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Jubilación de oro para la perra guía Wama

Son los ojos de María José Cabaleiro en su día a día entre Cangas y Moaña. Wama es su perra guía desde que hace 9 años y 5 meses llegó a ella a través de la Fundación ONCE. Desde el primer momento siempre ha sido su fiel compañera y cuidó de su caminar a ciegas para evitarle peligros. Ahora se jubila como perra guía por un problema de huesos, pero seguirán juntas

María José Cabaleiro con Wama ayer en Cangas.

María José Cabaleiro con Wama ayer en Cangas.

Cangas

Allá a donde se desplaza María José Cabaleiro va Wama, su perra guía labrador, «siempre juntas, a las citas médicas al hospital, a los comercios, restaurantes y eventos con un comportamiento exquisito», reconoce esta vecina natural de Moaña y que reside en Cangas. Cabaleiro destaca la gran compañía y ayuda que siempre le ha dado Wama, a la que le ha llegado su jubilación como perra guía de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE) debido a un problema de artrosis degenerativa que le afecta a su pata trasera.

Pero seguirán juntas: «Ahora me toca a mí cuidarla», dice María José mientras se sienta en una terraza de una cafetería y junto a ella su inseparable perra, a la que premia con un trozo de manzana: «Ella es muy querida y en una frutería del frente marítimo siempre recibe unos trozos de manzana que le encantan», añade esta mujer que quiere honrar a su perra ahora que le ha llegado su jubilación y también agradecer a todas las personas que la han aceptado y mimado..

«Hemos viajado juntas en avión, taxi, autobús y en barco cruzando la ría de Vigo, entre Cangas y Moaña, siempre juntas», insiste esta mujer para la que Wama ha sido sus ojos desde que hace 9 años y 5 meses se la entregó la Fundación ONCE en su Escuela del perro-guía de Boadilla del Monte. La perra tenía sólo año y medio y pasó a ser una más de la familia.

Un primer plano de "Wama".

Un primer plano de Wama. / Santos Álvarez

María José Cabaleiro, que tiene 72 años, perdió la vista prácticamente en su totalidad con solo seis años a causa de una reacción a una vacuna anticatarro después de que la operaran de amígdalas en Vigo y que le produjo el síndrome de Steven Johnson.

No fue una niñez fácil, pero María José, con mucha fuerza interior, salió adelante, y la ceguera no le impidió casarse con un hombre «maravilloso», que ya falleció, y tener dos hijos «también maravillosos» como alude a ellos y también se deshace en elogios para Wama. Este pasado 10 de octubre, la perra cumplió 11 años. Los perros guía suelen jubilarse con 12, salvo antes por alguna enfermedad que les impida seguir haciendo su trabajo. En algunas ocasiones vuelven a la ONCE, no es el caso de María José, ya que Wama seguirá con ella hasta el final.

Si tiene que recordar alguna anécdota de todos estos años con la perra, María José aún tiene en la memoria cuando, al principio, no se dio cuenta y salió con ella siendo las fiestas de Tirán, en donde vive su hija. En la escuela ya le habían advertido de los efectos del ruido en estos animales y, de repente, empezaron a lanzar los cohetes de la fiesta. La perra se paró en seco para que ella no siguiera caminando porque advertía peligro. Wama nunca más volvió a caminar con ella por ahí porque lo vincula a peligro.

No olvida tampoco cuando estando en casa se atragantó y el animal se levantó rápidamente y empezó a darle con su pata en las piernas para que reaccionara. María José dice que le salvó la vida: «Todo son cosas preciosas. Muchos humanos tenemos que aprender de los animales que son muy fieles». Acaba con la frase que siempre le dice a Wama cuando al final del día llegan a casa: «Eres una campeona».

«Todas las personas la han querido y mimado»

María José Cabaleiro recibió a Wama el 26 de mayo de 2016 en la Escuela del perro-guía en Boadilla del Monte, en Madrid: «Desde el primer momento ha sido mi fiel compañera, ha guiado mi caminar con exquisita elegancia» y nunca han tenido rechazo. Muy al contrario, «la han aceptado y admirado por todos lados y ha sido mimada y querida por todos».

Por eso que esta vecina de Cangas quiere «dar las más infinitas gracias a todas esas personas que la han mimado, acariciado y respetado. Para mí ha sido muy importante». Ya tramitó la baja de Wama como perra guía en la ONCE y ahora pasará a ser suya: «Seguiremos estando juntas, daremos cortos paseos». Dice que, como invidente, las personas ciegas tienen con estos animales «una total libertad de movimientos, una total confianza que nos evita y aparta de obstáculos y peligros. Hemos estado en balnearios con compañeros de la ONCE y siempre ha llamado la atención su educación».

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