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Entrevista | Xaime Fandiño Periodista y escritor

«En Cangas ya somos unos ‘jodechinchos’ más»

Vigués y con casa en O Morrazo presenta en Moaña su novela «Contubernio Picacho»

Xaime Fandiño. | Xoán Álvarez

Xaime Fandiño. | Xoán Álvarez

Moaña

Licenciado en Periodismo por la USC, Xaime Fandiño (Vigo, 1952), formó parte del equipo encargado de poner en marcha la TVG en los años 80, en donde fue jefe de realización y creador de programas. Además de decano de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UVigo, lleva años vinculado a proyectos intergeneracionales y de divulgación sobre la longevidad. Hombre muy vinculado a O Morrazo, muestra este jueves en Moaña su otra faceta como escritor con la presentación de su novela «Contubernio Picacho», ambientada en el Vigo de su niñez y en esta comarca. Será en el salón de plenos a las 20:00 horas.

—¿Qué lugares recorre y qué historia narra en esta novela?

—Es la continuación de mi anterior novela El último concierto y formará parte de una trilogía. Estoy trabajando ya en la siguiente historia.Tal como sucedía en la obra anterior, Contubernio Picacho tiene como eje narrativo y operativo la residencia de mayores A Balea localizada en la ficción en la antigua fábrica de Massó de O Salgueirón. La historia sucede en la pre pandemia y arranca a partir de un bolso que le venden a Oti (una residente) unas personas que tienen un puesto en el mercado de la feria de los viernes de Cangas. Los feirantes poco tienen que ver con los de su alrededor; se trata de una familia menonita (anabaptistas como los Amish) procedentes de Chihuahua en México. Paralelamente a este eje principal, se intercalan acciones e historias de los personajes de la residencia como la de una antigua madame que ejerció en Vigo y que ahora, desde la residencia, no pierde las mañas.. Estas son las preguntas: ¿Qué hace una familia menonita viviendo en O Morrazo? ¿Por qué Lucía, una joven fotógrafa de Coiro desaparecida sin dejar rastro en el Vigo de los sesenta, reaparece en el sigo XXI? Una alegoría a binomio azar/destino.

—¿Cuál es su vinculación con Morrazo?

—Mi padre nació en Cangas, tiene su partida de bautismo en la iglesia de la villa y la mujer de Paco, el gerente de Massó, era la hermana de mi abuelo. De niño venía con mis padres hasta la casa con finca, hoy en ruinas, que tenían al lado de la fábrica. De joven los Salesianos de Vigo, donde estudié, nos traían de excursión a Rodeira y al ballenero a ver los cetáceos. En la pubertad y juventud veníamos la pandilla a tomar los vinos a la Perfeuta en O Forte y en verano solíamos hacer acampada libre en Menduiña. Antes de jubilarnos, pensamos que Cangas era un lugar ideal para pasar esa etapa de la vida y en el 2010 adquirimos un apartamento. Aunque mi compañera y yo somos naturales de Vigo, actualmente vivimos entre Santiago, donde hemos desarrollado nuestra etapa laboral, y Cangas, integrados ya como unos jodechinchos más.

—¿Cómo era ese Vigo y O Morrazo que describe en su libro?

—Con base en la residencia A Balea de O Morrazo, la novela transita entre Vigo y México y se consolida en el triángulo vigués que conforman: El Olivo de la Acera Volada, el barrio de Picacho y la zona de Peniche. Estas localizaciones poco tienen que ver con la ciudad actual, además había tranvías, el barrio del Cura estaba intacto. Hoy muchas de aquellas casas han desaparecido. Concretamente la mía, en la que nací en Pi i Margall, un día pasé por allí y la habían tirado. Muchas de las historias se establecen en escenarios que hoy ya no existen, tales como: la antigua residencia de las Angélicas en Peniche, la Fábrica del Gas en Santa Marta, El cementerio Viejo de Picacho, las Hermanitas…. En la novela, además, los personajes de la ficción interactúan con individuos reales de la ciudad que les ayudan a desenmascarar la historia.

—¿Cómo ha cambiado la ciudad?

—El Vigo de nuestra época, poco tiene que ver con el actual. Por ello la novela, desde la ficción, descubre lugares, personajes y costumbres que a muchas personas de esa generación les traerán grandes recuerdos y, a las nuevas generaciones, les descubrirán un escenario totalmente desconocido.

—¿Y O Morrazo?

—No he sido consciente de los cambios en O Morrazo porque mi residencia estaba en Vigo, pero sí que recuerdo como eran los vapores de ría cuando veníamos aquí, la fábrica de Massó, la Perfeuta y las playas prácticamente salvajes donde no se molestaba a nadie porque éramos unos pocos yeyés los que, guitarra en mano, hacíamos acampada libre.

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