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“Cholo”, un cangués de madera maciza

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José Carlos Carrera “Cholo” había entrado en esa edad en la que a uno le ponen fecha de caducidad. Tenía 87 años, pero su fallecimiento impactó en Cangas y muchos de quienes le conocían muestran su verdadero sentir de que un amigo se va. Propietario con su hermana Marisa de la carpintería La Fe, Tanatorio de Cangas, Pompas Fúnebres Morrazo y tres establecimientos de muebles y de electrodomésticos, “Cholo” era ante todo, y después de cangués por devoción al pueblo, un carpintero de banco, habilidoso y entregado a quien lo necesitara. Suyas son algunas de las piezas de la iglesia

Casado con Pilar Blanco y padre de cuatro hijos varones, José Carlos Carrera “Cholo”, que falleció este martes a la edad de 87 años, desarrolló una gran habilidad como carpintero y era una persona muy apreciada en Cangas. Tal y como recordaba estos días Jesús Bernárdez “Caramuxo”, miembro de la Coordinadora de Semana Santa e imaginero, “Cholo” era un carpintero de aquellos que se llamaban de banco, con grandes ideas y diseños que sacaba adelante.

Cangas despide a José Carlos Carrera, destacado carpintero y propietario de Pompas Fúnebres Morrazo

Su hermana Marisa, siempre muy unida a él, recuerda a su hermano fallecido, su talento en la ebanistería, su entrega, siempre ayudando en lo que podía y a cuanta persona acudía a él así como su gran afición por el Alondras de fútbol y también por el Celta. Ella reconoce que sigue acudiendo a los partidos a Vigo, como cuando lo hacían ambos cuando eran pequeños con sus padres.

José Carlos Carrera “Cholo”, con los brazos sobre un compañero de trabajo, en el año 54.

José Carlos Carrera “Cholo”, con los brazos sobre un compañero de trabajo, en el año 54. FdV

La historia de “Cholo” comenzó en Cangas cuando su padre, de Torroso, en Mos, y que trabajaba en la funeraria Fábregas, en Vigo, recibió la propuesta para abrir La Fe en Cangas, recuerda Marisa. En la localidad conoció a su mujer María Hernández, zamorana de nacimiento e hija de un militar que pasó por varios destinos, entre ellos Cangas. “Cholo” estudió Delineación en el colegio Labor de Vigo, y pronto empezó a trabajar. “Era muy mañoso”, señala su hermana, además de muy responsable y un humano fabuloso.

Con trabajadores del taller en el año 58, él en el centro con el brazo apoyado en la mesa. | // FDV

El padre de “Cholo” murió cuando él solo tenía tres años, pero encontró en Luis González, un auténtico progenitor durante toda su vida. Con él y con su madre, que cogió el negocio cuando quedó viuda -una mujer también querida en Cangas que ayudó a nacer a muchos niños en las casas- comenzó a trabajar en el taller de carpintería, que entonces estaba en la calle Garelly y siguió con el negocio de la compañía de seguros La Fe y la funeraria, hasta convertirla, con su hermana Marisa, en lo que es hoy Pompas Fúnebres Morrazo y abrir el tanatorio. Diversificó el negocio con tres tiendas en Cangas, una de muebles (Mobelrías) y dos de electrodomésticos (Tien21 y Euronics).

No le gustaba dar publicidad a sus obras sociales, pero era una persona muy altruista y así le recuerdan sus amigos que aseguran que nunca dejó de atender cualquier petición que se le hacía ante su puerta, ni cualquier reto en el taller de carpintería. Hasta allí fueron muchas veces los miembros de las cofradías religiosas para pedirle trabajos, como andias, los palos para las procesiones o incluso las imágenes, como la figura articulada de la Borriquilla. Tras la vestimenta se esconde toda una figura de movimientos que el propio “Cholo” diseñó, tal y como recuerda Jesús Bernárdez. Suyo también fue el retablo de la Virgen de Darbo. El taller de la calle Garelly pasó después al Outeiro y hoy sigue en Coiro. Llegó a tener casi una veintena de empleados y aún ahora, con menos personal debido a la situación, es todo un referente en Cangas.

Desde la Coordinadora de Cofradías de Semana Santa de Cangas y de Manuel Gil, su presidente, quieren hacer llegar su agradecimiento a “Cholo” por todo lo que trabajó por ellos; “Era pedírserlo, y aunque fuera de noche, él cumplía. Siempre que hiciera falta, estaba”.

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