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Irene López gutiérrez | Investigadora de Bueu en el Grupo de Neuropsicofarmacología de la UCM

“Hay que luchar contra el tabú de las enfermedades mentales y el miedo al rechazo social ”

La investigadora bueuesa Irene López, ayer, en el laboratorio de la Universidad Complutense. | //

Ficha Personal:

Irene López Gutiérrez (Bueu, 1993) es graduada en Bioquímica e investigadora del Grupo de Neuropsicofarmacología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid, liderado por el doctor Juan Carlos Leza. Estuvo tres meses en Alemania en el grupo del doctor Michael Haneka y ahora está en el tercer año de su tesis doctoral, en la que estudia los efectos antiinflamatorios y neuroprotectores de la noradrenalina en la enfermedad de Alzheimer.

El Concello de Bueu abre este sábado un ciclo de conferencias alrededor de la salud. La primera invitada es una investigadora natural de la localidad, Irene López Gutiérrez, que forma parte del Grupo de Neuropsicofarmacología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Su charla versará sobre las enfermedades mentales y el estigma social que las rodea. Será a las 12.00 horas en la sala multiusos del Centro Social do Mar y se podrá seguir a través del canal de Youtube del Concello.

–En primer lugar quisiera preguntarle por la iniciativa del Concello de Bueu de organizar este ciclo de charlas sobre la salud, abrirlo con la salud mental y contar con investigadores/as locales. ¿Cómo valora esta iniciativa?

–Me parece una iniciativa fantástica que permite acercar la ciencia a la sociedad desde una fuente más fiable y más en un tema tan importante como es el de la salud. Además, hoy en día donde la información que nos llega desde las redes sociales es inmensa, necesitamos saber qué es fiable y qué es un bulo para no alimentar las pseudociencias.

–Su charla se titula “El estigma de las enfermedades mentales”. Creo que resume muy bien la situación de los afectados, que es casi como si estuviesen doblemente enfermos. Por un lado, por sufrir la enfermedad en sí misma y, por el otro, por ese estigma social.

–Exactamente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) tan solo el 50-65 % de los pacientes están diagnosticados. Esto se debe en parte, a que la mayoría de personas que sufren una enfermedad mental lo hacen en silencio y no buscan ayuda por evitar ese rechazo social. Rechazo que nace en la mayoría de las ocasiones de la falta de conocimiento. Por ello es imprescindible informar y concienciar a la sociedad sobre el tema y es lo que buscamos hacer con esta charla.

–De la manera más sencilla posible, ¿qué es lo que le ocurre a nuestro cerebro para que pueda aparecer alguna enfermedad mental?

–El cerebro de estos pacientes sufre alteraciones tanto a nivel molecular, celular como tisular. De igual modo que si tu páncreas no sintetiza insulina sufres una diabetes, estas alteraciones que tienen lugar en el cerebro alteran su funcionamiento. Por ejemplo, así dan lugar a alucinaciones visuales en un paciente con esquizofrenia o una falta absoluta para sentir placer en un paciente con depresión.

–En la actualidad usted forma parte del Grupo de Neuropsicofarmacología Molecular de la Complutense, en cuyo laboratorio trabajan para encontrar nuevas dianas terapéuticas con las que prevenir, diagnosticar y tratar. ¿Cómo es ese trabajo y qué esperanzas tenemos de cara al futuro para evitar que, por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer pueda borrar nuestros recuerdos?

–En el laboratorio analizamos estas enfermedades utilizando modelos celulares y animales, pero también colaboramos con hospitales para obtener muestras de sangre de pacientes y con bancos de cerebros de los que obtenemos tejido cerebral post-mortem. Sim embargo, en la enfermedad de Alzheimer cuando se diagnostican los daños en el cerebro ya son muy grandes, lo que hace muy difícil encontrar fármacos que sean realmente eficaces. Por ello, el poder llegar a diagnosticar la enfermedad incluso 20 años antes de que los síntomas aparezcan y actuar en las primeras etapas es lo que podrá en un futuro ayudarnos a mantener nuestros recuerdos.

–Le citaba el Alzheimer porque creo que su tesis se centra en los efectos antiinflamatorios y neuroprotectores de la noradrenalina en esta enfermedad. ¿Qué es exactamente la noradrenalina y cómo puede ayudar?

