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Cangas retrocede a nivel medio y hará PCR a todos los profesionales de la plaza tras detectar cuatro positivos

Conserjes municipales, supervisando la actividad en la plaza de abastos

Conserjes municipales, supervisando la actividad en la plaza de abastos G.Núñez

El goteo de nuevos contagios de COVID-19 en Cangas –que sumó ayer otros dos casos y se situó en 33 activos– ha elevado el grado de restricciones de la Xunta para el municipio, que retrocede a nivel medio, lo que implica que la hostelería tendrá que limitar el aforo al 30% en el interior y al 50% en terrazas a partir del lunes. Otro varapalo para el sector con una medida que busca evitar que la situación se agrave, extienda y afecte a otros gremios, como ya ocurre con el de los vendedores y vendedoras de la plaza de abastos, donde hay al menos cuatro profesionales que han dado positivo en los últimos días. Para conocer la situación real e intentar aplanar la curva, la Consellería de Sanidade realizará a corto plazo pruebas PCR a todo el gremio del mercado municipal, y los conserjes del Concello identificaron ayer a los 73 que estaban trabajando (en pescaderías, carnicerías y fruterías) para remitir el listado a la Xunta.

El contagio de una pescadera, detectado a mediados de semana, encendió la alarmas en el sector y entre los responsables municipales, lo que se dejó sentir ayer en las ventas, según aseguran algunos afectados. El cribado al que estaban llamados los profesionales que trabajan cerca de la primera persona afectada o habrían tenido contacto con ella –al que acudieron solo 17 de los 39 citados– detectó tres nuevos positivos y extendió el temor a que las autoridades cierren la plaza de abastos, aunque la concejala de Desenvolvemento Económico, Industria e Emprego, Sagrario Martínez (PSOE) descartó que haya intención de tomar esa medida a corto plazo,. No obstante, todo dependerá de cómo evolucione la situación y de las recomendaciones sanitarias.

La edil reconoce que los datos obligan a extremar las precauciones e intensificar los controles. Ayer, desde primera hora, cuatro conserjes municipales se repartieron en el interior del mercado de abastos para supervisar el cumplimiento de la normativa frente al COVID, como la distancia social y el uso de mascarilla, gorro y guantes higiénicos. También se desplegaron efectivos de la Policía Local y de la Guardia Civil, que se centraron en el control de aforos, sobre todo a primeras horas de la mañana, aunque solo fue preciso cerrar puntualmente una de las puertas laterales para evitar sobrepasarlo. “Hoy tenemos menos clientes de lo habitual para un viernes”, aseguraban varias profesionales, que no ven con buenos ojos “tanta presión sobre nosotras”.

Elaborando el listado para realizar las pruebas PCR. | // G.NÚÑEZ

Con respecto a la obligatoriedad de someterse a nuevas pruebas PCR, en el sector hay división de opiniones. Varias pescaderas con puestos de venta cerca de una compañera que dio positivo protestaban ayer por que se les imponga este requisito apenas 24 horas después de otra prueba idéntica, con resultado negativo. Alegan que supone una pérdida de tiempo y gastos de desplazamiento hasta el centro hospitalario, además de una “mala imagen” porque puede crear más incertidumbre entre la clientela. Otras opinan justo lo contrario, que la mejor fórmula para frenar la transmisión del coronavirus y generar confianza es someterse a cuantas pruebas sean necesarias, y de forma regular.

En este argumento se basan las instrucciones del jefe territorial de la Consellería de Sanidade, que apuesta por un cribado de todo el sector, probablemente durante el fin de semana en el hospital Álvaro Cunqueiro. En el listado realizado ayer por los conserjes figuran 73 vendedoras y vendedores que no están convalecientes o en cuarentena, y que ayer acudieron a su actividad. Algunos de ellos piden que se les considere un sector de riesgo y prioritario en los planes de vacunación de las autoridades.

Agentes de la Policía Local, controlando el entorno del mercado. G.Núñez

Control de asistencia y distancia social en el mercadillo

Los controles de la Policía Local y Guardia Civil se extienden también al mercadillo ambulante de los viernes, donde ayer fue más visible que de costumbre la presencia de agentes que se centraron en prevenir aglomeraciones y advertir a vendedores y clientes sobre la obligatoriedad de llevar puesta la mascarilla en todo momento y de guardar la distancia social. Los avisos por incumplimientos fueron “puntuales, y la gran mayoría de personas cumplen con responsabilidad sin necesidad de denuncias”, señalaron desde el operativo, que también abarca el control de interiores y terrazas de los establecimientos de hostelería, muy concurridos al coincidir el buen tiempo con el fin de semana.

A pesar de las buenas condiciones, entre los vendedores ambulantes en general no celebraban la de ayer como una buena jornada de ventas, aunque confían en una “mejoría progresiva” conforme avancen las semanas. Piden que se controlen los contagios en la plaza para evitar un cierre que “nos afectaría mucho también a nosotros”, señalan un profesional.

Mientras, la alcaldesa de Cangas, Victoria Portas, mostró su sorpresa por la decisión de la Xunta de subir el nivel de restricciones en el municipio, pues cree que el número de contagios no es tan alarmante como para llegar a ese extremo. “¿Con esas cifras cambiamos de nivel? Si desde esta última ola creo que es el momento con el menor número que recuerdo...”, argumenta.

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