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Al rescate en barco de los isleños de Ons

El patrón del «Soy Ons Dos» de Nabia, Manuel Pérez, logra llegar a la isla desde Bueu para recoger a las cuatro vecinas y dos trabajadores del Parque Nacional con una mujer que permanecían atrapados por las borrascas

«Non hai patrón coma el»

Así se vivió el rescate de los isleños de Ons

Julio Santos Álvarez

Bueu

Como un piloto que aterriza el avión entre los aplausos del pasaje tras un vuelo complicado, así atracó ayer en Bueu el patrón del «Soy Ons Dos», de la naviera Nabia, Manuel Pérez, tras recoger en Ons, y haciendo frente a olas de 4 metros, a las cinco vecinas que permanecían incomunicadas por la suspensión de los barcos desde hacía días por las borrascas, y también a los dos trabajadores del Parque Nacional das Illas Atlánticas a los que dio el relevo con un guarda que trasladó desde Bueu. «É o mellor patrón das Rías Baixas. Se el non atraca, non o fai ninguén», asegura Isabel Juncal, que ayer por fin pudo dejar la isla con su inseparable perro «Negrito» y reencontarse con su marido, Pepe de Miro, en el muelle de Bueu. También se deshace en elogios al patrón y no porque sea su tía, Palmira Acuña Comesaña: «Con este mar, outro non vai a illa como foi el».

En el barco viajaron de regreso a Bueu cinco mujeres -cuatro de ellas vecinas con casa en la isla entre las que estaban la madre e hija que desde el día 12 estaban sin electricidad en su hogar por la avería en el suministro que afecta a la mitad de las viviendas de la isla; y dos trabajadores del Parque Nacional, con una de sus mujeres, que habían concluido su turno y fueron relevados por otro de los guardas.

La propietaria de la naviera Nabia, que realiza los viajes a la isla y que es hija de Palmira, Susi Acuña, había anunciado que si el tiempo lo permitía y se abría una ventana entre tanta borrasca, navegarían a Ons para recoger a las vecinas, como así fue. A las 11:00 horas, Manuel Pérez partió de Bueu con el pequeño yate, de 12,4 metros de eslora, que la compañía utiliza para grupos pequeños, y entre grandes olas llegó hasta el muelle de la isla, uno de los más complicados de estas rías para atracar y que las olas engulle cuando hay temporal, como el de estos días.

«Tiña moito medo para embarcar. Estaba nerviosísima», señala Palmira a la hora de recordar el momento de subir al barco, atravesando el muelle a los pocos, pendiente de las olas: «Teño 78 anos, son maior e podía darme un golpe». Reconoce que había demasiado mar para hacer la travesía: «O mar era terrible, demasiado picado». Isleña de pura cepa, reconoce que que hubiera preferido quedarse en Ons, como hizo el año pasado que permaneció 11 meses, desde el 24 de enero hasta diciembre, pero también se preguntó qué iba a hacer ella sola si se iban sus vecinas. Asegura que es feliz en la isla, en donde regenta un local de restauración y de habitaciones, que Ons es su territorio, en donde nació, y que, aunque en invierno hay soledad, es un sitio muy tranquilo. El único temor para ella es una enfermedad porque en el archipiélago no hay atención médica, solo cuentan con una persona de primeros auxilios en verano y clama contra esta discriminación con respecto a las Cíes, que tiene médico y hasta Guardia Civil.

La maniobra de atraque para el «rescate» fue complicada, tal y como señala el patrón, que tuvo que entrar y salir del muelle hasta en tres ocasiones para evitar las olas grandes. Manuel, de 52 años, y que lleva 15 en la naviera realizando viajes a esta isla y a Cíes, aunque toda la vida en el mar en barcos de pesca, sabe bien que hay que dejar pasar las tres olas grandes para aprovechar esos cinco minutos de cierta calma que deja el mar. Es ahí cuando aprovechó para acercar el «Soy Ons Dos» hasta las escaleras del muelle para empezar a recoger al pasaje que él conoce con nombres y apellidos, hasta a «Negrito», que siempre viaja sentado en el barco, muy tranquilo, inseparable de su dueña. Manuel sabe que a su cargo tenía un pasaje complicado porque son mujeres mayores. Pero ellas reconocen que con el patrón viajan tranquilas. Isabel Juncal asegura que el mar impone, que hay miedo a embarcar, sobre todo en ella cuando le vienen a la memoria los recuerdos de su bisabuela que murió en una de las maniobras de los antiguos vapores de Cangas: «Non teño a forza de antes. Estive toda a noite rezando a Dios para que non houbera moi mar», dice la vecina, cuyo marido es hijo del que fue farero de Ons.

Sus plegarias y la ayuda del patrón y de los trabajadores de Parques hicieron que la operación Ons resultara un éxito «Viñemos moi ben». Después de la travesía incluso derrochó risas recordando cómo a bordo del pequeño «Soy Ons Dos» abandonaron la isla en medio de grandes mercantes, de 90 metros de eslora, fondeados al abrigo de Ons por el mal estado del mar: «¡E nós neste barco tan pequeno! Foi unha aventura».

Dos de las vecinas de Ons en el barco saliendo de la isla entre mercantes fondeados por el temporal.
|  Santos Álvarez

Estado de las olas junto al muelle de Ons cuando llegó la lancha de Nabia.| / Santos Álvarez

Las isleñas tienen fama de valientes y lo son, pero ellas ven normal vivir solas en la isla en invierno, en el caso de Isabel en esta ocasión fue una semana: «O mar non nos chega ás nosas casas; adaptámonos ás horas de electricidade que temos dispoñibles para facer funcionar a lavadora, a vida é tranquila...», sólo vivía preocupada porque su marido se había ido la semana anterior y seguía solo en Bueu, sin que ella hubiera podido regresar el lunes, como tenía previsto, en el barco que traía a los operarios y que no llegó por culpa de las borrascas. Por fin ayer se reencontró con él en el muelle de Bueu y agradecieron la travesía a Manuel y la ayuda a los trabajadores de Parques: «Con nós, pórtanse de marabilla, son marabillosos e co patrón vou ó fin do mundo», señala Isabel. Su vecina Palmira sentía pena de haber dejado al guarda que en este turno se queda solo en Ons y sin vecinos con los que hablar, entretenerse o echar mano en caso de una necesidad.

Fue una travesía compleja de un invierno más duro que los de antes, pero en la que todo salió bien, como aquella del 22 de diciembre del año pasado, recuerda Manuel, cuando escuchando el Sorteo de Navidad por la radio a bordo, uno de los trabajadores recibió la noticia de que había ganado un 5º premio.

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