaga, Carlos Arribas y Josemi Fernández, a bordo, en plena travesía

Ignacio Muguerza, Javier Luzuriaga, Carlos Arribas y Josemi Fernández, a bordo, en plena travesía / Fdv

Moaña

A bordo del velero «Embat», un Sun Oddisey de 1999, los tripulantes vascos Carlos Arriba, Ignacio Muguerza, Josemi Fernández y Javier Luzuriaga, que sustituyó a Iñigo Sorazu en Canarias, todos ellos con 63 y 57 años,, lograron cruzar el Atlántico, después de una primera etapa de dura travesía en el velero que les llevó desde Zumaia, en el País Vasco, a Moaña en donde tuvieron que refugiarse durante 10 días, del 7 al 17 de noviembre, junto al «Bahía de las Islas», del también navegante Ángel Viana, porque ya entonces las borrascas empezaban a entrar con fuerza, mientras que no se abría esa ventana para adentrarse en el Atlántico y cumplir el sueño de llegar a La Martinica, en el Caribe. Lo lograron y comenzaron el año en un nuevo continente. El 1 de enero pisaron tierra caribeña, después de una travesía con nueve etapas que les llevó de Moaña a Madeira, de la isla portuguesa a Lanzarote y de aquí a Canarias a donde llegó el 27 de noviembre Javier Luzuriaga para sustituir a Íñigo Sorazu, como ya estaba programado el viaje. La etapa octava fue entre Canarias y Mindelo en Cabo Verde y desde aquí directos a La Martinica.

Íñigo Sorazi, con Carlos, Josemi e  Ignacio en Moaña. | FDV

Íñigo Sorazu, con Carlos, Josemi e Ignacio en noviembre pasado en Moaña. / Fdv

Aseguran que en Moaña se sintieron como en casa, conocieron los furanchos de San Martiño y pudieron asistir al encendido del alumbrado de Navidad en Vigo. Fueron muchos días de lluvia fuerte y granizo: «En Moaña nos decían no penséis que siempre llueve tanto». Pero después de aquella ventana que les permitió poner rumbo al Atlántico, las borrascas persistieron en Galicia, con unos días de tregua en Navidad. Sus navidades fueron a bordo, con un mar más tranquilo que el de esta costa atlántica, dicen que pescaban y cocinaban lo que caía en el anzuelo, un dorado a la Papillón y pudin de postre para la cena de Navidad, combinando con latas de comida preparada que llevaban. Guardan muy buen recuerdo de la convivencia a bordo, aunque durante la travesía Ignacio recibió una mala noticia familiar que le obligó a regresar pronto a su casa nada más llegar a La Martinica. Vieron espectaculares amaneceres y atardeceres, peces voladores, petreles, garzas y conocieron a gente nueva, otros amantes del mar como ellos, que iniciaron esta aventura por amistad y apasionados del mar.

Ignacio pesca un dorado en el "Embat".

Ignacio pesca un dorado en el "Embat". / Fdv

Reconocen que lo más duro fueron las primeras etapas de Zumaia a Moaña pasando por Gijón, Ares y A Coruña: "Estas cuatro etapas fueron las más duras de la singladura". En Cabo Prión engancharon un arte de pesca y tuvieron que saltar al agua para ver lo que ocurría y echar mano del motor para poder llegar a refugiarse en Ares. Después de los 10 días en Moaña, optan por poner rumbo de nuevo a mar abierto: "Inicialmente la idea era bajar a Canarias por la costa portuguesa. Sin embargo, durante el camino debido a la meteo y también por evitar posibles ataques de orcas y peligrosas artes de pesca, decidimos poner proa Madeira. Unas 650 millas náuticas (nm) por delante". El tiempo es soleado pero se enfrentan a olas de 4 metros cruzadas con navegación dura que les impide cocinar, comer, incluso les quita las ganas de beber. El 20 de noviembre pescan su primer dorado de casi 8 kilos y llegan al puerto de Caletha: "La ducha nos sabe a gloria y nos comemos en el barco unos espaguetis con callos que nos saben también a gloria".

En la playa en Cabo Verde para ver tortugas.

