El «nuevo» Museo Massó se estrena con más de 170 visitas y ultima rutas guiadas
La dirección prepara los contenidos para ofrecer en breve recorridos por los nuevos espacios rehabilitados | La Sala Lugrís y la Salazón Piñeiro acaparan la atención

Un grupo de visitantes en la Sala Urbano Lugrís, en la que destacan los cuadros de gran formato pintados en la década de 1940. / Gonzalo Núñez
El Museo Massó de Bueu estrenó ayer una nueva etapa, con el primer día después de la inauguración de los espacios rehabilitados que le permiten ganar 700 metros cuadrados de superficie expositiva. Un primer día en clara competencia con la playa y el calor, pero en el que aún así se contabilizaron más de 170 visitas. Y ello sin contar a las muchas personas que se acercaron a conocer la Salazón Piñeiro, donde no es necesaria entrada, y que dejaron para otro momento el recorrido por el resto del recinto museístico.
Para medir el tirón de la obra entre el público todavía habrá que dejar pasar un tiempo, pero desde la dirección del Museo Massó destacan la buena acogida y expectación por parte de los visitantes que acudieron ayer las nuevas salas. Y algún detalle curioso, como el de una familia que el mismo día de la apertura –el martes a mediodía– aprovechó para hacer las fotos de la Primera Comunión de uno de sus hijos en la Sala Urbano Lugrís. El joven, con su traje de marinero, posó delante de los cuadros de gran formato del artista.

David García
El museo aprovechará el interés suscitado por el proyecto de ampliación para ofrecer próximamente una serie de visitas guiadas por los espacios rehabilitados. Serán recorridos para conocer la historia de los edificios, su importancia y sus singularidades. Una de las prioridades durante las obras fue la conservación y restauración de las estructuras de madera, como la cubierta de castaño de la Sala Lugrís y la combinación de vigas de eucalipto y tirantes de pino tea en la nave de la antigua fábrica. La directora del Museo Massó, Covadonga López, destaca la investigación de Manuel Touza, del Centro de Innovación e Servicios Tecnolóxicos da Madeira de Galicia (CIS-Madeira), que en la jornada inaugural fue el encargado de mostrar algunos de los secretos al conselleiro de Cultura, José López Campos.
La Sala Urbano Lugrís será uno de los lugares de referencia del Museo Massó. Una de sus paredes está cubierta íntegramente con los cuadros de gran formato que pintó el artista durante la década de 1940, cuando trabajaba para los Massó. Una sucesión que se completa con otra de esas pinturas que ocupa toda la pared del fondo.

Una familia, ayer, en la rehabilitada Salazón Piñeiro. | Fdv / Fdv
En el otro lado de la sala hay una vitrina que llama especialmente la atención por los libros, láminas e instrumentos de navegación que hay en su interior. Son fondos de la colección del Museo Massó, a los que Lugrís tuvo acceso durante su estancia en Bueu y cuando el museo era privado y de acceso restringido. «Fueron para él una fuente inagotable de inspiración. A partir de aquí crea su propia cosmografía, mágica y fabuladora, en la que se fusiona esta colección con el mundo de los decorados del teatro de títeres y las lecturas juveniles de Julio Verne», explican.
Esta parte del recorrido se completa con la historia alrededor de la construcción de la capilla de Santos Reis, un encargo de José María Massó, que en aquel momento era también alcalde de Bueu. Entre los fondos expuestos destacan los bocetos originales realizados por Urbano Lugrís, datados en 1948, y que tras décadas de olvido y desconocimiento fueron hallados de casualidad hace más de 25 años en lo que entonces era el desván del Concello de Bueu. Los dibujos son propiedad del propio Concello, pero desde 2011 están en depósito en el museo para su conservación y ahora pueden volver a verse.
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