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Faro de Vigo

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Fin a una odisea de un año en Yemen

Pablo Costas: “Casi acaban con mi salud, pero no con mi mente”

Pablo Costas, segundo por la derecha, durante su comparecencia de ayer.

Cansado físicamente pero enérgico en todas sus afirmaciones. Así se ha mostrado Pablo Costas después de su llegada en la tarde de ayer a Madrid, poniendo fin a una odisea de prácticamente un año en Yemen, en donde estuvo retenido a bordo del buque Cobija, que capitaneaba hasta hace unos meses. Tras su liberación y repatriación el marinero buenense manifestó que “pueden acabar con mi salud, pero no con mi mente. No me han robado la libertad”.

Costas, que tras pernoctar en Madrid retornará hoy mismo a Bueu, relató en una comparecencia ante los medios de comunicación su experiencia en Yemen tras haber sido acusado por las autoridades australianas de pesca ilegal. Estuvo acompañado por dos de sus hermanos, Isabel y Víctor, así como por el representante de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Manuel Camaño. Todos ellos y una representación de diversos sindicatos fueron a recibirlo al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas, adonde llegó cerca de las tres de la tarde procedente de El Cairo.

“Si hubiese muerto yo, mejor, ese era el objetivo número 1”, dijo, no sin antes describir algunas de las condiciones en las que le tocó vivir a él y a su tripulación. “Los últimos días la potabilizadora de agua dejó de trabajar. Fuimos autosuficientes hasta que pudimos, pero nos quedamos sin agua, sin poder lavarnos, con los mosquitos”, relató. Sus sospechas eran que “querían matarnos de hambre y enfermedades. Allí había gente con tifus a miles, nadie lleva mascarilla, estábamos rodeados de barcos con animales, con un olor a orina que se notaba a kilómetros...”.

El marinero llegó ayer a Madrid y hoy regresa a su Bueu natal

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Costas comenzó, no obstante, su discurso acordándose de todos aquellos que colaboraron de uno u otro modo para su regreso a España. “Quería agradecer la solidaridad de los compañeros de sindicato, la movilización popular de Bueu, un pueblo con un sentimiento marinero profundo”, señaló, antes de ahondar aún más en el respaldo recibido desde su municipio. “El pueblo se portó fenomenal, los vecinos lo entendieron, sin ser personas con carreras universitarias detectaron una injusticia y un abuso como el que se ha cometido conmigo”, dijo. Apuntó asimismo esa empatía que pudo haber generado “porque somos gente que hemos navegado por todo el mundo, con una sensibilidad especial sobre estas cosas, y no hace falta entender de geopolítica para saber que se había cometido una injusticia y sentir miedo por saber que le podría pasar a cualquiera”.

Familiares y sindicatos aguardando por la llegada de Pablo Costas en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas.

El marinero buenense cargó especialmente contra las autoridades de Australia, en la línea de la pancarta que colgaba de la mesa y que rezaba “Pablo bienvenido! Estamos contigo frente al lobby canguro” o de las camisetas que portaban quienes lo fueron a recibir al aeropuerto con la inscripción “We say they are not environmentalists, they are criminals”. “El motivo de fondo es el encargo de un trabajito que viene de Australia, y como me tocó estar en un país donde la ley está desaparecida, no es fácil”, afirmó, y quiso poner de manifiesto la indefensión ante las acusaciones que lo tuvieron un año en Yemen. “Pensaron que no iba a dar la cara. Yo siempre he trabajado legalmente, y todo lo que hay es presunto. La ausencia de notificaciones, de papeles, de juzgados y de todo. Tengo claro que con la verdad y explicando a la gente la realidad de las cosas se llega a donde se quiere”, subrayó el marinero.

“Sin el apoyo de los medios, de los sindicatos y la movilización popular yo ya estaría muerto”, manifestó

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El camino, no obstante, fue tan largo como duro. “Pasamos muchas calamidades. Nos abandonaron completamente. No teníamos comida ni combustible para la electricidad del barco. No estábamos detenidos ni nada, solo nos dejaron allí y arréglatelas”, señala. Su opinión sobre la gestión de la diplomacia española es bastante clara. “Acudimos a los consulados de España y lo que encontramos fue una complicidad hacia la gente que promovía este secuestro”, dice. Pero tras meses de infructuosas gestiones por los cauces más habituales se establece un primer contacto con la embajada española en Riad (Arabia Saudí). “No merece la pena ni hablar de esa primera etapa, porque la vía que había que tomar tenía que ser de arriba y hasta que el ministro no llamó no se hizo nada. Lo supongo, porque información no tengo ninguna”, manifestó ante los presentes.

Los movimientos para su liberación comenzaron un viernes, con la visita del jefe de seguridad del puerto de Al Mukallah. “Me dice que está allí para ayudarme, para mover el barco y luego arreglaría para dejarme ir, pero yo ya no quería otro chantaje. Haced lo que queráis. No cedimos y nos traen dos médicos para atender a dos marineros que estaban mal, y un poco de comida”, cuenta. El sábado ya llegan informaciones extraoficiales de que el fiscal podría conceder la orden de liberación “y esta llega finalmente el domingo pasado”.

Pablo Costas en el Cobija con parte de su tripulación.

Psicológicamente, afirmó, “estoy bien. He tenido mucho tiempo para reflexionar, para comprender las cosas. Soy una persona distinta, soy mejor como persona”. Físicamente es otro cantar. “Estoy mal. Me canso, siempre tengo agujetas por todo el cuerpo, tengo dolor en un costado. Tendré que hacerme un chequeo”, manifestó. Los deseos de llegar a casa son evidentes. “Tengo muchas ganas”, dijo, pero también lo es el hacer públicas sus críticas y sus denuncias. “Lo más tonto por mi parte sería ponerme a llorar en el aeropuerto y agradecer al ministro de turno. La casa puede esperar”, sentencia, antes de dar un último agradecimiento. “Sin vuestra ayuda, de mi sindicato y los sindicatos que se solidarizaron con movilizaciones ciudadanas para que arrastrasen a los políticos, sin eso yo estaría muerto. Lo tengo clarísimo”, sentencia.

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