El movimiento de una aleta en el mar frente a la playa de Barra, en Cangas, alertó en la mañana de ayer al mariscador de Cangas Iago Cordeiro Avilés cuando frenaba a la almeja en este banco de la ría de Vigo. El marinero estaba a bordo de su planeadora y se acercó con la sospecha de que pudiera tratarse de un tiburón, como finalmente comprobó. Iago Cordeiro se encontró ante un tiburón Peregrino, de unos 2 metros de tamaño, que comía tranquilamente plancton con su boca abierta, asegura el pescador. Se trata de un ejemplar no muy grande para esta especie que puede llegar a los 10 metros, incluso más, como recuerda otro marinero cangués cuando hace años enganchó en sus redes uno tan grande como su barco de 12 metros.

El escualo, que tiene fama de ser pacífico y tolerante con la presencia humana, ni se asustó alacercarse la embarcación “y siguió tan pancho” comiendo, asegura este marinero que nunca había visto uno de estos tiburones vivo, solo varados en las playas. El ejemplar nadaba a kilómetro y medio de la orilla de la playa en un paseo que seguramente continuará durante estos días por aguas de la ría de Vigo.

​ Aunque la silueta del Peregrino recuerda a la de un tiburón cazador, con forma hidrodinámica y hocico agudo, se alimenta solo filtrando el agua. Nada con la boca abierta hasta hacerla redonda y filtra así el agua a través de unas inmensas branquias, con una movilidad muy lenta.

Viven por casi todo el mundo, aunque suelen preferir aguas frías, y generalmente son divisados muy cerca de las costas.