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Pablo Costas en Bueu: “No soy ejemplo de nada, pero tampoco soy un delincuente”

Un momento del acto de agradecimiento realizado ayer en la Praza do Concello de Bueu. Gonzalo Núñez

Con el cansancio acumulado de los últimos días y el sufrimiento de un año retenido en Yemen reflejados en su rostro, Pablo Costas pisó ayer de nuevo Bueu. Se reencontró con su familia pero poco después lo hacía también con sus vecinos, a quienes se dirigió en un pequeño acto organizado por la Central Unitaria de Traballadores (CUT) para agradecerles el apoyo mostrado. “Estoy un poco mejor, cansado, pero tenía que venir a agradecer la solidaridad y comprensión que tuvisteis en este caso, que le puede pasar a cualquiera”, manifestó ante las decenas de personas que se dieron cita en la Praza do Concello, entre los que se encontraba una representación de la corporación, con ediles de BNG, ACB y PP.

Costas expresó su agradecimiento “a la corporación de Bueu, a todos los grupos políticos, al ejemplo que dio este pueblo, a nuestro sindicato y a la cantidad de sindicatos del Estado español que nos apoyaron”, para a continuación recalcar que “yo no soy ejemplo de nada, pero no soy ningún delincuente; soy un trabajador”. Lo hizo con el pasaporte sellado que le permitió regresar a casa visible en el bolsillo de su camisa. De su odisea en Yemen quiso apuntar que “lo único que no me quitaron son las convicciones. Era luchar o morir, porque me quisieron matar de hambre, de enfermedad”.

El marinero retenido un año en Yemen agradeció a sus paisanos en la Praza do Concello el apoyo recibido

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Esa contundencia se transformó a la hora de hablar del reencuentro con la familia, a la que hacía prácticamente dos años que no veía. Visiblemente emocionado, cerca de las lágrimas, reconoció que “no pude hablar, no pude decir nada. Aquí puedo hablar porque es una lucha, pero con la familia fue una emoción tan grande...”.En esa lucha el punto de mira está situado en las autoridades australianas, aquellas que desencadenaron el proceso que dio con sus huesos en Yemen sin posibilidad de salida, pero también un Gobierno español que solo solventó su situación a raíz del revuelo mediático y popular de las últimas semanas.

Costas (derecha) se abraza a Manuel Camaño, de la CUT. Gonzalo Núñez

Los poderes no están para ayudarnos. La solidaridad entre la gente es lo fundamental, y es lo que me salvó la vida. Se está desmantelando esa mentira de juicios, ilegalidades, etcétera”, dijo, para añadir que “yo tengo la conciencia muy tranquila. Soy un pescador, trabajo con bandera y licencia de pesca, pero hay algunos a los que no les gusta, porque quieren que la bandera sea la de ellos y explotar ellos los recursos”. Pero, continuó, “yo tengo convicciones muy fuertes. Nadie me doblega, y cuando es un tema de justicia menos”.

“Al ver a la familia no pude hablar, no pude decir nada”, reconoció

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Sobre el recorrido que tiene la acusación formulada por las autoridades australianas de pesca ilegal sobre el Cobija, el buque que capitaneaba, apunta que “se desvanecerá como el humo.. Al marchar la presa, el objetivo al que sacarle el dinero, ya no les quedará nada”.

En la rueda de prensa ofrecida el viernes a su llegada a Madrid había apuntado que había tenido mucho tiempo para reflexionar y ayer ahondó en esa idea al manifestar que “te cambia mucho la vida. Estás enfrascado en el trabajo, en el dinero, y te olvidas del tema familiar. y los amigos son muy importantes”. Piensa volver al mar, sin dudarlo. “Primero tengo que recuperarme físicamente, pero volveré. Hay que mantenerse activo y es mi profesión”, señala. Eso sí, lanza un último avisto antes de despedirse. “Tendré cuidado, porque estos perros muerden”.

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