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Los vecinos piden mejoras del tráfico en O Forte y el Concello las proyecta de forma “escalonada”

Electricistas del Concello repusieron ayer el alumbrado en la plazoleta de San Xoán y entorno. | // G.NÚÑEZ Gonzalo Martínez

Saturación de las plazas de aparcamiento por personas no residentes y deficiente ubicación para las de movilidad reducida, excesiva separación entre jardineras que facilita el tránsito de vehículos en zona peatonal, en ocasiones a velocidad inadecuada, pobre iluminación y cortes de luz en la plazoleta de San Xoán, rejillas y tapas del alcantarillado ruidosas, contenedores de residuos que dificultan la maniobrabilidad o la conveniencia de desplazar el hórreo ornamental hacia el paseo marítimo para ponerlo en valor dar fluidez al tránsito. Son algunas de las carencias del barrio de O Forte que la asociación de vecinos demanda solucionar y que el Concello está dispuesto a atender de forma “escalonada”, en unos casos de modo inmediato y en otros conforme disponga de los proyectos técnicos, permisos necesarios y presupuesto para ejecutarlos, según señala la alcaldesa, Victoria Portas, tras reunirse con representantes del colectivo que preside Benigno Pazó.

La primera intervención se produjo ayer, poco después de la reunión. Los electricistas municipales procedieron a reparar la instalación que mantenía a oscuras la plaza desde hace varios días y cuya caja de registro estaba abierta, por lo que pudo ser manipulada. El hórreo que preside la zona y considerado un símbolo del barrio se quiere poner en valor trasladándolo al frente marítimo, “mirando a la ría” en las inmediaciones de la Casa da Cultura, aunque se trata de un elemento etnográfico cuya manipulación debe ser autorizada por la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta, recuerda la regidora, que pedirá una “valoración técnica”.

Piden reubicar en el frente marítimo el hórreo de San Xoán. | // G.N.

Pero las quejas que más se repiten en O Forte tienen que ver con los problemas de aparcamiento y la ocupación irregular de plazas, que se agravan en verano. Los afectados alegan que algunos residentes facilitan las cartulinas acreditativas a sus inquilinos, otros utilizan el escrito de solicitud como justificante permanente o hay incluso quienes exponen las autorizaciones para acceder a las playas rurales o simplemente se saltan las restricciones confiando en que no serán sancionados por ello, entre otras muchos ejemplos de incumplimiento que los vecinos quieren impedir.

Para avanzar en ese objetivo, la asociación propone dejar sin efecto algunos de esos documentos acreditativos y expedir unos nuevos conforme a criterios más rigurosos y actualizados. Los residentes tendrían derecho a tarjeta para un máximo de tres vehículos “demostrables” por cada vivienda, y una sola tarjeta los dueños de una segunda residencia. Para los inquilinos, proponen autorización de aparcar para un solo vehículo, al igual que para los locales comerciales. En todos los casos se revisarían “por año vencido”, cancelándolas si cambian las condiciones iniciales, y además demandan que la vigencia de las instancias de solicitud de tarjeta se limite a tres meses, porque constatan que “hay personas a las que se le deniega, las vuelven a solicitar y así siguen aparcando”.

Portas y Agulla, ante las plazas que se van a reubicar. | // G.NÚÑEZ

Excrementos y riñas dan “mala imagen” al barrio

Tras la reunión con los vecinos, la alcaldesa recorrió el barrio acompañada del jefe de la Policía Local, Alberto Agulla, para valorar sobre el terreno algunas actuaciones previstas, como la reubicación de contenedores de residuos que dificultan el transito en puntos como con Avenida de Ourense, donde el Concello también prevé trasladar hacia primera línea de playa las dos plazas de aparcamiento para personas con movilidad reducida que están en terreno adoquinado, abrir un paso para vehículos de emergencias junto a la Casa da Cultura y, con permiso de la Xunta, mejorar la zona de tránsito para sillas de ruedas. Otro de los asuntos que el Concello de Cangas tiene que resolver es la denuncia de frecuentes altercados entre personas ebrias o bajo los efectos de otras drogas. “Gente no grata bebiendo, gritando, orinando y defecando, dando muy mala imagen al barrio”, señalan desde e colectivo vecinal. La Policía Local patrulla habitualmente la zona con la intención “de disuadir, pero no es suficiente”.

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