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Nace un tiburón en el colegio de O Hío

El acuario del colegio recibió en enero la aportación de una hembra 'patarroxa' que dejó dos huevos antes de ser devuelta al mar

El nacimiento de un tiburón... en un colegio

La hembra de tiburón desovando en el acuario del colegio. CEIP O Hío

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La hembra de tiburón desovando en el acuario del colegio. Cristina González

El acuario del colegio CEIP de O Hío fue el primer proyecto que desarrolló el centro educativo cangués hace 25 años. Desde entonces ha estado en activo acogiendo especies que las familias de los alumnos o vecinos entregan al centro. El pasado mes de enero una de esas aportaciones fue la de un tiburón “Patarroxa” que permaneció una semana, hasta que fue devuelto al mar. La sorpresa de la comunidad educativa y de los alumnos del colegio fue que el tiburón dejó dos huevos o “petacas” en uno de los cuales se está desarrollando un embrión que ahora tiene tres centímetros.

Con dos premios de ámbito nacional por su proyecto de “Xogos da auga”, a través del cual se canalizaron las aguas de un manantial y las pluviales de parte del tejado del centro para crear unos estanques con los que ayudar a frenar la contaminación de la ría de Aldán cuando las pluviales hacen desbordar el alcantarillado, el colegio CEIP de O Hío, en Cangas, ha vuelto a conseguir otro logro: esta vez en su acuario, el primero de los proyectos que empezó el colegio hace 25 años, y en donde una de las especies que permaneció de forma temporal en sus aguas, un ejemplar de tiburón 'patarroxa' o 'pintarroja', dejó dos huevos, uno de los cuales ha desarrollado un embrión, que ahora tiene 3 centímetros de tamaño, y que ha sido toda una sorpresa para la comunidad educativa y escolar.

El tiburón 'patarroxa' es una de las especies de tiburón más abundante en la costa gallega y su carne es muy codiciada. No suele sobrepasar los 70 centímetros de largo y su piel es áspera y con pintas oscuras. Las crías al nacer suelen medir entre 9 y 10 centímetros. En el colegio, tal y como señala el director, Claudio Lamosa, confían en que la cría pueda nacer bien a finales de mayo o principios de junio y la puedan llevar al mar, en una lección más para la comunidad escolar, que con este acuario aprende también a conocer y respetar la naturaleza.

La hembra de tiburón que puso los huevos-cápsula, en donde los óvulos fecundados están envueltos con una cubierta protectora, fue una de esas aportaciones que desde hace años realizan las familias de O Hío al acuario del colegio. Muchos marineros ya salen al mar con su capacho de agua para traer alguna especie al centro.

El acuario con las dos cápsulas de tiburón, la de la derecha, con el embrión. Fdv

Lamosa asegura que las especies están de forma temporal. Por el acuario ya pasaron un pulpo, que mostraba mucha agresividad; un choco que teñía de negro el agua por miedo a un pez luna, así como centollas, bruños, bueyes o percebes.

El acuario tiene un frente de 2,5 metros y 800 litros de capacidad, con agua de mar y un sistema de filtrado que funciona muy bien, indica el director: “Contiene un filtro de agua y otro de urea e incorpora un enfriador para que la temperatura del agua no pase de 15 grados, ya que el acuario está en el patio de luces en donde con las altas temperaturas, hace calor”.

Alumnos del 2º curso que se encargan de la alimentación en el acuario. Fdv

Alumnos de 2º curso, al frente

Son los alumnos de 2º de Primaria los que se encargan de la alimentación, con la supervisión de Elena, la profesora del curso. Se realiza lunes, miércoles y viernes con una dieta a base de mejillón, que es lo que mejor funciona. Para mantener la calidad del agua se reponen algas con asiduidad. En los períodos vacacionales, el acuario se vacía y las especies se devuelven al mar.

Lamosa recuerda cómo los alumnos aprendieron a ver de cerca el trabajo del bogavante que utiliza sus pinzas como una retroexcavadora para hacer huecos en arena, o cómo las lorchitas lo hacen cogiendo la arena con su boca y escupiendo, así como las centollas se camuflan con algas sobre su caparazón. También conocieron el espirógrafo, un gusano de mar que se despliega como si fuera una hortensia.

No es la primera vez que en el acuario vive un tiburón. Ya tuvieron hace cinco años unas melcas que también dejaron huevos y prosperaron dos de ellos, también entre mayo y junio. Las crías se llevaron al mar cuando se desmontó el acuario para las vacaciones. En otra ocasión recibieron un tiburón de 1,5 metros que llego de Gran Sol a Vigo, pero el desplazamiento lo llevó mal y solo pudo estar dos días.

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