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Faro de Vigo

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Afloramiento costero, sinónimo de riqueza en Galicia - Pros y contras de la llegada de fitoplancton

Las biotoxinas marinas están de vuelta y provocan el cierre de bateas en Bueu y Baiona

Bateeiros de Bueu trabajando en la descarga de mejillón hace unas semanas. GONZALO NUÑEZ

Las biotoxinas marinas vuelven a hacer acto de presencia en las rías gallegas. Se trata de un episodio totalmente natural que se repite cada año en épocas como primavera y genera lo que popular, pero erróneamente, se conoce como “marea roja”. Eso es otra cosa. Los primeros lugares en sentir los efectos de este afloramiento fueron Baiona y Bueu, donde el Instituto Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño ha decretado los primeros cierres.

El primer polígono en recibir la orden de cierre fue el Baiona A, donde el cierre cautelar es por los tres tipos de toxinas: amnésica, lipofílicas y paralizante. A continuación cerró el parque bateeiro Bueu A1, situado en la zona entre Agrelo y Lapamán y que agrupa más de medio centenar de bateas. Ayer mismo el Intecmar estaba realizando nuevos muestreos en el contiguo Bueu A2, en Bueu B (en Beluso) y en los dos situados en la ría de Aldán (Cangas A y B). Por ello no sería extraño que en las próximas horas se decreten nuevos cierres.

Hay quien puede pensar que se trata de una mala noticia para el sector del mar. Desde luego, no cabe duda de que supone un trastorno, ya que altera los planes de extracción y comercialización de productos como el mejillón. Y esto, quiérase o no, trastoca la actividad de productores, depuradores, transformadores y comercializadores.

Pero, en realidad, no es ninguna amenaza, y menos en esta época del año, cuando el mejillón –el producto al que más afecta este episodio– se encuentra fuera de temporada, por lo que su extracción está actualmente bajo mínimos. Muy por el contrario, este episodio tóxico primaveral constituye una buena noticia, ya que significa que están entrando en las rías ingentes cantidades de nutrientes gracias al proceso natural conocido como afloramiento costero.

Recogida de muestras de mejillón para el Intecmar en una batea de la ría de Arousa. | // IÑAKI ABELLA

Renovación del agua

Esto es tanto como decir que las aguas se renuevan e introducen en esas rías el alimento que el mejillón, la almeja, el berberecho y demás productos necesitan para crecer y reproducirse.

Dicho de otro modo, que sin esa llegada de nutrientes, Galicia no sería la potencia mundial que es en cuanto a producción de moluscos cultivados en viveros flotantes. Además de ser una de las referencias en cuanto a pectínidos, como la volandeira o la vieira, e infaunales, es decir, las especies que, como la almeja, el berberecho o la navaja, viven enterradas en el substrato.

El problema, la incomodidad o la cruz de esta moneda, es que con esos nutrientes llega el fitoplancton portador de biotoxinas, que es el que provoca una alteración sustancial del nivel de células tóxicas en el agua y limita el consumo de los productos que las ingieren.

Cuando esos niveles superan los límites tolerables, el Intecmar se encarga de decretar el cierre de las zonas marisqueras o polígonos más afectados, reabriéndolos en cuanto las biotoxinas remiten. Eso es lo que ocurre en la actualidad, de ahí que el laboratorio comunicase ya al sector el cierre de las primeras bateas. Y en próximos días serán muchas más.

En la ría de Pontevedra, y especialmente en el caso de Bueu, saben que cuando llega la toxina serán los primeros en sufrir sus consecuencias. Pese a todo, este año el sector lo afronta con cierta tranquilidad ya que la mayoría de los productores ha sido capaz de vender su mercancía. El último ejercicio ha sido “extraordinario” para los bateeiros de Bueu, que suelen ser los más castigados por la toxina. Pese a que en 2021 volvieron a liderar los días de cierre, pudieron abrir en fechas clave y en la que estaban prácticamente solos en el mercado ya que en el resto de rías ya habían agotado su producción. Además, esta vez pudieron trabajar íntegramente la campaña navideña puesto que la toxina se retiró a principios de noviembre. Y por si fuera poco el mejillón experimentó una subida de hasta el 20% en su precio.

Mejillón en el puerto de Bueu después de una reciente descarga. GONZALO NUÑEZ

El sector del mar y, sobre todo, el bateeiro, está acostumbrado a convivir con fenómenos naturales como el de las biotoxinas. Los mismo que, por otra parte, resultan absolutamente previsibles.

De ahí que en los últimos días, a medida que se apreciaba un sensible adelanto de la primavera y empezaban a cambiar las condiciones meteorológicas y oceanográficas –con el regreso de las lluvias y los vientos de componente sur–, los bateeiros estuvieran ya más que concienciados ante la inminente llegada de un nuevo periodo de cierres.

Algo que, cabe insistir, no les perjudica en exceso, ya que las ventas en esta época del año son muy flojas y el “oro negro” de batea aún está en periodo de crecimiento.

Además, el cierre de bateas por biotoxinas viene a ser algo así como una veda natural que regula la producción de mejillón y da tiempo a los bateeiros para que puedan centrarse en tareas tan importantes como la recolección de la cría, semilla o mejilla que necesitan encordar en sus viveros flotantes para preparar la siguiente campaña.

Maniobra para cargar el mejillón en un camión en el puerto de Bueu. GONZALO NUÑEZ

Una extraña e inusual coincidencia de las toxinas diarreica, amnésica y paralizante

Aunque a partir de ahora los datos van a verse alterados de manera notable, prácticamente a diario, puede decirse que los cierres de bateas por presencia de biotoxinas solo acaban de empezar. A media tarde de ayer aún quedaban 48 polígonos bateeiros abiertos y eran solo tres los inoperativos: Baiona A, Muros C y, en la ría de Pontevedra, el Bueu A1. Lo más curioso y llamativo de este episodio primaveral es que, si bien el polígono de Bueu fue cerrado por el Intecmar a causa de los altos índices de toxinas del género lipofílico, entre las que destacan la toxina diarreica (DSP) –la más frecuente en Galicia–, los otros dos están temporalmente clausurados a causa de una inusual confluencia entre esas células lipofílicas, la toxina amnésica (ASP) y la paralizante (PSP).

En cualquier caso, lo que dejan claro los informes técnicos sobre identificación y cuantificación de fitoplancton tóxico en agua de mar, emitidos por el centro analítico que dirige Covadonga Salgado en Vilaxoán, es que lo más abundante con la llegada del fitoplancton portador de biotoxinas a las rías gallegas es la “Dinophysis”, un dinoflagelado capaz de producir ácido okadaico, es decir, la toxina causante de la intoxicación diarreica por moluscos (DSP) en humanos si se ingieren importantes cantidades de mejillón contaminado. Algo que no tiene por qué ocurrir si se consume producto comercializado y adquirido por los cauces reglamentarios, ya que el Intecmar se encarga de velar para que solo llegue al consumidor molusco extraído de las zonas carentes de toxicidad.

En el polígono Muros B, por ejemplo, se aprecia una “concentración significativamente alta” de “Dinophysis spp”, al igual que se detectaron “incrementos”, en algunos casos “significativos”, en estaciones costeras de control como las de Baiona y Barallobre. Lo mismo que sucede en la estación fija y en la de Samil, dentro de la ría de Vigo. Como en la arousana de Rianxo y, en la ría de Pontevedra, las de Aldán, Bueu, Boca Sur, Boca Norte, Cabalo de Bueu y Ons.

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