Antonio Soto-Quiroga Bermúdez y José Manuel Illán Barreiro son dos guardias civiles de 53 años, que llevan 35 y 28 años, respectivamente, en la Benemérita. El primero en el Centro Operativo Complejo (COC) de la Comandancia en Pontevedra y el segundo, en el Subsector de Tráfico en Vilaboa. No se conocían, pero ambos acudieron el sábado pasado, fuera de servicio, al campo de fútbol Iago Aspas-O Casal en Moaña para ver un partido amistoso de juveniles, en el que jugaban sus hijos, uno por el A.J. Lérez y el otro por el CD Moaña.

Aquel partido les ha unido y se ha convertido en algo imborrable para ellos cuando, en el descanso y después de que un compañero les presentara al comienzo del encuentro, ayudaron a salvar la vida de una vecina de Moaña, de 80 años, que se había atragantado con un trozo de empanadilla. Gracias a las maniobras de Heimlich que ambos le aplicaron, consistentes en comprimir el abdomen, con el apoyo del yerno de la mujer introduciendo la mano en su boca, lograron inducir la expulsión del gran trozo de comida que le estaba asfixiando.

Illán, que reside en Cangas, estaba sentado muy cerca de la mujer, que acudía a ver jugar a su nieto en el Moaña. El guardia civil conoce a la familia y en un momento que se  giró para atrás vio jaleo, a la mujer con la cabeza caída hacia delante y la boca y manos ya muy azules. No lo dudó la cogió por la espalda y empezó a aplicarle la maniobra de Heimlich. Al poco llegó Antonio, que estaba sentado en otra zona del campo, pero que se percató de que algo sucedía. No lo dudó y saltó hacia ellos. Asegura que le hizo hasta cinco maniobras de reanimación, comprimiendo el abdomen. Aseguraba viéndole las manos tan azules: “No se puede morir”. Y así fue, con el yerno de la mujer ayudando, a la quinta maniobra de Heimlich la mujer expulsó un gran trozo de empanadilla, que era la que la asfixiaba. Poco a poco fue recuperando la respiración. José Manuel Illán asegura que, efectivamente, será algo imborrable.