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Los okupas de la Casa dos Pobres vuelven a tomarla horas después de ser desalojados por orden judicial

Una persona accede a la vivienda okupada, ayer por la tarde . |   // G.NÚÑEZ

Una persona accede a la vivienda okupada, ayer por la tarde . | // G.NÚÑEZ Gonzalo Martínez

Los planes del Concello de Cangas para poner en servicio las cuatro viviendas de la Casa dos Pobres tras el desalojo de los okupas de una de ellas se desvanecieron al caer la noche. La misma pareja aprovechó que la Policía Local ya no la custodiaba para forzar la cerradura que operarios municipales había cambiado por la mañana, entrar a la estancia y hacerse fuerte en su interior. Cuando los agentes llegaron y conminaron a los moradores a salir, conforme al mandato judicial de lanzamiento, estos se negaron a abandonar el inmueble alegando que desconocían la trascendencia de dichos documentos y de que no tienen otro lugar para vivir. Ni la Policía Local ni la Guardia Civil quisieron hacer uso de la fuerza sin consultar previamente al Juzgado y la fórmula para solucionarlo vuelve a ser una incógnita.

Desde primera hora de la mañana de ayer, el Concello retomó los contactos con la autoridad judicial para intentar el desalojo lo antes posible, según explicó la alcaldesa, Victoria Portas, que dio instrucciones al jefe de la Policía, Alberto Agulla, y a un funcionario de los servicios jurídicos municipales para agilizar los trámites. La regidora lamenta la reincidencia de los okupas y la lentitud de los procedimientos para dejar libre la vivienda, cuya situación afecta a las otras tres estancias de la Casa dos Pobres porque por ella pasan los servicios básicos que hay que canalizar. “Llevamos tres años con este problema, y cuando lo creíamos solucionado aparece de nuevo”, insiste Portas, que confía en que esta vez la solución no se demore tanto tiempo, “porque se trata de los mismos okupantes, no se otras personas”, aunque no sabe cuánto.

La “reokupación” se produjo en torno a las diez de la noche, cerca del remate de servicio de la Policía Local, que sigue sin turno de noche. Los agentes tuvieron constancia de que el hombre y la mujer que habitaron el bajo derecha del número 48 de la calle Ensinanza y fueron desalojados por la mañana habían reventado la cerradura, violentado la puerta y colocado una cadena de refuerzo. En un primer momento se valoró hacer uso inmediato de la fuerza pública, que podría suponer la detención de ambos okupas y su traslado a los calabozos, aunque su aval jurídico no estaba claro y finalmente se optó por esperar. “Esto va ser el cuento de nunca acabar”, auguraba una vecina que transitaba frente a la casa, ayer a mediodía.

Miembros de la comisión judicial y de la Policía Local, en el lanzamiento del lunes a mediodía. G.Núñez

Algunos enseres están depositados en el Concello

El desalojo de la única persona que estaba en la vivienda cuando acudieron la Policía y la comisión judicial, el lunes a mediodía, se resolvió en una hora. La diligencia de ordenación advertía a los ocupantes que todos los objetos que no se hubieran retirado con anterioridad al lanzamiento se considerarían abandonados a todos los efectos. Aún así, los operarios municipales se comprometieron a trasladar los enseres de sus moradores, entre ellos una televisión, menaje y mucha ropa, a dependencias del Concello, donde ayer permanecían. El resto quedó en la estancia, a la que tenían previsto regresar los empleados municipales para continuar la retirada, aunque ya no pudieron intervenir porque durante la noche la vivienda había sido okupada de nuevo, por la misma pareja, según relató la alcaldesa, que lamenta la pérdida de tiempo y de recursos de los que no está sobrada la Administración local.

Puerta y ventanas fueron tapiadas inútilmente

Tampoco resultaron efectivos los trabajos del Concello cambiando la cerradura de la puerta principal y tapiando las ventanas para intentar evitar un nuevo asalto, que no se produjo mientras varios agentes de la Policía Local custodiaban el inmueble y vigilaban la zona, pero sí cuando se relajó el operativo. Al caer la noche, la pareja formada por Ana P.S. y Carlos G.R.P. estaba, otra vez, dentro.

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