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Un hostelero “valiente”

Javier García, de Beluso, abrió ayer en Moaña su segundo bar, en el día de nuevas restricciones por el Covid-19

Javier García, en la apertura ayer por la tarde del Var con Uve, en Moaña.   | // G.N.

Javier García, en la apertura ayer por la tarde del Var con Uve, en Moaña. | // G.N.

Javier García tiene 51 años y desde 1993 trabaja en el sector de la hostelería en su municipio natal de Bueu, salvo una temporada que se empleó en la construcción trabajando por toda España incluso en Londres y en el sector del metal en Rotterdam. Desde hace tres años regenta la cafetería Onza Beluso, en la parroquia bueuense y justo ayer abrió su segundo local de hostelería en San Martiño, en Moaña, en plena segunda oleada de la pandemia del coronavirus y el mismo día en que entraron en vigor las nuevas restricciones específicas de la Xunta para toda Galicia para controlar la transmisión del Covid-19, con la entrada en el nivel 2, y la limitación de las reuniones a grupos de un máximo de cinco personas.

No rechaza cuando se le identifica como un valiente por abrir su nuevo local en este momento, pero también reconoce que la situación le beneficia a la hora de la negociación del alquiler y asegura que “tengo confianza de que se va a trabajar bien”.

Ayer a las siete de la tarde abría las puertas de su nuevo café-bar en Abelendo, en Moaña, con el que además reabrió las puertas de un emblemático local de reunión vecinal en Moaña y lugar de conciertos, que siempre regentó el exalcalde de Moaña, Cándido Pena, ya jubilado. Ambos llegaron pronto a un acuerdo, Cándido Pena quería que él lo cogiera y Javier García lo quería, “porque estamos en la misma línea musical”. De todas formas, asegura que solo abre el Var con Uve como café-bar, sin programación musical porque no se lo permite el Covid, dice. El hostelero ya sufrió el tener que abandonar un pub que tenía abierto en Bueu en donde se impartían clases de baile, porque el virus cerró las pistas de baile y las discotecas, pero eso no le hizo echarse atrás.

Sabe que la ley es dura, que la barra no se puede utilizar y que en el interior del local el aforo está reducido al 50% de la capacidad del local, en donde solo puede servir en las mesas; y que la terraza queda al 75% de su capacidad. Aún así dice que los bares en los pueblos pueden funcionar mucho mejor que en las ciudades, en donde el teletrabajo está vaciando las calles y, por consiguiente, las cafeterías. “Ya no se desayuna tanto en los establecimientos como antes y desde los pueblos, ya sea por miedo, no se va tanto a las ciudadades como antes”.

La jornada laboral de Javier García es larga, porque ahora tendrá que compaginar la apertura y el cierre de dos locales. Asegura que a las 7 de la mañana abre su bar de Beluso y a las 10:00 se va a Abelendo para abrir el Var con Uve. Por lo menos hasta ayer, ambos pueden estar abiertos hasta la una de la madrugada, que era el tope en el horario de apertura para la hostelería, a la espera de nuevos cambios. Ayer se reunió el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, para coordinar las comunidades autónomas y gobierno, actuaciones de respuesta, entre las que se barajaba el toque de queda o el cierre de la hostelería a las 22:00 horas. Este hostelero cree incluso que un toque de queda no sería negativo para controlar la expansión del virus porque lo que ocurre ahora es que la gente, después de cerrar la hostelería, se reúne en la calle. “En los bares sí está todo controlado por nosotros”.

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