El pasado confinamiento por el COVID-19 en primavera dejó las calles de los pueblos y las carreteras semivacías y ese silencio de la población hizo que especies como el lobo se hubieran desplazado de las zonas del interior y hubiera vuelto a la comarca de O Morrazo, en donde no se dejaba ver desde los años 70. El lobo atacó en dos ocasiones este año el rebaño de cabras que la Comunidad de Montes de Meira cría en las laderas de esta parroquia de Moaña. Fue el 30 de marzo y el 14 de abril, el primero en una zona cercada en la parte alta del monte, cerca de la pista de A Moscosa que conduce a Chan de Arquiña, y el segundo de los ataques fue en una pista forestal en Camporredondo. En esta ocasión fue visto por uno de los peones forestales cuando realizaba su turno de pastoreo con el rebaño de 150 cabras, con la ayuda de los tres perros que tienen para conducir y proteger a los animales bovinos: los mastines “Lúa” y “Noé” y el border collie “Pastor”.

Javier Ríos vio al lobo frente a él en este segundo de los ataques. En el primero el lobo actuó de noche. No vieron al depredador que dejó un reguero de víctimas. El lobo había matado 10 cabras, de las que los integrantes de la Comunidad de Montes de Meira encontraron siete. Estaban junto al cierre de 12 hectáreas y el cánido se coló por debajo de la valla sin que los perros se percataran. El día 14 a la una de la tarde, a plena luz del día, Javier pastoreaba el rebaño y a solo cinco metros se encontró al lobo que estaba atacando a una cabra por el cuello, aunque el collar le salvó la vida de las garras del animal que no pudo rematar a su presa. “Fue todo tan rápido...”, recuerda Javier Ríos, que asegura que fue una locura pensando que le pudo haber atacado a él: “Me impresionó mucho”. Supo que era un lobo por la altura del animal, “era un bicho grande, con patas largas y bien de pelo”.

En ese momento dice que el border collie estaba con él juntando al rebaño. Después comprobó que el lobo, silencioso, había atacado primero por la cola del rebaño y había matado a uno de los ejemplares que quedó en el camino. Nadie se percató, lo que aumenta todavía más ese miedo de leyenda al lobo y sus aullidos.

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El peón forestal Javier Ríos, que vio al lobo en el segundo ataque al rebaño en una pista en el lugar de Camporredondo GONZALO NÚÑEZ

En aquel ataque del 14 de abril, el mastín que acompañaba al rebaño no se percató de la presencia del depredador. Sí lo hizo el border collie que se fue directo hacia el agresor, pero cuando le enseñó los dientes escapó. Solo cuando se acercó Javier Ríos con el mastín “Noé”, de casi dos años, el lobo huyó. Desde entonces el cánido no ha vuelto a atacar.

El capataz de la Comunidad de Montes Sergio Chapela no tiene dudas de que haya sido el lobo. Asegura que cuando pusieron los daños en conocimiento de la Consellería de Medio Ambiente, en un principio se mostraban incrédulos de que pudiera tratarse del lobo, pero el mismo agente medioambiental que se desplazó hasta el monte para ver las cabras muertas, certificó en su informe que sí lo había sido. Puede que haya sido un lobo desplazado de la zona de Fracha, en Pontevedra, en donde hubo ataques confirmados, aprovechando los meses del confinamiento de la población por el COVID-19 y la reducción de la circulación de vehículos por las carreteras, asegura el capataz, que reconoce que fueron casos aislados.

El presidente de la Comunidad de Montes de Meira, Javier Fernández, asegura que ellos no están en contra del lobo, “son daños colaterales y hay que intentar convivir unas especies con otras”. En el caso de Meira cree que puede decirse que fue un hecho puntual, casi anecdótico. El capataz Sergio Chapela reconoce también que esta situación hay que solucionarla desde el equilibrio. El problema, aseguran ambos, es la falta de agilidad por parte de la administración autonómica en el pago de los daños. Por eso que en lugares en donde el lobo ataca con mucha frecuencia, se pierden zonas ganaderas porque se abandonan, surgen los incendios forestales o se echan herbicidas en carne por los montes. La clave, según el presidente de los comuneros, es que la Consellería de Medio Ambiente agilice las indemnizaciones.

  • 98 avisos por daños este año en la provincia

    En lo que va de año, la Consellería de Medio Ambiente ha registrado en la provincia de Pontevedra hasta 98 avisos por daños del lobo en ganado. El lobo, según los datos que maneja la consellería, atacó en este año a 27 caballos; 80 ovejas; 24 cabras y 37 vacas. Los grandes daños están centralizados en las comarcas del interior, aunque también en el litoral de la provincia Galicia cuenta desde 2008 con un Plan de Gestión el Lobo, aprobado en la época de Emilio Pérez Touriño, que situaba la presencia del lobo en esta comunidad en 60 manadas, con una estimación de 8 más, lo que supone entre 420 y 625 lobos y una densidad de 1,68 a 2,49 individuos por cada 100 kilómetros cuadrados. La mayor presencia estaría en el norte de Pontevedra y sur de Ourense. En este Plan el promedio anual de reses afectadas por el lobo era de 159 vacas al año; 1.112 ovejas, 113 cabras y 26 caballos.

