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Un hotel de Bueu acoge a 50 ucranianos a la espera de encontrar trabajo y vivienda

Los refugiados llegados de Ucrania se alojan en el Hotel Alda Bueumar. | // SANTOS ÁLVAREZ

Bueu se ha convertido en uno de los principales puntos de acogida de refugiados procedentes de Ucrania después de la invasión rusa. Aquí aguardan a la espera de una oportunidad alrededor de medio centenar de personas, que se alojan en un establecimiento hotelero del municipio buenense, gracias a la actuación de la Asociación Provivienda, que es la que se está encargando de hacer más llevadera su estancia.

La llegada de los refugiados del este de Europa comenzó hace aproximadamente dos semanas con una primera tanda, y se completó hace diez días con la segunda. El Hotel Alda Bueumar es su alojamiento provisional mientras se les busca trabajo y una vivienda, momento en el cual pueden dejar el lugar para emprender una nueva vida en Galicia. La iniciativa es posible gracias a la colaboración entre la Asociación Provivienda y el grupo hotelero, y es similar a la que se está llevando a cabo en otros puntos de Galicia, como Vigo. En Bueu los refugiados tienen la oportunidad de tener cama y comida mientras aguardan por esa oportunidad laboral que les dé la posibilidad de adquirir una mayor independencia. La idea es que a medida que se vayan integrando en la sociedad puedan dejar su lugar para otros compatriotas que también se vieron en la necesidad de abandonar su país.

Los refugiados llegaron hace quince días de la mano de la Asociación Provivienda

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Dentro del grupo que está alojado en Bueu hay perfiles muy diferentes, desde personas de edad avanzada a algún que otro joven, madres con niños o incluso alguna familia numerosa. Y es que la guerra no hace distinciones. La comunicación con el personal del hotel y con los vecinos que han podido hablar con ellos es relativamente sencilla. Aunque no todos se desenvuelven en castellano sí hay un par de personas que hablan algo de español, y los más jóvenes dominan el inglés, ejerciendo de traductores para el resto de compañeros. Desde la asociación también se acerca por el lugar un traductor para hacer todo más fácil. No hay choque cultural, ni siquiera en lo gastronómico, aunque se les reconoce una especial afición por los potajes.

Máxima colaboración

“Es buena gente. Están muy agradecidos y colaboran en todo lo que pueden. Entienden la situación y se adaptan a las circunstancias”, aseguran quienes conviven con ellos. Su vida en Bueu no está exenta de actividad. Asisten a clases de español y van a Pontevedra y Vigo, e incluso han tenido contacto con ucranianos residentes en la provincia, que les han brindado su colaboración y su experiencia. “Sobre todo preguntan por horarios de autobuses y comunicaciones para poder desplazarse”, sentencian.

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