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El hallazgo de la ermeloíta / Un ejemplar único en el mundo

Los descubridores de minerales

Aficionados a la mineralogía y coleccionistas, localizaron en 2015 la especie que lleva el nombre de Ermelo / También son artífices de las primeras identificaciones de varias especies en España y en la Península Ibérica / Buscaron muestras en los taludes abiertos para la construcción de la Autovía do Morrazo

Carlos Rodríguez inspeccionando material de Ermelo. | // FDV Fran G. Sas

El descubrimiento de la “ermeloíta” –un mineral hasta ahora inédito en el mundo y que apareció en las laderas moañesas del Monte do Xestoso y recibe su nombre por la cercanía de la aldea de Ermelo, en Bueu, y por aparecer en una zona denominada As Chans de Ermelo– impactó en O Morrazo por su alcance y por que permite a la toponimia de la zona dar el salto al mundo de la geología. Se trata de unos pocos miligramos de un fosfato de aluminio monohidrato que la Universidade de Santiago de Compostela (USC) sometió a distintos análisis de todo tipo durante dos años hasta confirmar que se trata de una pieza no catalogada en ningún otro lugar del mundo. En este proceso los investigadores gallegos contaron con la ayuda de la Universidad Complutense de Madrid y del Centro Nacional Instituto Geológico y Minero de España-CSIC.

Los cuatro aficionados a la mineralogía Moisés Núñez, Jorge Palero, Carlos Rodríguez y Manuel Cerviño en una comida. | // FDV Fran G. Sas

Sin embargo, los “descubridores” que se encontraron con el mineral son tres aficionados a la mineralogía que llevan décadas recorriendo los montes de Galicia y del norte de Portugal tratando de encontrar e identificar los minerales más extraños que encuentran: El biólogo Carlos Rodríguez Vázquez, vecino de Santiago y original de Os Peares; el carpintero moañés Moisés Núñez y el jardinero, también de Moaña, Manuel Cerviño.

Moisés Núñez, recuperando minerales en O Porriño. | FDV

Con humor y humildad, aseguran que el descubrimiento de la ermeloíta “fue por casualidad, mientras estábamos buscando fosfatos”, pero lo cierto es que sus salidas al monte con este fin son constantes y en cada ruta dedican al menos cuatro horas por zonas forestales que no tienen ni siquiera camino. En todos estos años este grupo de amigos ya lograron hitos como identificar por primera vez en toda España tres minerales: Rittmannita, kankita y kaatialaita. Además, el año pasado, encontraron en el norte de Portugal a la especie hingganita, en la que pasa por ser su primera identificación en la Península Ibérica en toda la historia. Este grupo de aficionados a la mineralogía que colabora con la Universidade de Santiago es también responsable de identificar por primera vez en Galicia un alto número de especies minerales: Kamphaugita, graftonita, fosfofilita, strengita, milarira, bavenita, chabacita, parisita o azufre entre otras.

Carlos Rodríguez Vázquez y Moisés Núñez, con la muestra de hureaulita encontrada en los taludes de la Autovía do Morrazo. | // FDV

Carlos Rodríguez y Moisés Núñez muestran su impresión por el impacto de la noticia de la ermeloíta, “porque nosotros no hacemos esto por popularidad, evidentemente”. Desvelan que la muestra fue encontrada sobre el terreno ya en el año 2015, “aunque se tardó mucho realizar los análisis entre otras cosas porque estalló la pandemia, que paralizó todo”. Describen esta mezcla de “hobby y trabajo científico” como una actividad para la que es necesaria “tener un sexto sentido y mucha paciencia, porque hay que dedicarle muchísimo tiempo y constancia. El 90% de las veces que vas al monte regresas sin nada, eso es lo más habitual”. Moisés explica que “exploramos mucho la zona de Moaña, de donde soy yo. También recorremos la zona de Porriño, Ponteareas… pero no solemos movernos más allá de 20 o 30 kilómetros de distancia. A lo que más tiempo dedicamos es a la zona de O Morrazo”. Carlos añade que “en donde veo un camino limpio, o que abren una pista nueva o veo un relevo en un monte, allí voy. Algunas veces traes cosas y son una sorpresa por ser algo poco frecuente, pero muchas veces no encuentras nada”.

