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El triste cumpleaños de los bomberos de O Morrazo

El parque comarcal cumple 17 años en medio de continuos cierres por falta de personal

El parque comarcal de bomberos, ayer, cerrado y hoy está previsto que vuelva a permanecer cerrado.

El parque comarcal de bomberos, ayer, cerrado y hoy está previsto que vuelva a permanecer cerrado. / Santos Álvarez

O Morrazo
El parque comarcal de bomberos de O Morrazo está hoy de cumpleaños. Un 17 de agosto de 2006 se celebró el acto inaugural de las instalaciones en el polígono de Castiñeiras, en Bueu, y el servicio comenzó a funcionar desde el 18 de agosto, con una plantilla de 16 personas. A lo largo de estos 17 años ha pasado por todo tipo de vicisitudes, pero ninguna tan grave como el actual conflicto laboral que por primera vez ha llevado a un cierre reiterado del parque.

Los Bombeiros do Morrazo celebran hoy el cumpleaños más triste y amargo de su historia. La conmemoración de su decimoséptimo aniversario llega en medio de un conflicto laboral con la Xunta de Galicia y Diputación de Pontevedra, que ha desembocado en una huelga en la que los agentes se niegan a realizar más horas extra de manera voluntaria. Una situación que ha dejado una imagen nunca antes vista: las instalaciones de un servicio de salvamento y contra incendios cerradas por falta de personal. Ayer el parque estuvo cerrado y hoy está previsto que vuelva a cerrar. Algo que desgraciadamente ya se ha convertido en una rutina desde el mes de junio.

La primera plantilla de los Bombeiros do Morrazo, en la inauguración del parque comarcal en agosto de 2006

La primera plantilla de los Bombeiros do Morrazo, en la inauguración del parque comarcal en agosto de 2006 / Carmen Giménez

Estos primeros 17 años de trayectoria han sido de todo menos fáciles. Y eso sin contar todos los problemas previos que retrasaron la puesta en marcha de este servicio básico comarcal. El parque de O Morrazo comenzó a operar el 18 de agosto de 2006 bajo un modelo de gestión indirecta, con una concesión a la empresa Seganosa. Las instalaciones no llevaban siquiera dos años en funcionamiento cuando la concesionaria se enfrentó a problemas económicos que forzaron su renuncia al contrato. En aquel momento el consorcio aún era un triunvirato –Xunta, Diputación y concellos– y en septiembre de 2008 se acordó adjudicar el contrato de gestión a Celta Prix, que era la empresa que en su día presentó la segunda mejor oferta.

La tranquilidad no duró mucho porque a principios del año 2012 esta sociedad entró en concurso de acreedores y desde el consorcio se optó por licitar de nuevo el servicio con un contrato conjunto para todos los parques comarcales de la provincia. La ganadora fue Matinsa, vinculada al grupo FCC Servicios, con una oferta de 21 millones de euros por un periodo de ocho años.

La nueva compañía comenzó a trabajar a partir de junio de 2013 y no se puede decir que fuese un periodo precisamente tranquilo. Los desencuentros con el comité de empresa y los sindicatos fueron una constante. La compañía llegó a denunciar a cuatro miembros del comité y en agosto de 2017 los sindicatos convocaron una huelga para denunciar la falta de mantenimiento en los parques y que no se cubrían las bajas. A diferencia de lo que ocurre ahora aquel paro no supuso en ningún momento el cierre de los parques.

A lo largo de esos ocho años los sindicatos solicitaron en numerosas ocasiones el rescate del servicio y finalmente, al concluir ese contrato de ocho años, Xunta y Diputación asumieron la gestión directa de los parques de O Morrazo, Vilagarcía, Ribadumia y O Porriño. Un cambio de modelo que se materializó en junio de 2021.

La tregua tampoco duró mucho en esta ocasión porque el paso a la gestión directa, según una sentencia del Tribunal Supremo, obliga a convertir a la plantilla en personal laboral fijo. Un trámite que todavía no se ha producido pese a que ese fallo judicial es de abril 2022 y a las buenas palabras de la Administración, que de momento no se han traducido en hechos.

Los sindicatos decidieron convocar una huelga desde finales de febrero, que incluía la negativa a realizar horas extra de manera voluntaria. Los servicios mínimos son del 100%, pero una vez que los bomberos ya han agotado el número máximo de horas extra a las que se les puede obligar al cabo del año queda al descubierto una realidad que llevan tiempo denunciando: las dotaciones de personal de los parques son claramente insuficientes.

La imposibilidad de obligar a los agentes a realizar más horas extra de las legalmente establecidas impide cubrir las bajas o ausencias en plantillas ya de por sí exiguas. Si no hay como mínimo tres personas toca bajar la persiana y desplazar a los bomberos a otro parque. Lo nunca visto hasta ahora y que se ha convertido casi en el pan de cada día durante los últimos meses. Y si nada lo remedia este conflicto aún seguirá on fire durante varias semanas más.

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