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“María Soliña” lucha contra el virus en la India

En la derecha, Neneta y su hermana Olga, en la escuela María Soliña.   | // N.H.

En la derecha, Neneta y su hermana Olga, en la escuela María Soliña. | // N.H.

El coronavirus está golpeando con dureza La India y desde Cangas, Neneta Herrero sigue los acontecimientos en el país con el corazón en un puño. La agresividad de esta nueva ola en el país ha llevado al Gobierno de España a pedir a los españoles que se abstengan de viajar al país o, incluso, a pedirles regresar cuanto antes.

Alumnas, ante las viviendas de la nueva Casa Flor en la escuela. | // N.H.

Hace casi veinte años, Neneta Herrero fundó la escuela para niñas y niños con el nombre de la mítica canguesa “María Soliña” que gestiona través de la ONG Shanga India. El coronavirus la alejó de su querida India en marzo del año pasado cuando el gobierno del Subcontinente cerró las escuelas. Muchos de los niños de “María Soliña” regresaron a sus casas en las aldeas tribales, asegura Neneta Herrero, pero 70 no tenían a dónde ir y siguieron en régimen de internado en el centro escolar, atendidos por los profesores que acuden por turnos a la escuela. Tienen comida y libros para leer y estudiar, asegura la canguesa, que está sufriendo desde Cangas la situación traumática de muchas familias y también de otras personas conocidas muy próximas a ella.

Desde la escuela, añade Neneta Herrero, se iba atendiendo a los niños que tuvieron que regresar a sus casas (unos 110) en aldeas dispersas por el parque natural, entre arrozales y en condiciones muy precarias. Al menos una o dos veces al mes, personal de la escuela se desplazaba hasta ellas para repartir comida. Todo parecía que se iba controlando, incluso se incorporaron los niños de los dos nuevos cursos abiertos10 y 9 (15 y 13 años), que también están ahora en régimen de internado; pero hace 10 y con el azote de la segunda ola, el Gobierno cerró los accesos y el reparto de comida se ha tenido que suspender.

Reparto de comida de la Escuela María Soliña a alumnos en sus aldeas.

Neneta Herrero asegura que puede estar más tranquila con los niños que siguen en la escuela, porque están atendidos, pero no con los otros que se encuentran en sus aldeas. justo antes de regresar a Cangas, hace un año, la escuela inauguró la Casa Flor, que son cinco casitas con porche circular, diseñadas por el arquitecto cangués Javier Currás, para vivir 90 niñas. Siguen a la espera de que la pandemia pase, como también de la construcción de un muro, que iban a realizar, para protegerse de los búfalos.

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