–La noradrenalina es un “neurotransmisor” igual que la dopamina o la serotonina. Son moléculas que utilizan las neuronas, que son las células que forman nuestro cerebr, para comunicarse. Pero también tienen otras funciones. Por ejemplo, la noradrenalina protege a las neuronas cuando hay algún daño y disminuye la inflamación. En la enfermedad de Alzheimer sus niveles disminuyen porque mueren las neuronas que la producen. Y esto ocurre en fases muy tempranas de la enfermedad. Por ello, en mi tesis doctoral investigo como los fármacos que aumentan la noradrenalina pueden disminuir la progresión del Alzheimer.

Otra imagen de Irene López en el laboratorio donde investiga en la Universidad Complutense

–¿Cómo se puede prevenir la aparición de una enfermedad mental o, al menos, detectar los primeros signos?

–Para prevenir, podemos actuar sobre los factores de riesgo que ya conocemos que influyen en su aparición de estas enfermedades como el estrés, el abuso de ciertas drogas o las infecciones de la madre durante el embarazo. Por otro lado, de igual manera que podemos detectar precozmente un cáncer de mama si acudimos rutinariamente al ginecólogo, podemos detectar los primeros signos de una enfermedad mental si acudimos al psiquiatra. El problema es que acudir al psiquiatra está mal visto en la sociedad y es un tema tabú. Es algo contra lo que tenemos que luchar: son enfermedades de nuestro organismo como cualquier otra.

–En las enfermedades mentales entiendo que la herencia genética tiene un peso importante, pero creo que también nuestra forma de vida, el trabajo y el estrés también pueden influir. Y ahora mismo pienso en el COVID-19, una pandemia que muchos expertos auguran a la que seguirá otra pandemia casi invisible en forma de enfermedades mentales. ¿Cree que puede ser así?

–Totalmente. El estrés provoca daños directos en nuestro cerebro y es uno de los principales factores de riesgo de estas enfermedades. De hecho, en nuestro laboratorio utilizamos un protocolo de estrés para generar en las ratas un comportamiento de tipo depresivo. Además, el aislamiento social, algo que hemos vivido y estamos viviendo por la pandemia del COVID-19, también juega un papel importante en el desarrollo de estas patologías. Es más, en caso de la esquizofrenia se asocia con problemas en desarrollo cerebral. Por ello en nuestro laboratorio hemos empezado una colaboración con varios hospitales para estudiar el riesgo que tienen los niños de madres que han estado infectadas por SARS-CoV-2 durante el embarazo de desarrollar en la adolescencia una patología mental como la esquizofrenia.

“En el IES Johan Carballeira descubrí mi pasión por la ciencia, así que le debo mucho a sus profesores”

–Después de realizar un Máster en Neurociencia siguió su labor investigadora en Alemania, en el grupo del doctor Michael Haneka. ¿Cómo de grande es la distancia que nos separa de países como Alemania el apoyo a la investigación en España?

–Creo que en España tenemos científicos brillantes, pero no tenemos los medios suficientes: ni financiación, ni contratos estables que permitan a los científicos quedarse. En Alemania tuve la suerte de trabajar en un centro de investigación en enfermedades neurodegenerativas que justo acababan de abrir. La tecnología a la que allí podía acceder y los experimentos que allí podía hacer son cosas que aquí no puedo ni plantearme porque la financiación que tenemos es muchísimo menor.

–Para acabar no puedo dejar de preguntarle por su experiencia con los más jóvenes en Bueu. Recientemente estuvo en el colegio de Cela y tiene programadas dos charlas más en los IES Illa de Ons y Johan Carballeira. Supongo que estudiaría en alguno de ellos. ¿Cómo valora ese contacto con el alumnado y qué les puede aportar?

–Yo estudié en el IES Johan Carballeira y fue allí donde descubrí mi pasión por la ciencia. Así que le debo mucho a los profesores que me formaron durante esos años. Cuando yo estaba en esas aulas tenía muchísimas inquietudes y dudas para las que a veces no era fácil encontrar respuestas. Así que creo que les puedo aportar muchas respuestas o al menos esa es mi intención. Pero ese contacto también me aporta muchísimo a mí como científica porque si de algo están llenos los jóvenes es de preguntas y ese es el motor de la ciencia.

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