A Bicha, historia panadera que no se pone "resesa"
La conocida panadería, el negocio más longevo de Bueu, celebra mañana su 190 aniversario

De izq. a dcha: Fernando García Lorenzo, Guillermo Moreira Lorenzo y Digna Catalina Lorenzo, en el nuevo despacho y con el antiguo horno de leña. En brazos de Guillermo su hijo Mahè, representante de una posible séptima generación. / Gonzalo Núñez
Hablar de pan en Bueu y en O Morrazo es hablar de A Bicha. Es el negocio más antiguo de cuantos existen en el municipio y es probable que sea el decano de la comarca de O Morrazo. Los orígenes se pierden entre los rastros de la harina y de la masa con la que se elabora el pan, pero sus responsables apuntan al año 1834 y por ello mañana sábado organizan una fiesta de 190 aniversario.
Una celebración que servirá estrenar la reforma realizada en el despacho y obrador que ocupa en el corazón de Banda do Río desde el año 1953. Un espacio en el que tiene un lugar preferente un recuerdo al horno de leña que sirvió para cocer tantas y tantas barras de pan, que sirvieron para alimentar y aliviar el hambre de incontables personas.
La primera referencia de una panadería en Bueu data de 1834 en la zona de Pescadoira. No está del todo claro que los dueños fuesen los fundadores de A Bicha, pero recurriendo al inmenso final de una de las grandes películas de la historia del cine se podría decir que “esto es el Oeste; cuando la leyenda se convierte en hechos, imprime la leyenda” [“El hombre que mató a Liberty Valance”, de John Ford (1962)]. Los hechos corroborados sí que confirman que al menos en 1860 la panadería A Bicha ya tenía el horno encendido para hornear el pan y lo cierto es que desde entonces no se ha vuelto a apagar.
Ahora mismo está al frente del negocio la sexta generación, con Guillermo Moreira Lorenzo y Fernando García Lorenzo. Y sobre ellos la atenta mirada de la representante de la quinta generación, Digna Catalina Lorenzo del Río, que aunque ya está jubilada sigue dejándose ver por un establecimiento que hace honor a la verdadera tradición familiar. Una forma de trabajar artesana, basada en el buen hacer y que sirve para que ese piropo de “estás más buena/o que el pan de A Bicha” siga plenamente vigente. En definitiva, una tradición que no se pone “resesa”.

Digna Catalina junto a su sobrina Clara, en 2013, cuando aún funcionaba el horno de leña del obrador. / Gonzalo Núñez
Los pioneros fueron Benito Pousada Barreiro y Josefa Lijó Millares, que se casaron el 4 de mayo de 1844. Benito Pousada en realidad comenzó a trabajar como zapatero, pero parece que con el tiempo dejó los zapatos y se pasó a la harina y al horno de pan. Ellos iniciaron lo que se puede considerar como una dinastía panadera: su hija Florentina Pousada Lijó se casó en abril de 1883 con Francisco Lorenzo Lorenzo y tuvieron un hijo llamado Francisco Lorenzo Pousada, que a su vez contrajo nupcias con Carmen “Carmela” Santos Santos. El negocio se trasladó a la entonces conocida como calle del Príncipe (hoy Eduardo Vincenti), a un bajo situado delante del Restaurante Quintela y más tarde a la Avenida Montero Ríos, justo al lado del hoy Hotel Incamar.
De este matrimonio nacieron nueve hijos –aunque alguno parece que murió de pequeño– y los que siguieron con la tradición panadera fueron Amador y José Guillermo “Xeso” Lorenzo Santos. Cuando falleció Amador Lorenzo sus hijos se establecieron por su cuenta y fundaron la hoy Panadería Amador, que acaba de ser vendida. Mientras, al fallecer Xeso fue su viuda, Dolores “Lola” del Río Freire quien siguió adelante con la Panadería A Bicha. Para entonces el negocio ya estaba en su actual ubicación, en el número 57 del barrio de Banda do Río.
Xeso y Lola tuvieron seis hijas y dos hijos. La continuadora de la saga fue Digna Catalina Lorenzo, nacida en 1949 y representante de la quinta generación, en la que todos los hermanos arrimaron el hombro. O más bien, amasaron pan.

Lola del Río, la madre de Digna Catalina Lorenzo, trabajando en la panadería A Bicha. / Archivo familiar
En el mundo empresarial hay una especie de dicho que reza que los negocios familiares no suelen superar la tercera generación. No es el caso de A Bicha, que puede presumir de buena salud y de doblar ese número.Desde la jubilación de Digna hay una sexta generación con muchas ganas, ideas y pasión por el mundo del pan. Ahí están su hijo Guillermo y su sobrino Fernando.
En abril de 2013 la Xunta de Galicia, a través de la Dirección Xeral do Comercio, y Fecimo ya le brindaron un homenaje como el negocio más longevo de Bueu en el marco de la campaña “A semana do teu comercio. Unha semana, un comercio, unha historia”. En diciembre de 2019 la panadería dejó de estar a nombre de Digna como persona física y empresaria individual para constituirse como una sociedad limitada bajo la denominación de Panadería A Bicha.
Una forma de incluir definitivamente en su denominación social un nombre y apodo que forma parte de varias generaciones de Bueu. Ahora esta sexta generación está intentando recopilar información y documentación precisa sobre la fecha exacta de su constitución. Hasta el momento han contado con la inestimable ayuda del investigador y experto en historia de Bueu Arturo Sánchez Cidrás; del archivero del Concello de Bueu, Belarmino Barreiro; y de la investigadora y gestora cultural Loli Docampo. “Queremos confirmar si es la panadería en activo más antigua de Galicia... y quién sabe si de España”, concluye Guillermo Moreira Lorenzo.
Una estrecha relación con el mundo del mar
La Panadería A Bicha está enclavada en pleno barrio de Banda do Río, la zona marinera de Bueu. El establecimiento guarda una estrecha relación con el mundo del mar y de alguna manera es una especie de superviviente de una época caracterizada por el auge de la fábrica conservera de Massó y por una actividad pesquera a pleno rendimiento. “El pan era más apreciado y consumido que ahora. A veces era tanta la demanda que se tenían que sacar varias hornadas al día y se veían obligados a cocer incluso hasta última hora de la tarde”, explican.
En aquella época de apogeo la clientela de A Bicha no era solo de Bueu. Los barcos del bonito que se marchaban para pasar varios días en el mar le encargaban el pan. “Tampoco había repartidores en coche y eran mujeres con grandes cestos sobre la cabeza quienes llevaban el pan a las aldeas. Llegaban incluso a Beluso, Bon o Aldán en los antiguos autobuses que hacían el transporte de línea por la Península do Morrazo”, cuentan desde A Bicha.
La familia de A Bicha aún tiene otra vinculación con el mundo del mar. El abuelo de Digna Catalina Lorenzo era José del Río Casal, nacido en San Adrián de Cobres (Vilaboa). Fue él quien abrió la carpintería y astillero de Banda do Río en el año 1916, un espacio que se conoce popularmente como “A de Purro” porque su último responsable fue Manuel González “Purro”. Mañana sábado esas dos almas de A Bicha –la panadera y la marinera– confluirán casi sin quererlo. Por un lado estará la fiesta para estrenar las nuevas instalaciones y, por el otro, Os Galos estarán celebrando su XXV Encontro de Embarcacións Tradicionais, con Fernando García Lorenzo como uno de sus patrones.
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