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Entre tazas de vino y castañas

San Martiño en Moaña afronta hoy uno de sus días grandes en honor al Carmen

Uno de los furanchos, ayer, en San Martiño.

Uno de los furanchos, ayer, en San Martiño. / Santos Álvarez

Cristina González

Moaña

Los furanchos ya están a tope en San Martiño, en la cuna del municipio de Moaña. Suso Valverde uno de los habituales furancheiros se ha abastecido con unos 1.000 litros de vino, todo de la zona, como asegura, para saciar la sed en estas fiestas que atraen no sólo a vecinos de O Morrazo sino del otro lado de la ría. Valverde prepara también las castañas que se degustarán junto a las tazas al calor de los primeros fuegos encendidos del otoño. Ayer ya bajaron las temperaturas y muchos buscaban el cobijo de los furanchos para protegerse más del frío que de la lluvia, que amenaza con pasar por agua el día grande del martes por una borrasca que nos manda Irlanda. Para hoy habrá tregua, pero sólo por la mañana, según la predicción de Meteogalicia.

Entre tazas de vino y castañas

Suso Valverde prepara castañas en su furancho en San Martiño. / Santos Álvarez

El presidente de la comisión de San Martiño, Humberto Gestido, sube y baja de la parroquia, controlando que todo el programa salga bien. Hay 14 furanchos —8 en el recinto de fiestas y 5 en bajos de casas— mucha verbena, charangas y también hay que cuidar el alma con las celebraciones religiosas en la iglesia. Hoy es uno de los días grandes con la festividad en honor a la Virgen del Carmen, con misa solemne a las 12:00 y posterior procesión. Estarán las Bandas Airiños do Morrazo y Musical de Tenorio y las orquestas La Banda de Ayer y Trío Tic Tac.

Gestido asegura que los furancheiros repiten prácticamente todos, son fieles; en el recinto de fiestas, todos de Moaña y en los bajos de casas los hay locales y también de fuera, de Rois y de Pontecesures. No se arriesga a dar una cifra de litros de vino que se beberán estos días, pero dice que muchos, como también de cerveza: «Se despacha mucho». Uno de los furanchos más tradicionales es, respetando a todos, el de «A casa de Pereira» con su mostrador de 1800, testimonio de un pasado, aunque ya no haya quien levantó acta, de que allí hubo taberna y que estos días explota Roberto.

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