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La falta de personal y la subida de impuestos obliga a la hostelería a reducir horarios y servicios

El sector lleva semanas intentando completar sus plantillas de cara al verano | Pide a los concellos la formación de jóvenes para el sector

Un camarero atiende ayer una mesa en una terraza en el Eirado do Señal de Cangas. |

Un camarero atiende ayer una mesa en una terraza en el Eirado do Señal de Cangas. | / GONZALO NÚÑEZ

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O Morrazo

La llegada del mes de junio supone el pistoletazo de salida de la temporada alta del turismo en O Morrazo. Se trata del gran impulsor del empleo en la comarca, como se refleja en el hecho de que, en el último mes, los servicios protagonizasen siete de cada diez nuevos contratos. Sin embargo, los hosteleros se vuelven a encontrar con un problema que se agravó desde la pandemia de COVID-19: la falta de personal suficiente para cubrir los puestos de trabajo. “En junio tenemos que tener los equipos listos para el verano, pero casi todos los locales sufrimos, sobre todo, de falta de camareros”, explica Gustavo Soliño, de la Asociación de Restauradores de Cangas (Areca). Las redes sociales se llenan de carteles de bares y restaurantes de la comarca solicitando personal y rara vez esos puestos se cubren. A esto se suma la creciente subida de impuestos que sufre el sector en los últimos años y el mayor coste de la materia prima por la inflación.

Ante esta situación no son pocos los hosteleros que optan “por renunciar a crecer, manteniendo horarios o incluso apostando por menos clientes pero con un consumo más alto”, indican desde Cangas. Sus compañeros moañeses apuntan a que esta situación incluso lleva a hosteleros a “preferir reducir horarios, porque con más gastos los márgenes que tenemos ahora son muy bajos y no compensan. Cambió mucho la hostelería en los últimos años”, añaden desde la Asociación de Hosteleiros de Moaña.

Los restauradores de Cangas insisten en que una forma de aliviar este problema pasaría por que los concellos ofreciesen en sus escuelas-taller formación a los jóvenes como camareros y como cocineros porque a la falta de personal se añade que los que se interesan por las ofertas de trabajo no están formados. “Lo pedimos durante la pandemia y solo se hizo algo en este sentido en Moaña”, indican.

El Obradoiro de Emprego que se hizo en Moaña en su día tampoco resultó efectivo para contar con personal pues muchos de los alumnos declinaron después seguir en el sector. Desde Moaña los responsables de bares, cafeterías y restaurantes también solicitaron al Concello nuevos cursos de formación pero centrados sobre todo en jóvenes que se puedan incorporar al sector. “Hasta hace unos años era habitual que los estudiantes quisieran trabajar en verano como camareros para ahorrar. Pero ahora cada vez es más difícil encontrar trabajadores de este perfil”, apuntan desde Moaña.

Un cartel en un local pidiendo empleados. |  // GONZALO NÚÑEZ

Un cartel en un local pidiendo empleados. | / GONZALO NÚÑEZ

La situación es muy similar en Bueu, aunque también hay diferencias de opinión entre los hosteleros. Algunos de los más veteranos lo tienen muy claro: “La falta de personal es acuciante, tanto en cocina como camareros. Mucha gente tiene problemas para contratar personal, pero es una situación que ya viene de los últimos años y que se agravó a partir de la pandemia”, reconocen. Una situación que en algunos casos obliga a renunciar o reducir servicios, como la cocina o incluso la atención en terrazas. A ello hay que unir en muchos casos la falta de formación. “Lo de formar a mucha gente nosotros mismos ya es algo casi impepinable”, reconoce uno de los directivos de la Asociación de Empresas de Hostalaría de Bueu (Aehbu).

Los colectivos de hosteleros reconocen que “un camarero debería cobrar un salario más alto”, pero añaden que con los márgenes que tienen en estos momentos “eso implicaría cobrar un café a 3 euros, por ejemplo. Sería convertir el ocio en un lujo para la mayoría de los vecinos”, lamentan.

Algunos optan por cerrar la cocina o la terraza por falta de empleados

Desde Areca también ponen en contexto las declaraciones de autoridades pidiendo horarios “más europeos” a la hostelería. “No tiene sentido que se censure tener el restaurante abierto a medianoche cuando los centros comerciales o los supermercados en verano ya abren hasta las 22.00 horas. Mucha gente hace recados o está trabajando hasta esa hora y no reservan para cenar hasta las 23.00 horas”, relatan.

La falta de personal ya supuso, el año pasado, que muchos locales contratasen a menos gente de la que necesitarían tener en plantilla y este año todo apunta a que ocurrirá lo mismo. La hostelería moañesa incluso deberá duplicar esfuerzos para atender las barras de los festivales y eventos municipales y, a la vez, no tener que cerrar sus propios negocios.

La falta de mano de obra tiene también como causas que las generaciones jóvenes son cada vez más pequeñas, debido a la crisis demográfica que atraviesa Galicia, a lo que se suman las bajas tasas de paro actuales. Según los datos que se hicieron públicos el martes la comarca entra en junio con 3.895 trabajadores anotados en la Oficina de Emprego, lo que supone 574 desempleados menos que hace un año. Pero también hay otras razones relacionadas con cierta picaresca y la economía sumergida. “Hay personas a las que llamas para venir a trabajar, pero te dicen que están cobrando un subsidio o una prestación y luego eso lo completan con algún otro trabajo por detrás y con eso ya ganan más de lo que cobrarían con un contrato en la hostelería”, cuentan algunos de los hosteleros consultados.

El estigma de las jornadas interminables y la competencia de chiringuitos y furanchos

El sector de la hostelería arrastra la fama de largas jornadas de trabajo, sin contrato y donde no siempre se pagan las horas extra. “Es una imagen del pasado. No digo que no pueda ocurrir en algún caso puntual, pero las condiciones mejoraron muchísimo desde hace años”, aseguran hosteleros de Bueu. Alguno pone como ejemplo el caso de jóvenes empleados, que renuncian incluso a una jornada completa y que optan por una media jornada y un sueldo de 900 euros. El sector también apunta hacia la competencia que suponen los furanchos –cuyo periodo de apertura acaba el próximo 30 de junio– y los chiringuitos de playa. “No hay una competencia equitativa, no jugamos con las mismas normas. Es algo que realmente es necesario revisar”, denuncian algunos hosteleros. Hacen mención a los costes de contratación, diferencias en impuestos y tasas, horarios de apertura o servicios. “Algunos hacen su agosto en esta época y luego los clientes vienen a nuestros locales a usar los aseos”, ponen como ejemplo algunos hosteleros de la comarca de O Morrazo

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