Tres millones a paliar daños

En los presupuestos de 2020, la Xunta destinó casi 3 millones de euros a ayudas para prevenir o paliar los daños del lobo o del jabalí, más del doble que el año anterior, de los que 400.000 euros eran para los del lobo. Estas ayudas pueden incrementarse en un 30% cuando se constaten en concellos incluidos en la Zona 1 del Plan de gestión del lobo, aunque no es el caso de Moaña ya que toda la península de O Morrazo es Zona 3, de baja densidad de lobo, entre 0 y 1,27 por cada 100 kilómetros cuadrados. Desde los ataques perpetrados en Meira en marzo y abril, los comuneros no han tenido respuesta alguna por parte de la Consellería de Medio Ambiente sobre las ayudas, pese a ese incremento del importe en los presupuestos.

Muy a su pesar porque era un proyecto que emprendieron con mucha ilusión en 2016 como aprovechamiento del monte, los comuneros han decidido vender la gran parte del rebaño y quedarse con solo una veintena de cabras, debido al elevado coste del mantenimiento. El capataz de la comunidad asegura que para que la cabaña sea sostenible, el rebaño no debería de salir del monte, pero las cabras llevan muy mal el problema de la humedad, por lo que cuando llueve deben de estar en la nave de la Comunidad, en Outeiro do Aviador, y hay que alimentarlas con hierba seca, que genera un gasto a mayores. De todas formas, Sergio Chapela asegura que en el balance de ingresos y gastos no se valora el trabajo de las cabras en cuanto al desbroce que hacen del monte “y esa labor está ahí”.

  • La última batida en Cruz da Maceira en 1970

    Una de las últimas batidas de lobos en O Morrazo fue en el año 1970 en Cruz da Maceira. La agrupación cultural Nós de Moaña publicó la imagen de aquella batida con lobos y zorros y algunos de los integrantes de la cacería: Guillermo, Cándido Juncal, Julio Veiga, Chantada, Abel, Pepe Villaverde, Ogando y José Veiga. El historiador Xerardo Dasairas recopiló en un artículo sobre las corridas o batidas del lobo en O Morrazo, cómo en 1847 el alcalde de Marín había solicitado una “pois estes comen aos animais e atacan á xente”. Se convocó a todos los vecinos de Salceda, Vilaboa, Meira, Bueu y Cangas portando armas, fouces y palos, con los alcaldes al frente y barriendo los montes. Cuenta también que la gran proliferación de lobos en 1955 dio lugar a que en el mes de septiembre se celebrase otra corrida al lobo que fue dirigida por el Montero Mayor de Galicia y gran aficionado a la caza, Xosé María Castroviejo, vecino de Moaña. En esta fecha también se celebraría la última de las corridas de lobos en el norte de Portugal. En 1970 volvió la proliferación de camadas de lobos y las batidas de manos de las sociedades de caza.

Conservación y gestión de la especie

El lobo no solo ha vuelto a la actualidad en O Morrazo por estos ataques, sino que lo ha hecho a nivel estatal en estas últimas semanas con el borrador para la Conservación y gestión del Lobo que el Ministerio para la Transición Ecológica presentó a las comunidades autónomas para incluir a todas las poblaciones de lobo españolas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Leste) y que ha desatado la polémica entre comunidades autónomas detractoras –la Xunta se opone– y comunidades y entidades ecologistas partidarias. El borrador, que actualizaría la “Estrategia para la Conservación y la Gestión del Lobo en España”, aprobada en 2005, fue presentado en una reunion telemática con los responsables autonómicos el pasado día 18 de noviembre con la finalidad de acabar con las diferencias entre las comunidades que están al norte del Duero y las que están al sur. Las del norte del Duero, como Galicia, siguen autorizando medidas de gestión del lobo, y está permitida la caza; mientras que al sur del Duero, el cánido está protegido.

El borrador propone incluir todas las poblaciones en este listado para lograr “la conservación, gestión y restauración de poblaciones viables de lobos como parte integral de los ecosistemas asegurando la coexistencia con el hombre”. Se propone alcanzar las 350 manadas de lobo en España para 2030 reducir la persecución ilegal y aumentar entre un 10 y un 20% el área de distribución en la próxima década. Según el último censo nacional realizado en 2013-2014, existen unas 300 manadas de lobo en España (en Galicia habría en la actualidad unas 90 con más de 600 ejemplares), aunque este censo se va actualizar, y lo que se ha constatado es una expansión de la especie hacia el sur peninsular (Sistema Central, provincias de Ávila, Segovia, Guadalajara y Comunidad de Madrid) y su dispersión geográfica en el noroeste, así como en zonas de llanura de la submeseta. También se ha constatado presencia esporádica de 1 o 2 ejemplares en el Pirineo catalán y en Aragón y extinguida la especie en Sierra Morena. El borrador contempla bosques-isla en zonas agrícolas que sirvan de áreas de refugio y reproducción de la especie y su gestión, cuando hay un incremento notable de ejemplares, pero con equilibrio ecológico.