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El moañés que ganó la Lotería de Navidad en 1915

Arturo Iglesias se llevó parte del Premio Mayor cuando hacía el servicio militar

La fotografía de tres de los premiados con Arturo Iglesias a la derecha.

La fotografía de tres de los premiados con Arturo Iglesias a la derecha. / Archivo familiar de Fernando Costas

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Moaña

La Lotería de Navidad, que hoy tiene a todo el país pendiente, es una de las tradiciones más antiguas de estas fechas en España. Se remonta a 1812, en plena Guerra de Independencia. A lo largo de más de dos siglos son innumerables las personas a los que la diosa fortuna cambió la vida. Aunque O Morrazo parezca siempre esquiva a esta suerte, también hay ejemplos de personas afortunadas. Y uno de ellos es el de Arturo Iglesias Chapela.

El moañés que ganó la Lotería de Navidad en 1915

La tripulación del acorazado "Alfonso XIII" celebrando el premio. / Archivo familiar de Fernando Costas

Hay que remontarse al 1915. Este moañés de unos 18 años estaba haciendo el servicio militar en el acorazado «Alfonso XIII», que entonces era un barco muy reciente. Lo que hoy llamaríamos Premio Gordo y hace un siglo se denominaba como Premio Mayor cayó en el 48685, que tenían los tripulantes de ese buque de la Armada Española.

El nieto de Arturo Iglesias, el vecino de Moaña Fernando Costas Iglesias, recibió recientemente las fotografías de aquella tripulación celebrando el premio. «En la familia siempre fuimos conscientes de que mi abuelo había ganado esa lotería, porque aquello le cambiaría la vida», apunta.

El moañés que ganó la Lotería de Navidad en 1915

Los tripulantes, en el buque de la Armada Española. / Archivo familiar de Fernando Costas

A Arturo Iglesias le tocaron «entre 4.000 y 5.000 pesetas, que en la época era todo un dineral», apunta el descendiente del premiado. Describe como, gracias a ese dinero, «mi abuelo pudo comprar parte de los terrenos que ahora tenemos en la familia. También se pudo sacar el título de Patrón de Costa y dar un salto que era imposible en una familia humilde», recuerda.

De cara al sorteo de hoy los morracenses batieron récords en la compra de décimos. La ilusión está más alta que nunca y cualquiera puede ver su vida cambiar, como ya ocurrió a un moañés a comienzos del pasado siglo.

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