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Sillas giratorias para un mirador a la ría de Vigo

Domaio estrena un mirador en el Monte Faro con dos asientos en forma de mano, del cortador de troncos José Antonio Fervenza

José Antonio Fervenza en una de las sillas giratorias en el mirador de Domaio.

José Antonio Fervenza en una de las sillas giratorias en el mirador de Domaio.

Ya no solo hay bancos con las mejores vistas del mundo, sino sillas giratorias. Es lo que ofrece el nuevo mirador construido por la Comunidad de Montes de Domaio, en Moaña, en la cumbre del Monte Faro, en donde están las antenas de televisión y que supone el tercero abierto por los comuneros en los últimos meses, junto a los otros dos de madera en la ladera de este monte, gracias en buena parte a una subvención de los grupos de Desenvolvemento Rural (GDR).

Las dos sillas giratorias con forma de mano en el mirador del Monte Faro. | // FDV

El mirador se ha elaborado con tres estructuras metálicas, dos de ellas reutilizadas de puentes de barcos y una tercera nueva en donde esta misma semana quedaron instaladas las dos sillas giratorias de madera que ha elaborado el cortador y tallista de troncos moañés José Antonio Fervenza “Yosi” con el herrero de San Lourenzo José Bragado, encargado del aparataje para que giren.

José Antonio Fervenza asegura que desde hacía un tiempo tenía ganas de realizar una talla en madera de una silla en forma de mano y encontró la mejor ocasión con el proyecto del mirador de Domaio. Habló con los comuneros de la parroquia a los que les pareció una excelente idea y el miércoles quedaron instaladas ambas sillas giratorias. Las personas que suban hasta el mirador pueden sentarse y hacerse selfis evitando el contraluz y buscando diferentes paisajes de fondo, tanto la ría como las antenas. Las sillas están ubicadas en la parte central de las tres estructuras metálicas del mirador, que se ubica en la cumbre del Monte Faro, a unos 630 metros de altitud.

Elaboración de la silla mano.

José Antonio Fervenza asegura que dos de las vistas más espectaculares de O Morrazo están en este monte de Domaio y en Cruz da Maceira. Las obras de José Antonio Fervenza están dispersas por muchas áreas recreativas; la última de ellas la de un caballo con silla de montar, a la que las personas se pueden subir, en el parque de Lagocheiras, en el límite de Marín con Moaña. Ahora trabaja en el proyecto de una mesa para la casa de un particular, un encargo de un busto de un perro para una familia que quiere tener el recuerdo de su mascota fallecida y, en breve, comenzará a tallar el tronco del árbol talado en la Praza do Concello de Moaña. En el tronco esculpirá un padre, medio gigante, con una niña encima de sus hombros portando una estrella. Se ha inspirado en el entorno, junto a un parque y también como homenaje a la igualdad, de que también los padres cuidan de sus hijos.

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