Verdad y justicia para los mártires de Anguieiro

Momento de la ofrenda floral en el monumento a los mártires de Anguieiro. | // SANTOS ÁLVAREZ / César Collarte
José Nores, Eugenio Bastos, Alejandro Martínez, José Martínez, Daniel González, Estanislao Ferreiro, Antonio Blanco, Guillermo Fernández, Antonio Ferreiro, Secundino Ruibal y Normandino Núñez. Son las once personas que un 28 de agosto de 1936 fueron asesinadas en Cangas en uno de los actos más conocidos de represión franquista en la comarca. Ayer, 85 años después, decenas de personas se dieron cita junto al monumento a los llamados Mártires de Anguieiro para rendirles homenaje y reclamar verdad, justicia y reparación para ellos pero también para el resto de víctimas. Fue un acto sencillo pero con la misma emotividad de siempre y con la consciencia de la necesidad de mantener en la memoria
La historiadora María Torres fue la encargada de leer un manifiesto en el que recalcó la necesidad y “obligación moral” de no olvidar hechos como los acaecidos en Anguieiro. “No hay paz ni reconciliación sin justicia, sin reconocimiento ni condena por el daño causado a las víctimas”, manifestó. Y esas víctimas, recordó, no son solo los asesinados o desaparecidos, los cerca de 114.000 desaparecidos “enterrados en cunetas y fosas comunes, sino también “los hombres y mujeres que fueron encarcelados, torturados...las madres que quedaron viudas, las niñas y niños que quedaron huérfanos...”. Esa apuesta por la memoria histórica, subrayó, “es la alternativa al silencio impuesto, un acto casi subversivo porque damos voz a los que fueron silenciados, devolvemos la dignidad a los que fueron ultrajados, ponemos fin a la impunidad del opresor y deja de perpetuarse la traición”.
El acto, organizado por la Asociación Cultura Memoria Histórica 28 Agosto de Cangas, consistió además en una ofrenda floral, que estuvo amenizada por la música de Sheila Patricia, evocando la historia de los once vecinos de Cangas de entre 16 y 46 años que en la madrugada de ese 28 de agosto de 1936 fueron conducidos a la fuerza hasta el lugar de Anguieiro para ser ejecutados. Diez de ellos perecieron en el mismo sitio y uno de ellos, Estanislao Ferreiro, consiguió escapar, aunque fue posteriormente cazado y muerto en Punta Subrido. Sus cuerpos fueron arrojados al mar y devueltos por el mismo, alguno de ellos casi dos meses más tarde.
La lectura de un poema de Ramón Rey Baltar, publicado en 1938 en Nova Galiza, puso el punto y final a otra jornada de recuerdo.
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