El dolor recorrió ayer la comarca de O Morrazo y, sobre todo Moaña de donde es gran parte de la familia, después de la confirmación de la muerte de la niña de tres años, a la que desde el pasado miércoles 21 se intentaba salvar la vida en el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, tras haber ingresado muy grave después de caer a la piscina de la casa familiar de A Pedreira, en Cangas, en el límite con Moaña. Fueron unos segundos, pero cuando la familia se percató que faltaba la pequeña y la encontró en la piscina, ya estaba inconsciente, si bien mostraba algunos signos de vida.

Fue un agente de la Policía Local de Cangas quien le dio los primeros auxilios, con la ayuda de un médico al teléfono, para recuperarle las constantes vitales y logró que expulsara agua y vomitara, lo cual había sido un buen síntoma y generó esperanzas de que la niña pudiera salir adelante. Al poco tiempo llegaba la ambulancia de Bueu con una médica del centro de salud de Cangas y se realizó la evacuación de la pequeña a la unidad pediátrica del Álvaro Cunqueiro. Su estado era muy grave y se sabía que solo un milagro podría salvarle la vida.

El equipo médico luchó con todos los medios posibles para que así ocurriera, pero ya el miércoles, cuando la situación se hizo crítica, cerraban prácticamente las esperanzas a la familia que tuvo que afrontar el dolor más grande del mundo de tener que despedirse de la pequeña.

No hay palabras para expresar el dolor de los padres, de los abuelos y del resto de familiares por la pérdida de este ser tan querido y solo queda comprender que quieran llevar este duelo en la más absoluta intimidad. Una vez que por la tarde se confirmaba el fallecimiento, muchas personas no querían dejar de mostrar sus condolencias a la familia y buscaban la manera de hacerles llegar el cariño y el apoyo en estos duros momentos.

Ayer por la tarde estaba previsto que el cuerpo de la niña llegara al tanatorio de Moaña para su duelo en la más estricta intimidad de la familia, rota por la tragedia.