Cansados de tanta burocracia y de verse siempre en el punto de mira. Así se muestran los cetreros gallegos, que a través de la asociación que los engloba a nivel autonómico –y que cuenta con medio centenar de socios, 15 de ellos de O Morrazo– ha reclamado a la Dirección Xeral de Patrimonio Natural de la Xunta de Galicia la retirada de la obligatoriedad de inscribirse en un nuevo registro de tenencia de aves de cetrería.

La petición de la Asociación Galega de Cetreiros e Criadores de Aves Rapaces que preside el moañés Carlos Alberto Gallego se fundamenta en que este sería el cuarto registro en el que deberían estar incluidos, ya que se sumaría al del Estado, al Libro de Núcleos Zoológicos y al Registro de Animales de Compañía de la propia Xunta de Galicia (Regiac). “Es abusivo, porque estamos sujetos a mayores permisos que cualquier otro propietario de animales”, lamenta. Y aboga por la unificación de registros para evitar un exceso de burocracia que no va en la línea de la consideración de la cetrería como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. “Nosotros queremos que se regule de forma específica la cetrería, como ocurre en otras comunidades autónomas”, señala Carlos Alberto Gallego.

La asociación considera ilógico que se regule la posesión de este tipo de animales, toda vez que estos no se capturan en la naturaleza, sino que son adquiridas en criaderos legales, por lo que son una propiedad privada como cualquier otro bien que no requiere un permiso de tenencia. Recuerdan, en este sentido, que no sucede lo mismo con los propietarios de aves exóticas, tortugas, serpientes o loros.

Asimismo, lamentan que su inclusión en el Registro de Animales de Compañía únicamente les reporte deberes y ningún beneficio. “Tienen las mismas exigencias que un animal de compañía pero no disfrutan de los mismos derechos”, señalan. Así, deben contar con una autorización que emiten los veterinarios, pero en cambio no pueden salir como cualquier mascota. “A las aves rapaces se les priva de derechos tan importantes como la necesidad de mantener un ejercicio físico constante y adecuado para el animal”, dice. Esto sucede por su vinculación a la actividad cinegética, lo que las obliga a estar confinadas fuera de los límites de la temporada de caza. “A nuestro entender se las sitúa en el mismo nivel que un arma”, sentencia el colectivo.