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Los testigos, clave para vincular la fosa de Salvaterra con moañeses fusilados

Los historiadores que estudian la identidad de los cinco represaliados enterrados en Cabreira en 1936 recurrieron a vecinos que vieron lo ocurrido | El 18 la USC inicia las excavaciones

Representantes del Concello, historiadores y familiares de los «paseados», ayer.

Representantes del Concello, historiadores y familiares de los «paseados», ayer. / | Santos Álvarez

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Moaña

Los cuerpos de los hermanos moañeses Eugenio y Manuel Cancelas; de los también hermanos Manuel María y José Benito Blanco y de José Vázquez se encuentran en paradero desconocido desde que fueron represaliados por el bando sublevado el 18 de octubre de 1936, pocos meses después del estallido de la Guerra Civil. El próximo 18 de noviembre un equipo multidisciplinar de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), en virtud de un convenio con la Xunta, empezará a excavar en la fosa de la parroquia de Cabreira, en Salvaterra de Miño, en donde hay serios indicios de que se encuentren estos cinco «paseados».

Ayer presentaron los trabajos los historiadores que llevan años detrás de la identidad de los que en Cabreira conocen como «los cinco sin nombre»: Anxo López y Antón Lorenzo «Xaque», integrados en la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica do Baixo Miño-Louriña. Desde que intensificaron sus averiguaciones en el año 2018, están convencidos de que los moañeses son los que yacen en los montes de su parroquia.

En sus averiguaciones colaboraron el directivo de la Asociación de Amigos Johan Carballeira, Xosé Novas, o el exalcalde de Moaña, Cándido Pena «que nos puso en contacto con los descendientes de los asesinados». Lograron el permiso de los familiares para obtener muestras de ADN que esperan cotejar con los restos que se encuentren en la fosa y determinar si realmente son los moañeses. En la presentación de ayer estuvieron presentes varios de estos familiares como Luis Vázquez Blanco. Tres de los represaliados eran sus tíos y su propio padre «se libró por suerte, porque justo cuando se lo iban a llevar alguien dijo que él no era a quien buscaban». Luis Vázquez y su hijo Manuel explicaron que su familia nunca buscó a los «paseados» porque consideraban que «habían sido fondeados en el mar, algo muy habitual durante aquella represión». Ahora tienen una oportunidad de poder enterrar como se merece a sus antepasados.

Los historiadores explican que acudieron a varias fuentes documentales. Las actas judiciales describían las edades aproximadas, sus ropajes y sus características físicas, pero no su identidad. Se señala que los cinco mueren por una «hemorragia penetrante en el tronco» y dos de ellos cuentan con daños en el cráneo que reflejarían tiros de gracia. De mucha más ayuda fue la tradición oral, hablando con testigos de lo ocurrido, que entonces eran niños. «Hay tres testimonios que van en la misma línea y nos marcan el momento y la hora en la que fueron fusilados, porque vivían al lado y escucharon los tiros y fueron a ver lo que pasaba».

En otro punto de los montes de la parroquia se produjo el entierro, que según los datos que manejan los historiadores «todo apunta a que se produjo metiendo los restos en tres cajas y fueron velados durante horas». El directivo de la Agrupación Cultural Nós, Jesús Cancelas Franco, explicó que Manuel Cancelas «era miembro del sindicato CNT y de la FAI e incluso participó en un congreso de esta central sindical en Zaragoza», por lo que era un sindicalista destacado en la época. Los trabajos sobre el terreno podrían solventarse en poco más de una semana «porque los restos están ahí, de eso no hay ninguna duda», señalan los historiadores. Faltaría después por determinar su identidad.

El equipo de la USC estará formado por los grupos de investigación Histagra y AEVUM, el Instituto de Ciencias Forenses Luis Concheiro y el Instituto de Medicina Legal de Galicia.

Una placa para una historia muy popular en la parroquia

«En Cabreira la historia de los cinco fusilados es muy popular entre todos los vecinos que tienen más de 70 años. Hasta el punto de que la tradición en Semana Santa marca que el párroco se detiene a rezar ante la fosa antes de ir al cementerio», explicaba ayer Anxo López.

Hay que recordar que en octubre del año pasado se instaló una placa en su memoria, todavía sin conocer su identidad con total certeza. La primera idea de que pudieran ser de O Morrazo la encontró Xosé Novas en el libro de «Memorias» de Luis Pérez Álvarez, en el que aparece una relación de “paseados” de la comarca. Si son los moañeses, fueron fusilados con edades de entre 22 y 32 años.

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