“No vendemos nada. Solo disfrutamos de un mundo fascinante”

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Núñez revisando piezas en los montes de Moaña. | FDV

Se declaran “coleccionistas” y señalan que su gusto por los minerales se remonta a hace décadas. “Yo empecé con 18 cuando inicié la carrera universitaria. Mi padre me había dado un cuarzo y una calcedonia y eran curiosos. Me despertó la curiosidad. Al principio mi padre venía conmigo al monte”, apunta Rodríguez. “A mí la afición me viene desde pequeñito. Iba por los caminos y si encontraba una veta de cuarzo alucinaba. Con los años le fui dedicando más tiempo y conociendo a gente experta y vas ganando conocimiento”, añade Núñez.

Veta de pegmatita en un talud de la Autovía do Morrazo. | // FDV

“Lo nuestro es una fusión entre un hobby y la ciencia”, señalan

En estas décadas coleccionan caídas “por los montes que no están limpios” y anécdotas curiosas como cuando unos vecinos “cargaban carretillas de pirita pensando que era oro, porque la veían de color dorado. Pero siguen pobres”, apuntan con humor. Señalan que en la península de O Morrazo “hay muchísimos minerales, pero hablamos de cosas muy pequeñas. Te puedes encontrar cuarzos de cuatro o cinco centímetros. En el Monte Carrasco encontré un cristal de cuarzo de 20 centímetros, que es el más grande que localicé. En el mundo de los fosfatos aparecen muchísimos, pero hablamos de cosas de pocos milímetros, aunque no dejan de tener su interés. Solo en Moaña identificamos entre 20 o 30 distintos”. Suelen aprovechar obras como minas o la reciente ampliación de la Autovía do Morrazo. “Siempre pedimos permiso a las empresas que hacen las obras para aprovechar e investigar después de que hagan voladuras. En la autovía encontramos muchas muestras de especies como la hureaulita o la pegmatita”.

La ermeloíta durante uno de los análisis a los que fue sometida. | FDV

Una de las partes más complicadas de sus salidas de campo es extraer los minerales. “Es muy complicado. Encontrar algo especial puede ser espectacular pero puede ser una experiencia desastrosa si se te rompe. Hay que picar en la piedra a mano, con un martillo y un puntero. Por eso es muy complicado. No tiene nada que ver con la labor minera. Extraer una muestra a veces lleva varias horas a pleno sol. Explican que muchas veces se ayudan “de lo que llamamos indicios, como son ciertos óxidos”, para dar con algún mineral destacado. Después realizan unas primeras pruebas en casa y si no coincide con otras especies conocidas envían la muestra a la universidad.

Trabajo de extracción de pegmatitas.

Además del coleccionismo les interesa encontrar minerales “por una razón de investigación. Yo hago publicaciones de todo lo que voy encontrando y entrego piezas a la universidad”, apunta Carlos Rodríguez. Pero no ocultan que otras personas caen en malas prácticas con el objetivo de sacar rendimiento económico a los minerales “cuando la verdad es que nadie se hace rico con esto, es más, se trata de una afición que cuesta dinero. Nosotros no vendemos ni cambiamos nada. Somos felices con los amigos y punto. Es un mundo fascinante del que disfrutamos”, dicen mientras rehúyen del concepto “expertos, porque lo que somos es precavidos. Ante una duda hacemos análisis de las muestras”.

Desvelan que “hay gente que por donde pasa arrasa y a veces comentas la aparición de algún mineral y al día siguiente lo dejan limpio. En algunas ocasiones van hasta con coches a coger todo lo que encuentren. Por eso normalmente solo desvelamos las ubicaciones de las especies destacadas a la universidad. Es una fusión entre un hobby y la ciencia”. Prometen seguir recorriendo los montes para sacar a la luz nuevos minerales.

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