Lugrís se muda a su nueva casa
El Museo Massó traslada los lienzos de gran tamaño del artista a la sala que llevará su nombre

Gonzalo Núñez
Las pinturas con las que Urbano Lugrís decoró en 1948 las paredes de la antigua conservera de Massó ya descansan en su nuevo destino, en la sala que lleva su nombre en el Museo Massó. Ayer se realizó el traslado de estas obras con una grúa y reubicándolas desde el exterior del centro.
Apenas unos metros separan el almacén del Museo Massó en el que estaban depositados los lienzos de gran formato del pintor coruñés de su nuevo hogar en la flamante Sala Urbano Lugrís, en el mismo centro museístico buenense. Nada que haga pensar a un profano en la necesidad de acometer una operación de traslado de la complejidad de la que se desarrolló ayer, con la participación de media docena de operarios, un camión grúa y con prácticamente una jornada entera de trabajo.
Y es que el tamaño de estas obras –las mayores miden 7,6 metros y 6,7 metros – hacían inviable moverlas a través de la estructura del edificio, obligando a sacarlas al exterior y a levantarlas para introducirlas nuevamente en la primera planta a través de un balcón. Así se hizo ante la atenta mirada de los paseantes, que se encontraron con un llamativo despliegue en pleno casco urbano, afectando incluso al tráfico rodado en Montero Ríos.

Los cuadros fueron sacados por la puerta principal del museo. | Gonzalo Núñez
La ocasión sin duda lo merecía. Y es que estas obras serán uno de los principales focos de atracción de la futura Sala Lugrís, un espacio orientado a glosar la figura de un artista fuertemente vinculado a Bueu, en donde ha dejado una huella indeleble con diferentes manifestaciones de su trabajo.

Operarios preparando las cajas para trasladar los cuadros sin causarles daños. | G. Núñez
La planificación fue tan meditada como cuidadosa. Descartada la opción de mover los seis lienzos a través de la escalera –todas se encontraban en la planta baja, dos en exposición y las otras cuatro en el almacén– se decidió subir las des de mayores dimensiones por el exterior, a la primera planta del inmueble que acogía antiguamente la Salazón Piñeiro. Previamente hubo que embalar cada una de las pinturas en una estructura que las protegía de cualquier daño. A continuación se sacaron del museo y se amarraron con unos arneses a la grúa para elevarlas a la primera planta. Allí un par de operarios aguardaban para introducirlas nuevamente en el interior del edificio, en una zona casi contigua a la futura Sala Lugrís.
La operación no era extraña, ya que había tenido un ensayo previo el pasado mes de abril, cuando usando el mismo método se introdujeron en el edificio las estructuras metálicas que albergarán las pinturas. Eso sí, en este caso el material transportado era mucho más delicado y obligaba a una precisión quirúrgica. Así se hizo, repitiendo la misma dinámica una vez más, ajustando la caja protectora a las medidas de esta pintura. Pasadas las seis de la tarde se puso fin a los trabajos en el exterior con la retirada del camión grúa.
Resta la colocación de estas pinturas y del resto de la obra en la nueva sala, poniendo el punto y final a la ampliación del Museo Massó, un proyecto de 1,4 millones de euros que espera ahora su inauguración al público.
Suscríbete para seguir leyendo
- Una mujer «Spider-Man» que trae de cabeza en Moaña
- Final feliz a cuatro días en altura
- La Policía evita que la pareja de O Real okupe otra casa en Touzal
- Cangas instalará cámaras de control de tráfico urbano y supervisará la rotación de coches aparcados
- Abal prepara un giro radical en las Fiestas del Cristo de Cangas
- Pontevedra pide dos meses de veda en el pulpo y poner límites al resto de artes
- El vino moañés «Raigames», con otro Oro en Vinespaña
- La Xunta tramita un nuevo camping rústico en Bueu: ocho cabañas en Cela
