El esquivo acceso a la torre de Meira
Árbore Arqueoloxía inició la cuarta fase de las excavaciones en la torre medieval de Meira. Antes de Navidad los trabajadores identifican y retiran piedras de la estructura principal que se extienden por la ladera trasera. Esperan determinar cuál era el acceso original en la Edad Media desde el patio de armas.

Parte del equipo de trabajo, ayer, identificando piedras que formaban parte de la propia torre. / FdV
Cinco trabajadores empezaron, esta semana, la cuarta fase de las excavaciones arqueólogicas en la torre medieval de Meira. Ayer descubrían piedras caídas de la estructura principal sobre su ladera trasera. Esta tarea, en la parte más alta del conjunto, se extenderá al menos hasta Navidad. «Las piedras que forman la loma del monte proceden de la propia torre destruida, solo con retirarlas conseguiremos que la parte reconstruida gane presencia y sea más visible tanto desde la entrada para visitantes como desde el valle», explica el arqueólogo Benito Vilas.
Además, se utilizarán para elevar un poco la cara de la torre que recibe a los visitantes en el acceso acotado con postes de madera y una cuerda, ganando también en visibilidad. Otra intención de esta primera parte de los trabajos es determinar en qué punto se encontraba la subida original a la torre desde el patio de armas. Se cree que es por la misma parte trasera en la que hoy se trabajaba «aunque debería tener algún recorrido por razones defensivas». Y es que sacar a la luz este acceso, permitiendo acceder a la torre tal y como se hacía en el siglo XIV, podría ser el objetivo en el caso de que se lleven a cabo otras fases de trabajo arqueológico.

Resto de un asa de cerámica, descubierto ayer. / FdV
En los primeros dos días de excavaciones quedó patente, una vez más, la riqueza de este yacimiento medieval. Pues aparecieron «varios fragmentos de cerámica, fragmentos de teja que proceden de la propia torre, restos de huesos de animales e incluso restos metálicos. Ahora todo debe lavarse y estudiarse con detenimiento para saber qué utilidad tenían», añade Vilas. Reconocen, desde la empresa Árbore Arqueoloxía, que es un yacimiento «muy agradecido» por la cantidad de piezas con valor histórico que encuentran y por la belleza del entorno, con vistas sobre todo el valle moañés y sobre la ría de Vigo.

Trabajos, con la estructura reconstruida de la torre al fondo. / FdV
En 2025 los trabajadores trasladarán su operativo al propio patio de armas, sobre el que habían actuado en la tercera fase. Después de descubrir una estancia principal de unos 80 metros cuadrados, con una bella entrada en arco, en esta campaña se centrarán en un espacio anexo, también del patio de armas. Sus dimensiones se estiman algo menores que las del espacio comunitario ya sacado a la luz y la función que tenía se desconoce todavía. «Podría ser una caballeriza, una armería o un almacén», apunta el arqueólogo. Solo el trabajo sobre el terreno demostrará si existen evidencias para determinar cuál era su función.
También se excavará y tratará de reconstruir el muro que parte hacia el frente del gran salón del patio de armas, que posiblemente delimite un espacio abierto.
En excavaciones anteriores aparecieron piezas importantes como cerámica de manises del tipo “flor de yedra” que denotaba un comercio con el Mediterráneo, o una llamativa piedra con forma de pene, cuyo hallazgo dio la vuelta al mundo.

Restos de teja procedente del edificio medieval. / FdV
En la segunda fase de las excavaciones, en el año 2022, quedó patente que todo el complejo contaba con ocupación permanente, más a modo de un castillo, que de una simple torre de vigilancia. Aunque se desconoce la fecha exacta en la que se construyó la torre de Meira, sí que está clara su destrucción durante la segunda Revuelta Irmandiña (1467-1469) y está documentado que Pedro Álvarez de Soutomaior encargó desmontar la estructura en su totalidad en 1476.
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