En la playa en Cabo Verde para ver tortugas. / Fdv

Desde Madeira y con rumbo a Lanzarote, las condiciones en el mar ya mejoran y se hace la navegación a vela. Caen en el anzuelo dos serruchos y otro dorado y la tenperatura empieza a subir y ya no llueve. En Lanzarote permanecieron una semana y allí esperaron a la armadora Idoia, mujer del capitán Carlos Arribas, y es cuando se incorpora Javier "Luzu" por lo que despiden con lágrimas a Íñigo, recordando los buenos momentos compartidos.

La séptima etapa les llevó a Gran Canaria y allí se encuentran con Guillermo, un amigo que vive en "Martha", un ketch (velero de dos palos), en donde cenaron a bordo: "¡Espectacular el barco y el picoteo!".

En La Martinica comiendo.

En La Martinica comiendo. / Fdv

Con mar muy movida, batidora como llaman en el argot los navegangtes, ponen rumbo a Cabo Verde, y los mareos vuelven a bordo, sin poder comer. Las guardias se hacen en solitario y ahí empiezan a ver espectaculares amaneceres y atardeceres y pedazos de lunas: "Baja la ola y empezamos con pantalón corto. Todos nos sentimos bien, el humor en el barco ya es pleno". La navegación les permite ver una tortuga a 369 millas naúticas de Cabo Verde, pero les llama la atención que pasan por una zona con muchos plásticos. En esta etapa ya ven el primer pez volador y leen a Moby Dyc o a Julio Verne, mientras que delfines manchados les acompañan un largo rato.

En otro momento de la travesía felicitando el Año Nuevo.

En otro momento de la travesía felicitando el Año Nuevo. / Fdv

El 9 de diciembre llegan a Mindelo: "El norte de la isla es espectacular por el verde y lo abrupto. Vuelta en coche: crater, comemos Katxupa (todo lo que les ha sobrado, pollo, pescado, garbanzos...) muy rico. Ribeira Grande, comemos en un restaurante muy bien (arroz, frango, fruta de pan, plátano asado, ponche, un orujo... ), destilería… y vemos mucha gente haciendo trecking". Seis días después el barco retoma la travesía con previsiones de 4 metros de ola y ráfagas de 30 nudos. Ya a partir del día 17, el tiempo mejora y empiezan los peces voladores que ven todo el día y por la noche aterrizan en el barco. Pescan un peto (parecido a la barracuda) de 1,5 kg y lo preparan en cebiche con aguacate, cenan también filetes de peto con berza y salchichas: "Buen tiempo, ponemos orejas de burro y tiramos toda la noche".

Llega la Nochebuena en el mar, con buen tiempo, aunque el sargazo les fastidia la pesca, pero entra un Dorado y resuelven la cena de Navidad, si bien el motor del barco les da un susto al salirse el cojinete del arbotante. Pero Ignacio bucea y lo solucionan: "Buceo para ver qué es y es el cojinete del arbotante que se ha salido. Hacemos un apaño. Cada uno ayuda como puede: sujetando el cabo que me une para que no me lleva la corriente, preparan do herramientas…. Tras dos horas en el agua, agarrado como puedo , cortando el tope empujando subiendo y bajando, agarrado como una lapa como puedo. Arrancamos a ver que pasa… y ¡bingo! Por lo menos no hace ruido".

En ruta hacia el Caribe.

En ruta hacia el Caribe. / Fdv

Pasan también el 31 de diciembre a bordo, con nostalgia y empiezan el año en otro continente, comiendo ensaladilla rusa y peto cocido con mayonesa. A las diez de la mañana del día 1 ven tierra. La Martinica, ya ante ellos. Dan por finalizado el viaje el 4 de enero. javier e Ignacio regresan ya ese mismo día en avión, Josemi se queda unos días a su aire y Carlos, el capitán, debe buscar plaza de larga estancia para el velero. El "Embat" volverá de regreso a España entre abril o mayo, por las Azores, por lo que alguno de ellos deberá volver a La Martinica para elevar anclas: "Ha sido un sueño cumplido, experiencias, gentes y nuevos caminos a explorar"- Los cuatro volvieron a sus vidas de rutina con la satisfacción del reto logrado. Pero entre todas las experiencias y lugares, en Galicia, y en especial en Moaña, ha quedado un pedacito de cada unio de nuestros corazones", señalan..

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